Un futuro cazador de personas y la reelección de Trump

Se ha tratado de explicar el porqué Estados Unidos es el país con mayor incidencia de asesinatos múltiples por armas de fuego o “tiroteos masivos” [el Servicio de investigación e información del Congreso de Estados Unidos y el FBI definen como “tiroteo masivo de público”​ a “la acción con armas de fuego en la cual resultan muertas cuatro o más personas elegidas al azar” (documento)]. Entre las variables que se han señalado está el limitado acceso a los servicios de salud mental de un país, la pobreza y la desigualdad, entre otros factores. Sin embargo, mucha evidencia científica señala que es el acceso a las armas el factor determinante que dispara este tipo de hechos violentos.

Estados Unidos tiene muchísimas más armas por persona que ninguna otra nación desarrollada; armas que están a disposición del público en general, a tal grado que cualquier joven, antes de tener derecho a ingerir alcohol o a tener una licencia de conducir, ya tiene permitido ir a cualquier supermercado a comprar armas casi de cualquier calibre.

Para ilustrar lo anterior van tres datos que nos proporciona un reportaje de CNN (leer):

  • EE.UU. tiene menos del 5% de la población global, pero el 31% de los atacantes en tiroteos masivos

  • Los estadounidenses tienen más armas per cápita que los residentes de cualquier otro país

  • Los estadounidenses tienen el 48% de los 650 millones de armas en poder de los civiles en el mundo

El video que ilustra este texto tiene algunos años circulando en las redes sociales, y hoy por obvias razones ha vuelto a hacerse viral. Lo que nos muestra la grabación es ni más ni menos que la cultura bélica de nuestro vecino país, los Estados Unidos, en donde se celebra que un niño de cuatro años de edad sepa quitar y poner el cargador de un fusil, así como montar la bala, toda la operación de una peligrosa arma. Esto me parece horroroso, tanto respecto al trabajo que han hecho los padres sobre este niño para normalizar el uso de las armas, como la actitud de la mujer que orgullosamente le hace este video a una criatura de tan poca edad, haciendo celebración, en una convención de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), de las habilidades de este destacado futuro cazador de animales, o lamentablemente, también posible cazador de personas.

Miente el presidente Donald Trump cuando afirma que la causa de los asesinatos múltiples —como los ocurridos el fin de semana pasado en El Paso, Texas y Dayton, Ohio— son enfermedades las mentales y los videojuegos, eso queda descartado, más allá de que obviamente se necesita estar muy enfermo, mental y espiritualmente, para atreverte a cometer este tipo de masacres.

Mientras no cambie la legislación de Estados Unidos, el país que por más de una centuria ha enviado a su juventud a combatir en guerras genocidas, el fenómeno de las matanzas contra civiles en suelo estadounidense seguirá creciendo, azuzado hoy en día por el racismo y la xenofobia de su actual presidente.

Los latinos y afroamericanos que votaron por Trump ojalá y hoy lo reconsideren, pues los únicos beneficiados por su administración son los mega millonarios, a quienes, como uno de sus primeros actos de gobierno, les bajó drásticamente los impuestos que deben pagar al gobierno federal. Los multimillonarios seguirán apoyando a Trump por ese regalo, y es el pueblo norteamericano de clase media y de clase baja el que debe de reaccionar y no reelegir a este patético mandatario, que encima de todo llegó a ese cargo mediante la decisión de un Colegio Electoral y no por la mayoría de votos de su pueblo.

Ciertamente no hay mucha diferencia entre el partido republicano y el demócrata, tal vez a excepción del excandidato presidencial Bernie Sanders, pero repetir a Donald Trump —más aún con la guerra comercial que ha desatado contra China—, es repetir una debacle, no sólo para el resto del mundo, sino para el país que dice representar y en el que aún hoy, después de las matanzas del fin de semana, mucha gente sigue aplaudiendo lo adorable que es el hecho de que un pequeño de sólo cuatro años sepa usar un instrumento de muerte.

 

Cristina Sada Salinas