Un arzobispo en su laberinto

Muchas de las personas que me distinguen con el honor de seguir mis publicaciones saben que me he ocupado largamente del tema del combate a la pederastia clerical, no sólo mediante la denuncia en redes sociales, sino mediante el acompañamiento de las víctimas y de los buenos sacerdotes que han velado, a riesgo incluso de sus vidas, por los derechos de las y los niños afectados, así como mediante la elaboración de un documental (video).

 

El día de hoy, por cierto, se cumple un año de que acudí personalmente a la alejada comunidad de Villalta, ubicada en lo profundo de la sierra norte de Oaxaca, para estar presente en la “audiencia de resultados”, previa a la sentencia en contra del cura Gerardo Silvestre Hernández. Viajamos más de seis horas desde la capital oaxaqueña, montados en una camioneta rentada, al lado de valientes sacerdotes, activistas y el papá de una de las víctimas, para apersonarnos ante el juez y hacerle ver que no sólo en Oaxaca sino en todo México y el extranjero, muchas personas y organizaciones estaban al pendiente de lo que él decidiera (ver). Como se sabe, este juez tomó la histórica decisión de dictar contra Silvestre la primer sentencia en México, en contra de un cura por delitos sexuales contra menores: hoy este mal ministro se encuentra purgando una condena de 16 años y seis meses (nota).

 

Menciono todo esto porque durante el proceso de buscar justicia para los más de cien niños que se estima fueron dañados de por vida por Silvestre, uno de los principales obstáculos que encontraron los sacerdotes y padres de familia que se atrevieron a denunciarlo, fue le protección que a este delincuente brindó el arzobispo de Oaxaca, José Luis Chávez Botello, quien con el aval de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano (esto puede verse en el mencionado documental), sostuvo siempre la inocencia de ese depredador sexual al que la justicia civil afortunadamente ya sentenció, aunque sólo por uno de sus crímenes, lo cual dejó muchas cosas por aclarar y daños que reconocer por parte de la iglesia y del propio Chávez Botello.

 

Uno de los muchos casos que quedaron sin justicia fue el del hijo de Pedro Mendoza Flores, quien en días pasados se presentó en una de las ruedas de prensa que acostumbra a realizar Chávez Botello, para increparlo y reclamarle por la protección brindada a Silvestre Hernández. “Me presento ante usted a pedir la verdad, quiero la verdad de lo que ocurrió, que hable con la verdad”, le demandó, de frente y viéndolo a los ojos (ver).

 

José Luis Chávez Botello lejos de responder con igual franqueza, se escabulló, dio evasivas y se fue sin dar respuesta a este sufriente padre de familia. No contento con eso, el prelado anunció que en adelante las ruedas de prensa que se celebran los domingos después de misa de las 12:00 horas en catedral estarán “blindadas”. Aduciendo razones de “seguridad” sólo se dará acceso a periodistas acreditados (nota).

 

La imagen de un hombre que dice representar en este mundo al Jesús de los Evangelios, al mismo tiempo que se repliega, se encierra y se aleja del mundo y los creyentes tras los gruesos muros del templo para no responder a una legítima exigencia de verdad y transparencia, me trae a la mente el título de una de las obras de Gabriel García Márquez, “El general en su laberinto”, en la que retrata los últimos días de un héroe, Simón Bolivar, enfermo y mentalmente debilitado, encerrado en sí mismo, como una pálida sombra de lo que fue. Así, Chávez Botello, tras una exitosa carrera eclesiástica que lo llevó al máximo nivel de un arzobispado, hoy se impone a sí mismo el encierro y da la espalda a la verdadera iglesia, que es la comunidad de los creyentes, acorralado por sus propios monstruos, dispuesto a terminar sus días de jerarca en la sombra y la ignominia.

 

¿Puede un hombre de fe estar más alejado de las enseñanzas del Jesús que salió al mundo y despreció los muros y las sinagogas para ir a entregar su propia vida en testimonio? ¿Es ésta la iglesia que el papa Francisco pregonó cuando hace pocos años pidió por “una iglesia en salida” y señaló, acerca de la expresión del capítulo ocho de los Hechos de los Apóstoles, en el que el Ángel le dice a Felipe “Levántate y ve” (Hechos 8:26-40 liga): “Esto es un signo de evangelización. Pero para evangelizar, ‘levántate y ve’. No dice: quédate sentado, tranquilo, en tu casa: ¡No! La Iglesia siempre para ser fiel al Señor debe estar de pie y en camino: ‘Levántate y ve’. Una Iglesia que no se levanta, que no está en camino, se enferma” (leer).

 

Muchas personas tenemos variadas razones para una justa indignación en contra de José Luis Chávez Botello por su notorio papel de protector de sacerdotes pederastas (no sólo en el caso de Silvestre), pero hoy, al ver su reacción de apostar por el ostracismo y la negación, por protegerse hundiéndose en las sobras y negando la luz de la verdad, sentimos por él verdadera compasión, auténtica pena, pues no es cualquier cosa que quien lleva el título de pastor de almas represente de esa manera la negación misma de su esencia.

 

Nuestra indignación y consternación también nos hace preguntarnos, inevitablemente, sobre la sinceridad de las palabras del propio papa Francisco, pues mientras está pidiendo esa “iglesia en salida”, mantiene a José Luis Chávez Botello en su cargo de arzobispo, a pesar de que desde 2016 éste presentó su renuncia en obediencia al mandato canónico de que todos los prelados lo deben hacer al cumplir los 75 años de edad (nota), quedando a discreción del sumo pontífice el aceptar o no dicha renuncia. Nos extraña que mientras a Norberto Rivera, polémico ex arzobispo primado de México, Francisco le aceptó esa renuncia a los seis meses de presentada (texto), siga sosteniendo contra viento y marea al no menos polémico Chávez Botello, a pesar de las recurrentes exigencias de la feligresía para que sea retirado.

 

Nos preguntamos por cuánto tiempo José Luis Chávez Botello podrá seguir perdido en su laberinto de ocultamiento, dando la espalda a las víctimas que lo tratan de mirar limpiamente a los ojos, al tiempo que da también la espalda a las directrices de un papa como Francisco, que en medio de dura oposición política en el Vaticano intenta impulsar cambios y renovar a una iglesia entrampada en sus propios vicios. ¿Qué tiene que pasar para que el sumo pontífice salga de su propio laberinto y acepte de una vez por todas la renuncia de Chávez Botello, dando a los creyentes de Oaxaca y todo México una clara señal de que soplan auténticos vientos de cambio en la iglesia?

 

 

 

Cristina Sada Salinas

Foto tomada de: proceso