Mensaje del papa a México: Laicismo y memoria histórica en entredicho

Por Cristina Sada Salinas

Con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia de México, en su conferencia mañanera de hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador abrió espacio para las felicitaciones y mensajes solidarios de un comandante de los carabineros de Italia, así como del papa Francisco, quien envió un texto que fue leído a través de un video por Mons. Rogelio Cabrera, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) (estenográfica). Otros mensajes similares han sido presentados en días pasados en la misma mañanera, entre los que destacan el del presidente de Irlanda (nota) y el de unos astronautas rusos que transmitieron su felicitación desde la Estación Espacial Internacional (ver).

Debido al seguimiento que por años he realizado al actuar de la alta jerarquía católica respecto al fenómeno de la pederastia clerical, me interesó mucho el mensaje del pontífice de Roma al pueblo y gobierno de México, por lo que hago aquí las siguientes observaciones.

¿Qué entiende AMLO por laicidad del Estado?

Una voz en off anunció en la mañanera el mensaje papal leído por Cabrera: “Hemos recibido mensajes de líderes religiosos de todos los credos y de todas las iglesias. México es un Estado laico y el papa Francisco es jefe de Estado, y en esa calidad envió un mensaje con motivo de esta celebración. Agradecemos sus palabras”.

Nos preguntamos, citando al sociólogo de las religiones Bernardo Barranco, cuál es la concepción de laicidad del Estado que tiene el presidente, pues al abrir un espacio tan importante en la máxima tribuna informativa de la presidencia a un mensaje de alto contenido religioso —muy alejado de lo que cabría esperarse de un simple “jefe de Estado”—, se coloca el propio mandatario en una posición desde la que difícilmente se puede reivindicar el laicismo.

“¿AMLO tiene una lectura particular del Juárez laicista?”, se cuestiona Barranco y señala: “Es claro que enaltece más la libertad religiosa que la separación entre el Estado y las iglesias… Estamos ante un curso inédito. Probablemente la Cuarta Transformación (4T) sea un régimen de un peculiar laicismo posjuarista. Un presidente predicador que contrasta con muchos de sus colaboradores que vienen de una tradición anticlerical. Pareciera que AMLO está comprometido con romper la tradición de un laicismo antirreligioso e introducir un laicismo de colaboración. Una laicidad que articule los valores religiosos con el ejercicio del poder. Frente a la crisis de valores de la sociedad mexicana, AMLO parece recurrir al arsenal moral y a los principios ético religiosos que predican las iglesias”. Y advierte: “Como sociedad no podemos dejar que impere el pragmatismo político; debemos tomar muy en serio un profundo debate sobre la laicidad en México” (columna).

Este mensaje papal debería ser oportunidad para renovar ese profundo debate al que nos invita Barranco.

¿Purificación de la memoria?

El mensaje del papa Francisco leído por Mons. Cabrera dice en su parte medular que: “Para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país. Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”.

Se reafirma aquí la ambigüedad intencional de casi todos los mensajes emitidos por la llamada “Santa Sede”:

¿A qué se refiere con “todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”?, ¿a por citar un caso los más de 250 mil muertos que dejó la guerra Cristera que fue impulsada por la cúpula eclesial mexicana? (ver) Nunca esa iglesia ha asumido su responsabilidad histórica en esa masacre de la que sin duda alguna también tuvo enorme responsabilidad el Estado mexicano; como tampoco se ha hecho cargo la institución católica de su nefasto papel en la guerra de Reforma que ensangrentó a México en el siglo XIX.

Al parecer para Jorge Mario Bergoglio la memoria histórica es selectiva, pues al llamar a “un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos”, no está pensando en toda la historia de nuestro país, que incluye el nacimiento y florecimiento de la Legión de Cristo y su “padre fundador” Marcial Maciel, quien murió sin ser tocado por la justicia eclesial o civil. Hasta el día de hoy la iglesia comandada por Francisco no se ha tomado la molestia de ofrecer una disculpa pública a las víctimas de Maciel, considerado uno de los mayores depredadores sexuales de la historia. Así no se purifica la memoria.

Miguel Hidalgo ante los dichos y los hechos de la iglesia

Llama poderosamente la atención que Francisco cite con honrosas palabras la memoria de Miguel Hidalgo, a quien la iglesia excomulgó ignominiosamente en su momento y a quien la iglesia católica se ha negado a reivindicar plenamente bajo argumentos poco convincentes.

Dice el papa en su mensaje: “El aniversario que están celebrando invita a mirar no sólo al pasado para fortalecer las raíces, sino también a seguir viviendo el presente y a construir el futuro con gozo y esperanza, reafirmando los valores que los han constituido y los identifican como Pueblo –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión. Y en este punto, quisiera destacar otro acontecimiento que marcará sin duda todo un itinerario de fe para la Iglesia mexicana en los próximos años: la celebración, dentro de una década, de los 500 años de las apariciones de Guadalupe. En esta conmemoración, es bello recordar que, como lo expresó la Conferencia del Episcopado Mexicano en ocasión del 175º aniversario de la Independencia nacional, la imagen de la Virgen de Guadalupe tomada por el Padre Hidalgo del Santuario de Atotonilco, simbolizó una lucha y una esperanza que culminó en las “tres garantías” de Iguala impresas para siempre en los colores de la bandera”.

Hace apenas unos días, el 15 de septiembre, la propia Conferencia del Episcopado Mexicano que dirige Mons. Cabrera, desestimó una petición de legisladores mexicanos para levantar los edictos de excomunión en contra de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, ya que “que el carácter sacerdotal no se puede perder por ningún tipo de ceremonia, sino que permanece eternamente… a pesar de la degradación, Hidalgo y Morelos murieron siendo sacerdotes de la Iglesia Católica” (leer); un argumento que suena peregrino y muy distante de la reivindicación histórica que de parte del Vaticano merecería nuestro llamado Padre de la Patria, a quien con la aprobación del trono papal se excomulgó bajo estos términos:

“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él” (leer).

La iglesia católica está muy lejos de purificar su memoria histórica, y por lo mismo, de “construir el futuro con gozo y esperanza”.