SEGUNDO DEBATE: ERRORES, MENTIRAS Y PUNTADAS. NINGÚN GANADOR

Con cada nuevo debate entre candidatos a la presidencia va quedando más claro que, sea por el formato, sea por el nivel de los debatientes o por ambas cosas, en nuestro país estos encuentros poco o nada aportan al conocimiento de las verdaderas ideas y propuestas de los candidatos, así como no marcan diferencias significativas en las preferencias.

Inicié con mucho interés a ver el segundo debate de los cuatro candidatos que quedan tras la salida de Margarita Zavala de la contienda, pero a los pocos minutos noté que no se podía esperar un resultado espectacular para ninguno de los participantes. Hoy, el analista Sergio Aguayo me da la razón al afirmar que igual que el primero, este segundo debate no afectará las intenciones de voto (video).

Malas noticias para Ricardo Anaya, quien no obtendrá muchos nuevos puntos en las encuestas a pesar de que en general se desempeñó de manera similar al primer debate con un discurso articulado y recursos oratorios; buenas noticias para Andrés Manuel López Obrador, quien mantendrá su amplia ventaja en intención de voto a pesar de su semblante cansado, su mala dicción, sus explicaciones vagas y poco claras, su poca habilidad para responder de inmediato, y sus ocurrencias de show televisivo con las que quiso corregir su gris participación en el primer debate. De José Antonio Mead y Jaime Rodríguez Calderón, poco hay que decir.

Un punto a favor del formato de este segundo debate lo fue sin duda la participación de ciudadanos, quienes, contra lo se temía, aparentaron ser personas comunes y corrientes, con preocupaciones genuinas, no “acarreados” a modo para golpear a unos candidatos y favorecer a otros.

Pero veamos algunos de los muchos aspectos de este encuentro decido señalar.

Va mi grano de arena.

En cuanto a la primer pregunta sobre qué acciones concretas se deberán tomar para reorientar la exportación ante la renegociación del Tratado de Libre Comercio, considero que ninguno contestó bien, aunque destacó la mala respuesta de Andrés Manuel a León Krauze al divagar acerca de que “haya honestidad en México”, o al apostarle a algo que suena poco serio: “Vamos a hacer entrar en razón a Donald Trump con autoridad moral… Trump va a tener que aprender a respetarnos”, así nada más, en el aire.

Un punto que me llamó la atención fue cuando Mead acusó de “secta” a los grupos legislativos de Morena en ambas cámaras, por haber votado contra el Tratado Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), del cual no dijo su nombre. Muy mala señal que alguien que pretende buscar la presidencia acuse con ese término tan despectivo a una parte del poder legislativo que no está de acuerdo con sus propuestas. Ahí, Andrés Manuel evadió establecer un posicionamiento contundente y perdió la oportunidad de denunciar lo que muchos sectores -no sólo de izquierda- han denunciado desde hace años: que el TPP fue negociado y acordado por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto de espaldas a la ciudadanía e incluso de espalda a los legisladores, tal y como yo misma señalé en su momento (nota), y de que este tratado no sólo traería muy pocos beneficios a México, sino consecuencias negativas, como lo afirman incluso analistas de un medio tan poco “de izquierda” como lo es El Financiero (leer). Andrés prefirió evadir el tema con la afirmación de que sólo lo quieren atacar por ir 20 puntos arriba en las encuestas, aunque luego salvó un poco la situación al insistir en su añeja idea de fortalecer el mercado interno y buscar la soberanía alimentaria como vacuna contra agresiones comerciales externas, propuesta a la que sumo.

Por su parte Anaya jugó con un discurso anti-Trump que no suena muy creíble en boca de quien durante años ha apoyado la entrega de los recursos nacionales al extranjero mediante reformas como la energética y aplaudió la “guerra” de Felipe Calderón y Peña Nieto, esa guerra que como ha quedado claro, obedece a los intereses de nuestros vecinos del norte y no a los nuestros. Más grave aún fue cuando el candidato del Frente secundó el discurso de la Casa Blanca al criminalizar, llamándolos terroristas, a los habitantes de países como Yemen. ¿Contradicción o guiño al poderío estadounidense?

En el terreno de las anécdotas y el lenguaje no verbal, creo que fue un error del panista haberse acercado físicamente a Andrés Manuel, pues no se ve bien que un joven rete y hasta provoque de ese modo a un hombre mayor en un debate de ideas; pero considero que peor estuvo Andrés, quien con su “puntada” de fingir proteger su cartera ante la cercanía de Anaya cayó en una lógica de chiste malo nivel Televisa, que si bien le hizo ganar el favor de algunos “memes” y el aplauso de muchos seguidores, está muy lejos de ser un gesto apropiado para la imagen de estadista que insiste dar cuando confiesa su intención de emular a Benito Juárez y Lázaro Cárdenas.

Tras esa puntada de Andrés Manuel seguramente pocas personas recordarán cuál fue el reclamo que Ricardo Anaya le hizo con su acercamiento, lo cual beneficia al candidato de Morena, pero, sin querer, también al panista, pues muchas personas no recordarán cómo “El Joven Maravilla”, al igual que en el primer debate, volvió a mentir al afirmar que la inversión privada cayó durante la jefatura de gobierno de AMLO en el entonces Distrito Federal, lo cual fue hoy desmentido por varios medios nada afines al tabasqueño, como lo es Reforma, que publicó una imagen en la que se explica: “El promedio anual de inversión extranjera directa de la CDMX en el periodo de López Obrador (2000-2005) fue de 5,400 mdd, sin tomar en cuenta los 10,211 mdd que Anaya dijo corresponden a la venta de Banamex en 2001. El promedio de la IED anual de AMLO supera en 50% la IED de 1999”. Opino que López Obrador debió conformarse con haber dado cifras en este mismo sentido para poner en evidencia la falsedad de la afirmación de Anaya, pero no se quedó ahí y se distrajo para hacer un nuevo desplante y mostrar un supuesto libro con el título “La mentira de anaya”.

Posteriormente vinieron muy malas intervenciones de los cuatro en respuesta a las excelentes preguntas que el público hizo sobre migración y disparidad de salarios entre México y Estados Unidos, y de repente, sin venir al caso, al hablar de seguridad fronteriza José Antonio Meade acusó de secuestradora a la activista, líder de las Policías Comunitarias de Guerrero y candidata de Morena al Senado, Nestora Salgado, para lo cual leyó un documento. Creo que fue un error garrafal que Meade tendrá que enfrentar en los días de campaña que quedan, pues quienes estamos aunque sea mínimamente al tanto de la lucha por los derechos humanos en México, sabemos que Nestora es una figura importante en esta lucha, y que habiendo sido injustamente encarcelada, salió libre de una acusación falsa de secuestro (noticia) mientras la ONU le ratificó su apoyo y se manifestó en contra de las acusaciones que sobre ella pesaban (liga). La propia Nestora -a quien el periodista Jenaro Villamil no duda en calificar de “figura heroica”-, retó a Meade a que pruebe públicamente sus aseveraciones (ver), en tanto que el cineasta y connotado seguidor de Andrés Manuel, Epigmenio Ibarra escribió en Twitter: “(@epigmenioibarra): Oiga @JoseAMeadeK estamos esperando que se disculpe con @nestora_salgado y con @lopezobrador_ Ayer no solo mintió. Cometió un delito. Utilizó un documento desechado por los jueces por ser falso. Exigimos repare el daño causado”. ¿Responderá Meade?

Cuando se habló de seguridad pública, de nuevo noté poca claridad en los cuatro y lamenté que nadie asumiera con seriedad la pregunta de Yuriria Sierra respecto a la legalización de la marihuana. El único que a regañadientes dijo estar en contra fue Ricardo Anaya, lo que mereció en Facebook un comentario de Santiago Roel, el especialista número uno en ese tema en México: “Es patético cómo todos los candidatos evaden el tema de la regulación de drogas como estrategia de paz y algunos como Anaya hasta se oponen. Increíble la cobardía de todos”. (Quien quiera puede conocer ampliamente la postura de Roel sobre la regulación de drogas en esta entrevista que le realizamos hace poco: video)

Por otro lado, me sorprendió mucho que a pesar de que, por ser en Tijuana gran parte del debate versó sobre migración, Andrés Manuel sólo dijera generalidades y pasara por alto referir que él tiene en su equipo más cercano nada menos que al gran referente en cuanto a entendimiento humano, social y teórico del tema de la migración, el padre Alejandro Solalinde. ¿Qué más garantía en materia de migración puede dar un gobernante, que tener en su círculo cercano a semejante personaje? ¿Podría alguno de los otros candidatos competir con ello?

Anaya estuvo acertado al hablar de que para reducir la transmigración de centroamericanos por México se debía tener cooperación económica con América Central y en plantear la necesidad de doblar el presupuesto a los consulados en Estados Unidos para mejorar la atención a nuestros paisanos, mientras Meade se perdió en vaguedades y Andrés Manuel, a mi parecer, pisó terrenos muy peligrosos para alguien que representa a buena parte del pensamiento de “izquierda” en México, al afirmar que buscaría con el gobierno de Estados Unidos una nueva versión de la antaño famosa “Alianza para el Progreso”. ¿No es contradictorio que un candidato que se precia de progresista apele a un proyecto implementado por Estados Unidos para frenar la influencia de la revolución cubana a inicio de los años 60, con todas las implicaciones que tuvo en cuanto a intervencionismo, violaciones a soberanías nacionales y aun en cuanto a políticas de “seguridad nacional”, con lo que significó en apoyos a regímenes dictatoriales? ¿Es posible que Andrés Manuel, quien en contraste con los otros candidatos muestra conocimiento de la historia, haya mencionado esa “Alianza” accidentalmente? ¿Qué tipo de “cooperación” con los Estados Unidos tiene en mente? Ojalá lo aclare, pues me pareció un grave error y va en contra de lo que él mismo ha predicado a favor de la defensa de la soberanía nacional.

Muchos otros aspectos habría que reseñar, analizar y criticar de este segundo debate, pero por lo pronto cierro con mencionar que mientras Andrés Manuel, como dije, pudo ahorrarse las puntadas de hacer la simulación de su cartera, o la de llamar -con malísimo tino y peor gusto- “Ruiqui Riquín Canallín” al panista, Ricardo Anaya debió evitar el mostrar una portada de la revista Proceso expresamente cortada para que no apareciera un titular en su contra (nota).

Creo que aunque Ricardo Anaya desempeñó un buen papel, se dejó llevar y cometió errores graves que no cometió en el primer debate, mientras que Andrés Manuel se mostró como siempre: reiterativo, lento de reflejos y con poca chispa, con la novedad de que quiso subsanar esas faltas con ocurrencias que desmerecen el lugar de respeto y admiración que el pueblo de México le ha conferido. De Meade y Jaime Rodríguez Calderón, mejor ni hablar.

Con todo, dudo que en este segundo ejercicio podamos hablar de un candidato que claramente haya “ganado el debate”. Los cuatro nos quedan mucho a deber, y que ninguno mostró estatura de estadista.

Queda aquí este ejercicio democrático, que es en sí positivo, pero que como hemos aprendido en estos días de campaña, poco influyen en las intenciones de voto.

Queda aquí este pequeño análisis de mi parte, hecho al calor del propio debate y de las reacciones que a un día de distancia pude conocer, como un intento de aportar elementos de reflexión.

Gracias por su atención.

 

Cristina Sada Salinas