“Señor, me has mirado a los ojos”. Compositor de las más bellas canciones católicas era un pederasta

Por Cristina Sada Salinas

Tenemos una nueva noticia generada en España por el periódico El País (liga), noticia de incomodidad y dolor para cualquier persona católica, así como de indignación para muchos laicos y seres humanos que vemos pasar ante nuestros ojos a los depredadores sexuales de niños y niñas inocentes, protegidos por todo tipo de autoridades de las múltiples pirámides del poder incluyendo la clerical y la política, y hasta promovidos a los más altos cargos de las instituciones siempre y cuando sirvan a “la causa”, atraigan nuevos adeptos, recauden más dinero, propicien el prestigio de esas instituciones muchas veces convertidas en bancos recaudadores de enormes cantidades de dólares o euros que, al revés de las escaleras que dice limpiar  de corrupción el actual presidente de México de “arriba para abajo”, esas montañas de dinero que se recauda por las limosnas entregadas por los más humildes creyentes,  o los impuestos cobrados a toda la población, incluyendo a los más necesitados, llegan a las manos de los mandamases de nuestras múltiples instituciones verticales.

En esta ocasión se trata de nuevo de la Iglesia Católica como institución, y la noticia no sólo se refiere a un sacerdote español que daba misa en una parroquia, no.  Es mucho más grave por las implicaciones que tiene el caso.

Se trata de un depredador sexual de niños cuyos delitos fueron del conocimiento de sus superiores, y que ante la amenaza de los padres de familia que por suerte —algo poco frecuente ya que los niños generalmente se quedan callados—  se enteraron de los abusos hacia sus hijos y amenazaron a las autoridades del colegio marista con denunciar el caso en las páginas de la famosa revista española Interviú. Fue ésta la única manera —la amenaza de hacer público el delito ante la prensa— que el superior del colegio marista decidió expulsar al abusador de su congregación.

Se trata del sacerdote Cesáreo Gabaráin, quien a pesar de lo anterior salió libre y continuó sin problema con su labor “pastoral” con los salesianos y muy poco después fue nombrado por el ahora santo Juan Pablo II, “prelado de Su Santidad”, un título honorífico que el Pontífice concede a personas de especial relevancia.

El mérito de Gabaráin no era menor, pues fue uno de los compositores de música religiosa católica más importantes de la historia. A él debemos bellas canciones que todos quienes hemos asistido a misa conocemos, siendo una de las más populares la titulada “Pescador de hombres”, que contiene los famosos versos “Señor, me has mirado a los ojos / Sonriendo, has dicho mi nombre”. Sus bellas composiciones, lo confieso, me conmovían profundamente, por lo que llevaba yo misma a mis hijas a la parroquia de Santa Engracia, en San Pedro Garza García, para que ellas también pudieran escuchar esas letras y esa música tan profundas y bien logradas.

Ahora que sabemos que este sacerdote con tal talento artístico y con ese gran carisma abusó a lo largo de su vida de múltiples niños, me pregunto qué medidas tomará el Vaticano.

De ahora en adelante los católicos que asisten a misa escuchen la bella melodía de “Pescador de hombres”, ¿se podrán concentrar en el mensaje de amor de Jesús o recordarán que esa bella melodía y letras vienen de un sacerdote que se metía a las regaderas de los alumnos para verlos mientras se bañaban para escoger a sus presas y regocijarse?

¿Ameritará que el papa Franscisco tome una postura ante estas revelaciones de pederastia del sacerdote con 500 composiciones, que por su impacto entre los fieles y creyentes atrajo a más creyentes a las filas de la institución?

¿Cuántas más víctimas van a salir a denunciar?

¿Vetará la Iglesia estas canciones de cantarse en las misas, como lo han hecho múltiples estaciones de radio al dejar de transmitir las composiciones de Michael Jackson ante los escándalos de pederastia en los que este artista estuvo envuelto?

¿Cuándo la Iglesia Católica rendirá verdaderas cuentas y hará todo lo posible por evitar los abusos contra la infancia?

Las víctimas y las personas que nos comprometemos en acompañarlas queremos rendición de cuentas, demandamos que los archivos de denuncias que guardan con recelo las arquidiócesis sean accesibles a las autoridades judiciales y que estas autoridades dejen de ser cómplices de la institución religiosa para encubrir estos graves crímenes; que se acabe la transferencia de clérigos acusados de pederastia de una parroquia a otras, de una denominación religiosa a otra y que este Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, ponga una verdadero alto a la protección de sacerdotes criminales del peor tipo.

Me enteré el día de hoy que a San Juan Pablo II le dicen “El Santo Patrono de los Pederastas”. Con esta noticia y muchas otras, la más famosa su protección y encumbramiento a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, me sigue quedando claro que este “santo” encumbrado a los altares por el propio Francisco, fue indirectamente un depredador sexual, porque encubrir a los criminales te convierte en depredador de todos y cada una de las víctimas anteriores y posteriores a tu protección.

Amigos y amigas católicas.

Las y los invito a que abran los ojos y conozcan la dimensión del daño que implica creer que los sacerdotes son “representantes de Cristo” y no seres humanos con pocos o muchos defectos y con pocas o muchas cualidades. Son tan falibles como cualquier otra persona, con la diferencia de que las y los depredadores sexuales siempre buscan auto protegerse dentro de instituciones que los cobijan.

Fui católica practicante, soy madre, este año abuela, soy compositora de música, soy cofundadora de dos colegios donde educamos a miles estudiantes expuestos a maestras y maestros a lo largo del día, gracias a Dios, ya no bajo mi responsabilidad, pues créanme que la protección por posibles abusos sexuales siempre fue una prioridad por evitar que sucedieran.

La responsabilidad de proteger a nuestros hijos o alumnos es inmensa, y tiene graves consecuencias si fallamos. ¿Por qué los papas, la máxima autoridad de la iglesia, nos siguen engañando?

Tener carisma nos puede hacer brillar en cualquier cargo o puesto público, pero eso no significa ser una persona con valores o ser personas íntegras.

Juan Pablo II, hombre con gran carisma, logró que su institución creciera con su exposición en sus múltiples viajes —¿propaganda?— por el mundo y su protección al pederasta Maciel, quien murió impune.

Francisco levantó las expectativas de muchos de nosotros —por sus discursos iniciales — rumbo a un viraje hacia la justicia y compasión por los pobres, pero desgraciadamente no ha cumplido con la urgencia que demandan tanto las víctimas de abuso sexual como nosotros los luchadores sociales que apoyamos la causa de dar un giro radical, concreto, para terminar con los encubrimientos y por lo tanto con la victimización de más niños y niñas inocentes.

El sacerdote Cesáreo Gabaráin fue un muy buen compositor, no lo niego, pero debió de pasar su vida en la cárcel por dañar la psique, por cometer asesinato mental y emocional, a los alumnos bajo su cuidado. Murió con respeto y honores de parte de la iglesia.

Este depredador, este sacerdote vasco, era, como dice el artículo de El País citando a una de sus víctimas, “como el doctor Jecyll y Mr. Hyde, por un lado un cura carismático, popular, amigo de deportistas, famosos y del Papa. Y por otro, un pederasta”.

Pido a la iglesia un alto total a la impunidad de sus depredadores “sagrados” de sotana.

También pido a las autoridades judiciales de nuestro país un alto a la impunidad de los criminales.

No nos ceguemos. Seamos ciudadanos comprometidos con las víctimas de cualquier sistema, de cualquier poder, ya sea político o religioso.

Todos debemos de participar. Somos muchos, somos más.