No es Satanás

Los medios de comunicación del mundo se sacudieron desde el día de ayer con una nota de la agencia Reuters que informó que el Papa Francisco “está tan convencido de que Satanás es el culpable de la crisis que sufre la iglesia por los casos de abusos sexuales y sus profundas divisiones interiores que pidió a los católicos de todo el mundo que recen una oración especial cada día de octubre para intentar derrotarlo”. (liga)

Esta declaración me parecería graciosa si no fuera totalmente irresponsable.

Ahora resulta que la culpa la tiene “el Otro”, el Diablo, como si no fuera un hecho que los abusados han encontrado el valor de pronunciarse y otros seres humanos han encontrado hacia ellos compasión en su corazón, a pesar de que la institución religiosa ha hecho todo para mantener el secreto, incluso condenando a la excomunión a quienes revelen un abuso fuera de los estrictos límites de los muros de la iglesia.

Del discurso oficial del silencio, de la descalificación a las víctimas, del descrédito a los periodistas, del dejarlos sin trabajo a través de sus fieles católicos cómplices, a un discurso de supuesto arrepentimiento, ahora Francisco pasa a hablar de seres supra-humanos como los culpables.

¿Rezar para acabar con esta plaga que efectivamente está dejando cada día en mayor descrédito a la Iglesia?

¿Servirá que cientos de millones de fieles devotos recen en octubre?

¿No sería mucho más efectivo abrir los archivos de la Santa Sede y entregar a las autoridades civiles a los pederastas?

La Santa Sede, con sus múltiples controles, tiene un amplísimo almacén donde todos los secretos celosamente guardados por años de su organización están archivados, incluyendo, claro, los reportes de los sacerdotes que han tenido conductas “ pecaminosas”, o de “conveniente” “corrección” como es la pederastia. Ella sabe a qué parroquias sus obispos han trasladado a los sacerdotes pederastas. También conoce quiénes de sus obispos y cardenales han cometido estos crímenes, y por lo mismo, es partícipe del encubrimiento.

¿Cómo debemos entender, si no, que en el escándalo de Pensilvania todos los obispos involucrados encubrieran? ¿Nos quieren hacer creer que todos ellos “desobedecieron” instrucciones de Roma?

Entiendo que el papa Francisco venga de orígenes muy conservadores, pero culpar al otro -en este caso al Demonio-, por la más fuerte crisis de credibilidad de la Iglesia, me parece que es no tener vergüenza.

Es por estas cosas que hoy los jóvenes se alejan de esta iglesia, por su incongruencia total.

El papa podría dar un giro radical y dejar de pretender ser lo que no es: una víctima.

Cuando se descubrieron los crímenes de Marcial Maciel los “legionarios de Cristo” culparon a los jesuitas, a los masones y a los periodistas.

Ahora Francisco va más lejos y dice que es el Demonio…vaya…

Algunos tuvimos esperanzas por los primeros discursos de este pontífice latinoamericano. Hoy esa esperanza está rota.

El hombre está por encima del sábado (Marcos 2:27), pero la verdad está por encima de los discursos, incluso de los papas. Por encima está la dolorosa verdad sobre los cientos de miles de abusos sexuales de hoy y de siempre por parte de clérigos de la Iglesia católica.

No todos los clérigos, por supuesto, pero ese no es el punto.

El punto es que el culpable no es el Diablo sino la misma institución católica que con ello está cavando su propia tumba. Una iglesia a quien le importan supuestamente los niños en el vientre de su madre, pero no los miles de niños que siguen expuestos a sacerdotes pederastas; sacerdotes que la Iglesia sabe quiénes son, dónde están, y no los entrega a las autoridades.

No, papa Francisco. Tienes derecho de poner a rezar a tus fieles adoctrinados para contrarrestar la fuerza del supuesto “Demonio”, pero mejor asómate a tu propia conciencia. Ahí, en ese ocultamiento, está la clave.

Tú puedes evitar miles de actos de pederastia, simplemente revela al mundo tus archivos secretos y entrega a los criminales a las autoridades civiles en sus respectivos países.

Entonces sí, con esa purga, te creeremos que estás del lado de las víctimas.

 

Cristina Sada Salinas

 

 

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