Palestina, una humanidad desechable

Para entender la tragedia que en estos días vive el pueblo palestino bajo los bombardeos del ejército israelí, hay que hacer un poco de historia, pues hay muchos mitos y leyendas que oscurecen el entendimiento de este difícil y doloroso conflicto.

Hay que recordar que Israel es una nación muy joven, que nació tras un largo periodo de organización de muchos judíos alrededor del mundo, sobre todo después del holocausto del pueblo hebreo a manos del nazismo alemán. Este movimiento llamado sionismo, determinó que sería en la bíblica tierra de Palestina en donde fundarían su nueva nación, la cual fue finalmente reconocida por la ONU en 1948 -supongo que después de mucho lobbying– tras muchos encuentros y desencuentros con la población árabe nativa, y tras mucha sangre derramada, con la intervención del imperio inglés y el descontento del mundo musulmán. El argumento de los judíos para escoger precisamente a Palestina fue más mítico que histórico, pues argumentaron que era la tierra de sus ancestros en tiempos bíblicos.

Es obvio que el nacimiento de este nuevo Estado fue traumático para una cantidad importante de palestinos, pues de un día para otro les informaron que sus hogares, negocios, tierras y ciudades ya no les pertenecían.

Acercándonos más a la intimidad de lo que esto puede significar, un día tuve la oportunidad de platicar con varias mujeres palestinas en los Emiratos Árabes, y una de ellas me explicó que dentro del territorio palestino que la ONU decidió que se llamara Israel, a todos los habitantes les avisaron oficialmente que recogieran inmediatamente las pertenencias que se pudieran llevar consigo a otro país, pues todo les había sido expropiado con la complacencia de las Naciones Unidas, y claro, sin compensación alguna para los originales dueños. Mi compañera palestina añadió: La casa de mi abuela fue derruida y hoy en sus jardines está instalado el hotel Hilton.

Si este episodio fue traumático para esta familia, que era de muy altos ingresos, tratemos de imaginar qué habrá sido para la clases medias y bajas de esa parte de Palestina.

La gráfica que acompaña a este texto (que ha sido ampliamente difundida en redes sociales), retrata los avances territoriales que ha ido conquistando Israel a medida que incursiona, como ahora, en sus continuas guerras de invasión.

No quiero dejar de expresar, antes de seguir con este tema, mi más profundo respeto al pueblo judío, así como muestro mi conmiseración hacia el pueblo palestino, ya que las decisiones de emprender una guerra no las toman los pueblos -mucho menos las “razas” o las religiones que son usadas como pretexto, y nada más- sino sus gobiernos en turno, o inclusive en ocasiones una muy pequeña fracción de terroristas que para nada representan el sentir de todo un pueblo. Hoy mismo en que la franja de Gaza está siendo bombardeada sin misericordia por el gobierno de Israel, muchos judíos de todas las naciones -Israel incluida- se oponen abiertamente a las políticas bélicas de ese gobierno. Podemos encontrar en las redes sus valientes denuncias, y como ejemplo les comparto las siguientes ligas: Link1 Link2 Link3

Durante décadas, millones de palestinos se han tenido que refugiar en otros países, en condiciones infrahumanas en la mayoría de los casos, para tratar de sobrevivir al eterno empuje de las flexibles fronteras de este Estado artificialmente constituido; pero para nadie es un secreto que Israel no actúa sólo. Estados Unidos está detrás de ese gobierno, y el propio primer ministro israelí Benjamín Netanyahu dijo anoche en televisión que está profundamente agradecido con el gobierno estadounidense por la gran ayuda prestada a Israel para construir su famosa cúpula de acero (Iron Dome), que los ha protegido de los cohetes caseros que la organización guerrillera Hamás han lanzado en su contra.

Otro dato es que Israel es el país que más ayuda “solidaria” ha recibido en la historia, de parte del gobierno de Estados Unidos; y mientras Barack Obama mantiene un discurso en el que pide el alto al fuego y las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, su gobierno suministra el 95% del armamento al gobierno sionista. (Ver)

¿Cuál ha sido la respuesta ante el resentimiento expresado por estos pequeños grupos como Hamás, quienes disparan cohetes que no logran infringir daño alguno en sus blancos? La respuesta han sido dos semanas de ataques aéreos muy efectivos, ahora acompañados por ataques navales y terrestres. Incluso, el día de hoy bombas israelíes impactaron el hospital Deir al Balah en Gaza, con un saldo de cuatro personas muertas (Nota).


En las dos semanas de haberse reanudado este conflicto, ya son más de 500 palestinos muertos, todos civiles, de los cuales, al decir de algunas fuentes, dos terceras partes son niños. Israel ha perdido a 15 de sus ciudadanos, soldados en su mayoría.

Escuché en el noticiero de CNN al Primer Ministro Israelí justificar sus acciones con un alegato en el que pedía que imagináramos a Nueva York, Chicago y Los Ángeles con el 70% de su territorio bajo bombardeo. Luego preguntaba al pueblo de Estados Unidos: ¿No los defendería el gobierno de su país contraatacando a los “terroristas”?.

A Netanyahu se le olvidó comunicar que en esta primera ofensiva de Hamás, antes de los ataques israelíes no había siquiera un herido judío.

Estamos ante el contraste de dos fuerzas que no se pueden comparar en lo financiero, político o bélico. Se trata de un país que tiene muchísimos recursos económicos, las más poderosas y efectivas armas de ataque y defensa, incluso bombas atómicas, y es apoyado por una gran cantidad de judíos en el mundo entero, así como por su eterno aliado, los Estados Unidos y otros países; y por el otro lado, el pueblo palestino hacinado en Gaza, sin recursos financieros, y ausente del mapa político del mundo, al ser considerado un pueblo desechable por la comunidad internacional; esa orgullosa “comunidad de naciones” que no mueve un dedo para detener el avance bélico israelí y su estela de muerte, que al parecer conseguirá por fin que las fronteras de ese país se expandan hasta acabar con todo reducto de Palestina.


Para dimensionar esto, hay que tener en cuenta que el principal socio de Israel, los Estados Unidos, tiene más de mil bases militares en el mundo y gasta en armamento el equivalente a lo que gastan todo el resto de los países del planeta juntos, según afirma el intelectual judío estadounidense Noam Chomsky (Artículo). “Gastos criminales”, llama el gran pensador latinoamericano Eduardo Galeano a estos gastos militares (Ver). Estados Unidos, no hay que olvidarlo, también es el único país del mundo que usó la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, y no la usó sólo en una ciudad como “advertencia”, según defienden sus simpatizantes, sino que la usó en dos, Hiroshima y Nagasaki, más como experimento científico a costa de cientos de miles de vidas, que como necesidad militar real, al decir de muchos historiadores.

¿Hacia dónde vamos como civilización? ¿Hasta cuándo nos dolerán las muertes de hombres, mujeres y niños inocentes? ¿Hasta cuándo el ser humano dejará de tomar ventaja del más débil? ¿Hasta cuándo dejará de destruir a quien decide que es su enemigo? ¿Cuándo aprenderemos a discutir y dialogar nuestras diferencias en vez de destruirnos mutuamente?

¿Hasta cuando, en fin, dejaremos el paradigma patriarcal que está en el origen de todo esto?

Si no lo hacemos pronto, todos seremos palestinos de Gaza, o para ser justos, “todos seremos judíos alemanes”, como proclamaban los jóvenes del mayo francés de 1968 que enfrentaban el autoritarismo de la sociedad de su época. Si el mundo no detiene la tragedia palestina, todos seremos seres desechables por los poderosos.

¿Acaso en México no lo estamos ya sintiendo?

Cristina Sada Salinas.