Sacerdotes desamparados ante el COVID-19

Por Eugenia Jiménez

en exclusiva para cristinasada.com

 

La mayoría de los sacerdotes en México se encuentran desprotegidos en esta pandemia al no contar con servicios médicos ni recursos para solventar los gastos de un contagio por COVID-19.

La salud de los sacerdotes —y no sólo por la pandemia— es un tema que debería llamar la atención a la jerarquía católica porque el derecho canónico establece su responsabilidad de cuidarlos; pero al parecer es un tema no prioritario en su agenda pastoral.

Pese a esa obligación canónica los obispos y arzobispos los han abandonado a su suerte y para librar la enfermedad algunos han recibido apoyo de sus comunidades, que a través de “coperachas” reúnen recursos para solventar los gastos de los medicamentos, además de atenderlos y alimentarlos.

Con la crisis económica ocasionada por la pandemia y el cierre de los templos, las finanzas de las parroquias se encuentran en quiebra, situación que ha provocado que los sacerdotes rompan la cuarentena y salgan a atender a sus fieles para recibir aportaciones y sobrevivir. Y se han contagiado.

Algunos han apostado por las redes sociales, a través de las cuales han logrado ofrecer servicios religiosos por internet y percibir una aportación económica. Pero en las comunidades pobres los sacerdotes salen a atender directamente a su feligresía.

De acuerdo al Anuario Pontificio de 2019, la iglesia católica mexicana tiene 11 mil 744 sacerdotes diocesanos y 4 mil 568 religiosos. La edad promedio del clero mexicano es de 60 años; población en riesgo en esta pandemia según la Secretaría de Salud. 

El Centro Católico Multimedial (CCM) reportó: hasta el 18 de enero han fallecido 154 sacerdotes, 5 obispos, 9 diáconos y 5 religiosas, pero este es un sub registro, ya que no se han contabilizado los fallecidos en las congregaciones religiosas. (leer)

En algunas arquidiócesis pudientes como las de México, Puebla y Monterrey los sacerdotes contaban con servicios médicos privados pero sin cobertura por Covid-19.

Por la crisis económica, la Arquidiócesis de México y de Puebla ya no renovaron contratos con los seguros médicos y los sacerdotes quedaron desamparados.

Otras diócesis, las ubicadas en las comunidades pobres, no se pueden dar el lujo de contratar un seguro particular para su presbiterio. Una de éstas es Puerto Escondido, Oaxaca, en donde los recursos son mínimos y apenas tienen para el sustento de los sacerdotes.

Otras como la de Saltillo, mientras estuvo al frente el obispo Raúl Vera se optó por afiliar a todos los clérigos al IMSS y así evitar futuras crisis económicas como la actual.

En apoyo a las diócesis, la Conferencia del Episcopado Mexicano creó la Obra de Clérigos en Ayuda Solidaria (OCEAS) que ofrece un Programa de Salud Sacerdotal con asistencia médica con cobertura para la COVID-19, pero no todas las diócesis están afiliadas.

 

Cómo enfrentan el COVID-19

Algunos sacerdotes contagiados de Covid-19 y que están desamparados por parte de la institución, han recibido únicamente apoyo de sus comunidades de fieles. Nos comentaron sus experiencias, pero prefieren permanecer en el anonimato por temor a represalias de parte de sus obispos.

Un sacerdote de las diócesis de Chilpancingo contagiado en dos ocasiones, mencionó que sus parroquianos lo cuidaron, lo alimentaron y consiguieron los medicamentos.

Su labor evangélica la desarrolla en comunidades pobres donde obtiene recursos únicamente para cubrir los pagos de sus necesidades básicas, por lo que no tiene dinero ahorrado, ni paga un seguro médico.

Al contagiarse, fueron los fieles quienes se organizaron y a través de “coperachas” compraron sus medicamentos. “Gracias a ellos salí adelante”, comentó el padre Rubén (nombre ficticio), cuyo templo se encuentra ubicado en el norte de la Ciudad de México. Agregó que las autoridades de la Arquidiócesis nunca le brindaron apoyo en este trance.

Fue por el acercamiento que siempre ha tenido con los fieles por lo que  considera que se contagió. Al sentir los primeros síntomas acudió a un médico particular con la ayuda de un creyente que se lo recomendó. Siguió las indicaciones, se aisló e inició su tratamiento, y para solventar los gastos en medicamentos le ayudó su comunidad. “Siempre estuvieron al pendiente, me cuidaron y me alimentaron, y ahora están atentos a mi recuperación”, señaló.

Afortunadamente “no estuve enfermo de gravedad” y “logré vencer al virus”, afirmó, pero desconoce si tendrá secuelas. Para ello requiere de recursos que en este momento no tiene, a fin de realizarse diversos estudios.

Jesús, otro sacerdote que empezó a tener síntomas, dijo desconocer que el seguro de la Arquidiócesis de México no se había renovado y que no cubría COVID-19. Acudió a un hospital que les han asignado en otras ocasiones y ahí le informaron que el seguro estaba vencido.

En el arzobispado no le dieron respuesta a su solicitud de información, así que recurrió a un fiel para pedirle su apoyo porque éste tiene un hermano doctor y fue así que le ayudó a realizarse todas las pruebas. Afortunadamente “salí negativo pero mi sacristán dio positivo, entonces los fieles hicieron una coperacha para solventar los gastos de los medicamentos”, informó. 

 

La Arquidiócesis de México, ejemplo del desamparo de religiosos

La Arquidiócesis de México es ejemplo del desamparo de los religiosos que enferman, y no sólo por la Covid-19. Desde septiembre pasado se venció el seguro contratado con GNP y no fue renovado, pero a sus 680 clérigos —que cuentan con un promedio de edad de 61 años, 210 de los cuales son mayores de 75 años y padecen enfermedades como diabetes e hipertensión —, no se les informó que ya no contaban con ese apoyo.

Hugo Valdemar Romero, sacerdote y ex vocero de la Arquidiócesis de México, en entrevista reveló que a los clérigos “nos han engañado al decirnos que está vigente el seguro. Por lo menos tres sacerdotes que conozco han buscado asistencia en los hospitales que nos dicen cubre el seguro con GNP y los han rechazado por no tener vigencia”.

Si un sacerdote se enferma de COVID-19, la Arquidiócesis “no es cierto que nos hagan caso. Cada sacerdote debe ver por su cuenta. No es cierto que la Arquidiócesis nos apoya; todo es una mentira.”

Una tarjeta informativa emitida por el arzobispado de México señala que a los obispos y sacerdotes contagiados por COVID-19 “les ofrecemos” que reciban la atención médica en los “hospitales del sector salud” ante la “situación económica que vive la iglesia”.

Para el ex vocero estos “supuestos convenios con los hospitales públicos son un absurdo, por decreto del presidente López Obrador deben atender a todos los enfermos de Covid-19, así que no es ayuda de la Arquidiócesis”

La tarjeta informativa indica que la Vicaría del Clero atiende y apoya a los contagiados por COVID-19, pero no precisa en qué consiste ese apoyo o si es sólo espiritual o también económico, para solventar los gastos de su enfermedad.

En el pasado los sacerdotes enviaban su aportación para el pago del seguro, pero con la llegada del cardenal Carlos Aguiar (2018) se impusieron cuotas a las iglesias de acuerdo a sus ingresos para cubrir el seguro, de acuerdo al rediseño de la economía arquidiocesana a cargo de Eduardo Pisa Sámano, amigo del arzobispo primado, el cual ha sido un fracaso.

A la dirección de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México se le solicitó información sobre el seguro médico de los sacerdotes y sobre cómo apoyan a los clérigos con COVID-19, pero no hubo respuesta.

De acuerdo al 15 reporte del Centro Católico Multimedial, la Arquidiócesis de México ocupa hasta el 18 de enero el segundo lugar en sacerdotes fallecidos en el país: 8 clérigos, un diácono permanente y un obispo, Daniel Rivera, internado en el Hospital Central Militar por más de un mes.

Éste no es el único problema relativo al COVID-19 al que se ha enfrentado el cardenal Aguiar Retes. En  la Basílica de Guadalupe se vive una  situación crítica en estos meses pues la mayoría de los integrantes del Cabildo se han contagiado, entre ellos los ex rectores Diego Monroy y Enrique Glennie Grau, además de que actualmente está en confinamiento el rector Salvador Martínez.

El año pasado el canónigo Alberto Reynoso González se hospitalizó por Covid-19 y asumió sus gastos en un hospital privado. Además murió el capellán del coro Francisco Javier Arteaga y han fallecido también dos guardias de seguridad de ese santuario; además de haberse contagiado sacerdotes de la tercera edad que viven en la casa sacerdotal ubicada atrás de la Basílica.

Ni las autoridades del templo Mariano ni la Arquidiócesis, han proporcionado información sobre estos contagios.

Por esta falta de apoyo e información de la Arquidiócesis de México hacia los religiosos enfermos de COVID-19, el padre Horacio Palacios Santana, vicario pastoral de laicos en el mundo, quien se contagió y para salir adelante recibió el apoyo de sus hermanos religiosos, invitó a los clérigos a crear la Fraternidad Sacerdotal VS COVID, iniciativa de acompañamiento para los sacerdotes y para monitorearse entre ellos en caso de contagio.

Anunció en un “chat” de Whatsapp formado por este grupo de religiosos: “Hermanos sacerdotes, nos estamos enfermando y compañeros nuestros están muriendo. Hoy más que nunca debemos ser solidarios”.

A través de un video narra la experiencia dolorosa de contagiarse de COVID-19 y del “temor y miedo cuanto más me faltaba el oxígeno. No sabía si iba a despertar al siguiente día. Fue una enfermedad cara. Me gasté alrededor de 22 mil pesos, pero creo que hay compañeros que no lo podrían costear, por eso es muy importante estar en comunicación y poder ayudarnos entre nosotros”.

El analista Guillermo Gazanini afirmó que esta iniciativa se crea en medio de las duras controversias generadas por la hospitalización del cardenal Norberto Rivera Carrera; controversias que revelaron la ausencia de previsiones y de seguridad para el cuidado de la salud del presbiterio ante el abandono y la falta de respuestas del cardenal Carlos Aguiar.

A diferencia de la Arquidiócesis de México, la Arquidiócesis de Puebla sí comunicó el año pasado a los religiosos que el seguro de gastos médicos no se había renovado, al no contarse con los recursos suficientes para pagarlo. Y se les sugirió cuidarse para mantener una buena salud y evitar contagiarse de COVID.19.

Pese a esas advertencias, la Arquidiócesis de Puebla, de acuerdo al mencionado informe del CCM, encabeza las muertes de sacerdotes, con 15 decesos.

El arzobispo Rogelio Cabrera en la Arquidiócesis de Monterrey logró mantener el seguro médico de cerca de 500 sacerdotes, pese a contar con menos recursos que las pudientes arquidiócesis de México y Puebla.

El padre José Manuel Guerrero Noyola, de esa arquidiócesis, explicó que el costo del seguro se paga en tres partes: una aportación del sacerdote, otra la aporta la parroquia donde realiza su ministerio pastoral, y la tercera la Arquidiócesis. Si un sacerdote no puede realizar el pago las parroquias asumen el gasto.

Para el próximo mes de marzo se debe renovar el seguro con la Clínica Vitro y en reuniones a través de Zoom se les informó a los sacerdotes que envíen lo más que puedan de sus aportaciones.

Además, para tratar a los contagiados por COVID-19, el arzobispado designó recursos especiales para que todos fueran atendidos con médicos particulares y posteriormente el sacerdote pagaría los gastos de acuerdo a sus posibilidades.

Ningún integrante de ese arzobispado contagiado se ha quedado sin servicio, afirmó el padre Guerrero Noyola. 

 

Congregaciones sin cifras

De las congregaciones religiosas, se desconoce el número de fallecidos y contagiados por Covid-19, y si estos cuentan con póliza de gastos médicos.

Los jesuitas en México en redes sociales publicaron que en su casa de ancianos de Guadalajara, Jalisco, cuatro sacerdotes se contagiaron y uno ya falleció. Un novicio que los ayudaba también está contagiado.

Para proteger a los que atienden a los contagiados solicitaron a los fieles les aportaran overoles, batas quirúrgicas y cubrebocas KN95.

Los frailes dominicos tienen un seguro con Banorte, aunque esa comunidad religiosa lamenta ya el fallecimiento de fray José Loza Vera, reconocido biblista quien por muchos años fue profesor de la Escuela Bíblica de Jerusalén y vivía en el Convento de Santo Tomás en Villa Coapa, en la Ciudad de México.

Los religiosos paulinos tienen un seguro con MetLife y han registrado cinco contagios. Todos fueron atendidos por médicos privados y se encuentran en recuperación.

En México hay 4,568 religiosos. Se desconoce cuántos de éstos se han contagiado y cómo han solventado los gastos de sus tratamientos y recuperación.

 

CEM atiende COVID-19

La Conferencia del Episcopado Mexicano, a través de la Obra de Clérigos en Ayuda Solidaria, les ofrece a las diócesis un Programa de Salud Sacerdotal con asistencia médica, que cubre los gastos por contagio de COVID-19, informó el sacerdote Eduardo Agustín Aguilar Navarro, secretario técnico de OCEAS.

Pero la cobertura de OCEAS es limitada, porque, afirmó que sólo 58 diócesis se encuentran afiliadas, del total de 92 que existen en México.  Aguilar Navarro envió el 16 de enero una carta a los sacerdotes para explicar la grave situación por la que atraviesan. A ocho meses del primer caso de neumonía viral, “ya se tiene un panorama sobre los contagios en la salud de los beneficiarios, su alto impacto para las economías diocesanas y para el programa de Salud Sacerdotal”, señaló.

El promedio de gastos de casos catastróficos por COVID es casi 30 veces del gasto promedio de servicio y 1.4 veces más alta que el promedio de los gastos por enfermedades catastróficas NO COVID, como cáncer o enfermedades cerebrovasculares y cardiovasculares, reveló.

“De los contagios y atenciones registradas por OCEAS, el 89% de los contagios de los beneficiarios se da por incumplir con las recomendaciones de las autoridades sanitarias sobre suspender las actividades no esenciales”, nos dice, y advierte que los hospitales privados a los que podrían acudir por estar equipados para atender Covid-19, hasta el 16 de enero se reportaban “sin disponibilidad hasta nuevo aviso” en gran parte del país.

Por ello se les han planteado estrategias de cuidado para evitar contagios. Sin embargo “las estrategias se diluyen si no hay una respuesta solidaria”.

En el texto les advierte: “Las siguientes tres semanas serán las más complicadas para el país. La carencia de insumos para atender la enfermedad será más evidente ya que se reporta escasez de tanques de oxígeno, compresores, ambulancias y atención hospitalaria ante esta exponencial ola de contagios”, por lo que deberán extremar los cuidados.

En entrevista, el sacerdote Eduardo Agustín Aguilar Navarro afirmó que hasta el momento OCEAS “no ha remitido a ningún beneficiario al sector público, tenemos solo cinco casos documentados en los cuáles los familiares ingresaron a los sacerdotes a sector público por cuenta propia, sin notificar a sus Representantes Diocesanos ni a OCEAS”.

A pesar de ello, indicó, algunos insumos como concentradores de oxígeno o medicamentos que son susceptibles de ser programados por OCEAS los enviamos cuando lo han requerido.

De los 5 mil sacerdotes afiliados a OCEAS, se han contagiado 321, con un total de 759 servicios gestionados, pues el mismo sacerdote pudo requerir servicios adicionales a la hospitalización, informó.

OCEAS, explicó, gestiona convenios con hospitales del sector privado. ”Los beneficiarios del programa de salud son referidos por nuestro equipo médico a unidades, en convenio de acuerdo con el cuadro clínico que presentan en el momento que solicitan una gestión médica. Lo anterior, evita que los beneficiarios se desplacen a unidades hospitalarias por una urgencia sentida que los puede colocar en una situación vulnerable de alto contagio.”

Los sacerdotes afiliados a OCEAS son de la población vulnerable: “La mayor parte de nuestra comunidad se integra por varones, adultos mayores de más de 65 años con tratamientos por enfermedades crónicas.”

Los meses de junio y julio de 2020 se registraron más servicios y hospitalizaciones por COVID-19. De marzo a del 2020 al 28 de enero del 2021 han fallecido 36.

La comunidad afiliada a OCEAS es especialmente vulnerable por al menos tres factores: género, ya que la enfermedad afecta más a varones que a mujeres; edad, pues los adultos mayores de 65 años son más susceptibles a complicaciones y cuadros severos de la enfermedad; comorbilidades, enfermedades como diabetes e hipertensión se asocian a una tasa de mortalidad más alta en esta infección, indicó.

 

No se reporta el total de fallecimientos: CCM

El sacerdote Omar Sotelo, del Centro Católico Multimedial que ha presentado 15 reportes en los que se contabiliza el número de sacerdotes y obispos fallecidos, expuso que en los primeros 18 días de enero fue notorio el aumento de decesos de sacerdotes: 19 y un obispo.

“Cifra tremenda la que se ha presentado en esta situación, es alarmante y difícilmente se va a controlar”, advirtió.

Desde el inicio de la pandemia han fallecido 154 sacerdotes, 5 obispos, 9 diáconos y 5 religiosas.

Pero el número es seguramente mayor, porque CCM no reporta los fallecimientos de las congregaciones religiosas masculinas y femeninas.  Además, no todas las diócesis están dispuestas a entregar la información completa de los contagiados y muertos por COVID-19.

Otro foco rojo que se debe atender urgentemente son los contagios al interior de las casas de las religiosas. Hay noticias de contagios en el convento de las Siervas de María de Puebla, de 13 religiosas, 10 se enfermaron y nueve de ellas fueron obligadas a estar en cama. Una está en estado delicado.

Estas religiosas solicitaron la ayuda de los fieles para comprar medicamentos y oxígeno, además de alimentos.

Omar Sotelo manifestó su preocupación por los contagios en asilos de ancianos y en casas de retiro que son atendidos por religiosas, una situación grave se vive en la Arquidiócesis de Guadalajara.

Un caso es la residencia San José, a cargo de las hermanas de los Ancianos Desamparados, en donde de los 84 residentes fallecieron 13 adultos mayores y una religiosa. Otros asilos como el de Juan Pablo II está en las mismas condiciones de emergencia por atender a ancianos enfermos de COVID-19 que no han sido atendidos en hospitales.

El CCM consideró que frente a esta situación las diócesis y arquidiócesis tienen que poner atención para saber cómo están protegiendo y valorando la salud de sus sacerdotes.

Es urgente una revisión completa de la estructura para cubrir las necesidades de salud del clero.

 

Caso cardenal Norberto Rivera

La denuncia del analista Guillermo Gazanini en el portal Religión Digital, de que la Arquidiócesis de México se negó a pagar los gastos de hospitalización del cardenal Norberto Rivera Carrera por COVID-19, detonó una división de opiniones y reveló el desamparo de los sacerdotes en materia de salud.

Además de hacerse público un caso vergonzoso de enfrentamiento entre un cardenal y los allegados de su antecesor por cuestiones económicas en una de las arquidiócesis más importantes del mundo.

El 12 de enero se internó en el Hospital Mocel el cardenal Norberto Rivera Carrera por presentar síntomas de Covid-19, situación que se le empezaba a complicar por tener 78 años de edad, ser diabético e hipertenso.

Su estado de salud empeoró y el domingo 17 de enero fue trasladado de urgencia al Hospital Interlomas los Ángeles, donde fue intubado y sedado. Los primeros días su pronóstico era desfavorable.

La semana pasada registró avances en su salud, fue extubado y salió de la sedación.

El texto de Gazanini levantó posiciones encontradas sobre la decisión del cardenal Rivera de recurrir a un hospital privado y que él asumiera los costos. Hay quienes consideran una falta de sensibilidad del cardenal Carlos Aguiar el no atender a su antecesor como se establece:

Derecho Canónico, canon 281.2: “Se ha de cuidar igualmente de que gocen de asistencia social, mediante la que se provea adecuadamente a sus necesidades en caso de enfermedad, invalidez o vejez”.

Ante el silencio de la Arquidiócesis para aclarar la situación, el sacerdote Hugo Valdemar Romero, ex vocero del cardenal Rivera, aprovechó su relación con los medios de comunicación para denunciar la falta de apoyo de parte del cardenal Carlos Aguiar Retes.

Por presión de los medios, el miércoles 20 de enero la Arquidiócesis emitió una tarjeta informativa en la que señala que a los sacerdotes infectados por Covid-19 se les canaliza a los hospitales del sector salud y hospitales privados, en convenio con el gobierno federal.

“Aquellos obispos y sacerdotes que deseen llevar el seguimiento de su enfermedad a través de otros medios pueden hacerlo con recursos propios o los recursos que les puedan otorgar las personas allegadas a ellos. Y el cardenal Norberto Rivera tomó la decisión de recibir la atención médica en un hospital privado”, se lee en la tarjeta informativa.

Esta información se podría aclarar si el cardenal Rivera así lo decide, ahora que está consciente.

Hugo Valdemar calificó la actitud del cardenal Aguiar como “criminal, irresponsable, inmoral y anticristiana, humanamente no es posible hacer esto por una persona, mucho menos por un arzobispo emérito que sirvió por 22 años a esta iglesia particular que dejó un fondo de salud muy sano y que ha desaparecido.”

Dijo que se puede presentar una queja ante la Santa Sede, sobre el trato que se le da al cardenal Rivera, pero que en estos momentos el nuncio apostólico Franco Coppola está enterado de la situación y recibe los reportes diarios del estado de salud.

Para el ex vocero, “si los sacerdotes estamos sin seguro, entonces el cardenal Aguiar en solidaridad no debe tener seguro médico, si se enferma tendrá que internarse en un hospital público, porque es solidario con los pobres de la Ciudad de México.”

El caso del cardenal Norberto Rivera está cerrado para la Arquidiócesis de México, no va asumir los costos. Amigos empresarios del arzobispo primado  ya levantaron la mano para pagar los gastos.

Aquí el tema es la quiebra no reconocida públicamente de la Arquidiócesis de México, que no puede pagar los costos de servicios médicos de su presbiterio. La pregunta es qué pasó con la reestructuración económica y los ingresos millonarios de la Basílica, aunque se entiende que fueron meses de pandemia.

Un obispo  emérito de la Arquidiócesis de México, en entrevista  en la que pidió el anonimato, confió que de acuerdo al Derecho Canónico la CEM y la diócesis están obligadas a cuidar de los obispos y arzobispos eméritos.

Actualmente recibe una pensión que considera es insuficiente y asegura tener el seguro médico con GNP. Asegura que aún no le han informado que ya venció y dijo siempre haber recibido apoyo de los arzobispos primados.

En este “pleito de hermanos en la fe” ningún obispo y arzobispo ha cuestionado el actuar del cardenal Carlos Aguiar ni ha manifestado públicamente su apoyo al cardenal Norberto Rivera. Será que todos están financieramente quebrados o es un tema que no quieren tratar porque en sus diócesis no atienden como deben a sus sacerdotes en materia de salud.

 

Foto de Adrián Vázquez, tomada de El Sol de México: liga