Pederastia clerical, un factor en salida del nuncio Coppola

Por Cristina Sada Salinas

El episodio de la sorpresiva salida de México del nuncio apostólico Franco Coppola ha recibido mucha atención mediática, ya que parece indicar que este “embajador” del Papa Francisco tocó intereses en las cúpulas eclesiales de nuestro país principalmente en dos aspectos cruciales: la relación de la institución católica con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y la lucha contra la pederastia clerical.

El propio Coppola en diversas entrevistas ha calificado de “muy buena”, “cordial y franca”, la colaboración de la nunciatura con el gobierno de la 4T (nota), lo cual, al decir de especialistas como la destacada periodista María Eugenia Jiménez, representó un problema para otras instancias del poder dentro de la iglesia, pues esa cercanía al gobierno federal supuso “un alejamiento que puede haberse dado ya con los obispos, porque el presidente prefería tener como interlocutor al nuncio apostólico, [en lugar de] al episcopado mexicano; esa es una parte que al episcopado seguramente ya no le pareció, por ahí había una inconformidad” (leer).

Queda esperar entonces qué perfil de nuevo nuncio es el que ahora el Vaticano va a escoger para nuestro país.

Por otra parte, fue muy notoria la inconformidad de los jerarcas católicos mexicanos en cuanto al activismo que desplegó Coppola ante la pederastia, sobre todo en los últimos meses de su encargo, como señala Jiménez: “Otra inconformidad era también que el nuncio estaba trabajando mucho sobre el combate a la pederastia clerical [y] hay obispos que realmente no se quieren comprometer todavía con esto. Y Coppola en los últimos dos años, pero más enfáticamente en los últimos meses, se había metido mucho, incluso se atrevió ya a denunciar que había primero ocho y luego 12 obispos acusados de encubrimiento… esto les causa un gran temor a los obispos, que se sepa quiénes son”.

Aquí vale la pena citar ampliamente lo que señala otro periodista especializado en la fuente religiosa, Felipe Monroy, director de VCNoticias:

“Donde creo que hay una distancia grande de parte de los obispos mexicanos con el nuncio… es justamente en el terreno del combate a la pedofilia y el encubrimiento episcopal. Este mismo año varias conferencias episcopales en el mundo, la más sorpresiva, de Portugal, todas y cada una de las diócesis de Portugal ya tienen sus consejos internos, sus comisiones internas de investigación, y sin embargo dieron un paso todavía muchísimo más audaz para nombrar todos juntos una comisión que vigilara todas las instituciones eclesiales desde otro punto de vista con laicos, con psicólogos, con abogados, con juristas, y que se abrieran los archivos eclesiásticos de los últimos 50 años, tal como hizo la iglesia francesa. Aquí en México aunque se ha venido realmente lento, lento el paso de abrir algunas comisiones en las diócesis, ha sido difícil que algunos obispos hagan este salto… Todavía estamos, tristemente, muy lejos de que la iglesia mexicana nombre una comisión especial, se abran los archivos de las diócesis y de las cientos de congregaciones religiosas masculinas y femeninas que hay en México, para dar este paso que hicieron ya otras iglesias. Monseñor Coppola, creo que tenía ese interés de hacerlo y esto generó obviamente tensiones dentro del episcopado mexicano que al final tuvieron que ser resueltas quizá con esta salida de Franco Coppola”.

Es el propio Coppola quien destacó su papel en la lucha contra la pederastia clerical, al afirmar que “en la Iglesia mexicana se está investigando a 270 sacerdotes. En casi la mitad de los casos han terminado reconociendo la culpabilidad del acusado, quitando el sacerdocio. En cinco por ciento de los casos se ha reconocido que el señalado era inocente, y en 45 por ciento el proceso está en trámite”. Sin embargo, el nuncio saliente se niega a usar con todas sus letras el concepto “pederastia clerical”: “No estoy de acuerdo con hablar de pederastia clerical. Sería como si la pederastia fuera sólo clerical. Datos del Unicef dicen que gran parte de los abusos pasan en la familia”, señala, y afirma: “En todas las diócesis hay una comisión de protección a menores, integrada por sacerdotes, laicos, sicólogos, abogados y médicos para recibir las denuncias y tratarlas como se debe. Hemos multiplicado la posibilidad a la gente de denunciar”.

Respecto a la existencia de comisiones “de protección a menores” en todas las diócesis, puedo decir según información que tengo de primera mano, que en la mayoría de los casos dichas comisiones existen sólo de nombre, o bien, no son operativas y se dedican mayormente al “control de daños”, a cuidar la imagen de la iglesia y sus jerarcas y no a atender a las víctimas y ofrecerles justicia y reparación del daño. Como dice Monroy, en México estamos muy lejos de que existan comisiones independientes que obliguen a las diócesis a abrir plenamente los archivos secretos sobre los sacerdotes pederastas, su ubicación y estatus jurídico.

¿Dónde están esos 270 sacerdotes investigados que menciona Coppola? ¿Quiénes son los confesos y cuál fue su destino? ¿Cómo garantiza la iglesia que esos sujetos no seguirán dañando a más niñas, niños y adolescentes?

Es sin duda un avance que Coppola haya reconocido el problema y que se esté investigando a los curas agresores, pero discrepo de él por completo en cuanto a que se niegue a usar el término “pederastia clerical”, pues el hecho de que sea precisamente un hombre investido de carácter “sagrado” quien violente la inocencia de las y los pequeños, le confiere a este delito una gravedad enorme; amén de que para mí lo que distingue a la pederastia clerical ha sido el encubrimiento sistemático y recurrente de los casos de abuso sexual por parte de una institución que se dice instaurada por Cristo.

Ya nadie duda que desde el propio Vaticano, pasando por las conferencias episcopales y todos los órganos de poder eclesial, se ha encubierto sistemáticamente a los criminales; se ha ignorado por décadas a las víctimas y se han establecido alianzas perversas con gobiernos de todos los países, así como con las clases sociales más pudientes. Ese inmenso poderío de la iglesia ha sido usado para desacreditar a los denunciantes, para dañar a quienes se han atrevido a acompañar a las víctimas e incluso para afectar a nivel de bancarrota, por ejemplo, al canal de televisión que osó transmitir en los años 90 un reportaje sobre Marcial Maciel en el programa de Carmen Aristegui y Javier Solórzano.

Ese poder no lo tiene un padre de familia que abusa de sus hijas, o un maestro de una escuela laica que agrede a sus alumnas o alumnos; por ejemplo.

Por ser la iglesia una institución con siglos de antigüedad, con un “producto” que “vender” tan exitoso y con tanto dinero; poder y prestigio, es que la iglesia sigue hasta el día de hoy sosteniendo a obispos, arzobispos y cardenales que encubren a sus sacerdotes pederastas, únicamente cambiándolos de parroquia o país.

Esa es la enorme diferencia entre la pederastia que se da en las familias y otros ámbitos sociales y la que se da en el entorno clerical.

Más allá de esta importante diferencia de concepción que tengo con Coppola, creo que es una lástima que el papa Francisco haya decidido sacarlo de México, pues por fin estábamos viendo un muy ligero, pero significativo cambio en cuanto a acciones concretas contra este cáncer que corroe las entrañas mismas de la fe católica.

Estaremos muy al pendiente de quién será el nuevo prelado que el Vaticano enviará a México como representante papal, pues será una señal muy clara de si Jorge Mario Bergoglio está realmente comprometido con su consigna de “tolerancia cero” a la pederastia o simplemente se trata de una más de sus bonitas frases vacías de contenido.