PREGUNTAS SOBRE LA ALIANZA DE AMLO CON LA ULTRADERECHA

En el mundo ha habido diferentes revoluciones con las que los pueblos del planeta entero han intentado reivindicar sus derechos humanos, desde pueblos que fueron sistemáticamente esclavizados y explotados, hasta los que simplemente luchan por sus libertades civiles.

La lucha porque esos derechos humanos hoy reconocidos sean respetados lleva centurias y en México ha habido grandes batallas en ese caminar histórico: desde la guerra de independencia hasta la revolución mexicana a principios del siglo pasado, incluyendo el régimen de Lázaro Cárdenas, en el que se avanzó significativamente con la expropiación petrolera para poder tener recursos destinados a logros tan grandes como la educación y la seguridad social.

En ese mismo sentido, considero al movimiento social que ha rodeado a la figura de Andrés Manuel López Obrador como un intento muy serio y respetable por seguir esa ruta de búsqueda de un país más justo e igualitario. Tan es así que como muchos de ustedes saben, en las pasadas elecciones presidenciales de 2012 me incorporé a ese esfuerzo en torno a Andrés, como candidata al Senado por Nuevo León bajo las siglas del Movimiento Progresista (PRD-PT-MC), con la firme esperanza de que con el arribo del líder de la izquierda a la presidencia veríamos un cambio profundo en la forma de hacer política en México. Sabía que yo no tenía posibilidades de ganar la senaduría, por lo que jamás pedí un voto para mí, sino que siempre hice el llamado para que la gente de Nuevo León dejara de temer a la figura de López Obrador y apoyara su proyecto alternativo de nación.

Entregué todo de mí en ese intento. Sin embargo, me bastaron tres meses de campaña para darme cuenta de que si bien en las bases de MORENA -en ese entonces aún no convertido en partido político- estaba (y sigue estando) lo mejor de la izquierda militante en México, en las dirigencias partidistas las cosas eran muy diferentes. No se veía por ningún lado un cambio de fondo. Vi que el manejo de las finanzas de esa alianza de partidos era completamente opaco y que el reparto de cargos y candidaturas eran impuestas, incluyendo la mía, que fue decidida unipersonalmente por Alberto Anaya. Vi demasiado, tanto que me decepcionó Andrés Manuel como figura que representara transparencia, democracia y un cambio importante a favor del pueblo de México.

Luego vino la conversión de MORENA a partido político, decisión con la que no estuve de acuerdo y que marcó mi alejamiento definitivo del ámbito de Andrés Manuel, aunque seguí en muy buenos términos con mis queridos amigos del Movimiento de Regeneración Nacional y simpatizantes del proyecto de AMLO, entre los que hay periodistas, intelectuales y ciudadanos de todo tipo a los que admiro y respeto.

Por esa relación cordial con las bases lopezobradorcistas es que hasta hoy, casi seis años después de mi aventura electoral, no había hecho yo ninguna declaración en contra del proyecto de MORENA, más allá de señalamientos puntuales sobre la figura de Andrés y otros personajes cercanos a él que plasmé en mi libro “Perfume y pólvora” (Disponible aquí). Hoy me atrevo a hacerlo, pues creo que la alianza que signó López Obrador con el Partido Encuentro Social es algo que no debemos pasar por alto quienes seguimos en la búsqueda de opciones de cambio real para nuestro país.

Con esta alianza MORENA amarra su destino con un partido conservador, de ultraderecha, que niega los más elementales derechos humanos, como son el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, el acceso de las personas de sexualidad diversa a los mismos derechos que todas y todos, en fin, con una organización política que no se diferencia en nada del rancio PAN del pasado.

A quienes desde MORENA siguen defendiendo esta decisión de Andrés Manuel López Obrador les pregunto: ¿Cómo van a conciliar un proyecto alternativo de nación que se precia de progresista e incluyente con la postura intransigente del PES en contra del matrimonio igualitario (nota)?

¿Qué le responden a uno de los más destacados periodistas que apoyan a Andrés, nuestro estimado amigo Jenaro Villamil, quien señaló que “hay alianzas que cuestan más de lo que valen”, y que comentó en Facebook: “Para los amigos de MORENA que defienden la alianza con el PES: Alejandro González Murillo, su coordinador en San Lázaro, ha votado junto con el PRI por la #LeyGolpista y por la consulta para desaparecer policías municipales. Además, es sobrino de Jesús Murillo Karam. Ahí nada más para que vean que no hay ‘alianzas inocuas”? ¿Se pasará por alto que el PES es cómplice del golpe de Estado que significa la Ley de Seguridad Interior?

Queridos amigos de Morena: ¿Qué le dicen a dos de las más fervientes defensoras de Andrés Manuel, la escritora Elena Poniatowska y la actriz Jesusa Rodríguez, quienes ante el anuncio de esta alianza mostraron un cartel con la leyenda “No al PES”, enmarcadas en una bandera de la diversidad sexual? (ver)

Me pregunto si es ahora cuando a muchos militantes de MORENA les toca abrir los ojos, como yo hice hace años al darme cuenta de que -quizá desde un diagnóstico radical- no hay ya en México ningún partido político de izquierda en el espectro electoral.

Por otro lado: ¿Es irrelevante lo que hoy señala la columna de “El Abogado del Pueblo” respecto a la inclusión en su gabinete de “la ex Ministra de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero, cuya actuación en el sexenio pasado permitió la exoneración de Mario Marín, el ‘Gober precioso’ en el caso de la violación a los derechos individuales de Lydia Cacho, periodista que puso al descubierto las redes entre la política y grupos de pederastas, y de pasadita -por si acaso ya se les olvidó- también del ajonjolí de todos los males de México, Emilio Gamboa, quien por cierto empujaba a su hijo ‘pechocho’ como Gobernador de Yucatán”? (columna)

Si todavía existimos personas que no creemos en los proyectos del PRI, “Frente amplio”, o “El Bronco” y demás “independientes”, pero que aún soñamos y creemos en la posibilidad de una nación justa, democrática e incluyente, temo hoy más que nunca, que tenemos que buscar en otro lado.

 

Cristina Sada Salinas