Lula. A un año de prisión, crece la imagen de un “militante de la utopía”

El día de ayer se cumplió un año de que el expresidente brasileño Luiz Ignacio Lula da Silva fue hecho prisionero acusado de corrupción, ante la indignación de la izquierda latinoamericana y mundial, que ve en esta acción no un acto de justicia, sino una estrategia de la derecha brasileña por reprimir a un líder moral y político que lucha por el bienestar de las mayorías.

El día en que Lula fue arrestado yo me encontraba visitando a Napoleón Gómez Urrutia en su exilio en Vancouver, de modo que le pedí me compartiera sus palabras sobre el significado del arresto de este referente histórico de las luchas sociales de nuestro continente.

Aquí les comparto esa entrevista, cuyo enfoque sigue vigente, pues como bien adelantó Napoleón, la imagen y prestigio de Lula ha crecido con su detención, en lo que coincide el teólogo y luchador social brasileño Frei Betto, quien indicó en su momento que la prisión fortalece a Lula, “porque lo victimizó y hay una fuerte repercusión nacional e internacional. Mandela estuvo preso por 27 años y salió como un héroe para luego ser presidente de Sudáfrica” (nota). Más tarde agregaría: “La libertad de Lula es condición para la democracia en Brasil, con un gobierno neofascista, represor, que persigue a los trabajadores, beneficia a los más ricos y censura el arte…Somos militantes de la utopía” (ver).

Esto tiene su correspondencia en el hecho de que mientras efectivamente el aprecio por Lula crece día con día, la popularidad del gobierno de derecha de Jair Bolsonaro va en picada, cayendo más de 8 puntos en los primeros cien días de mandato (leer). Reprimir a sus oponentes políticos, no le ha valido a la derecha.

Por su parte, el también teólogo de la liberación, escritor y místico Leonardo Boff, ha comentado sobre el alcance de la acción contra Lula: “La intención de los que están en el poder no es solo condenar a Lula, sino condenar el proyecto de nación que él representa… [un ideal] de inclusión para disminuir la gran injusticia social, de autonomía frente al proceso globalización sin estar sometido a otras potencias”. Acusa que Da Silva es objeto de una persecución política por parte de “aquellos mil 700 opulentos y riquísimos, que aún controlan gran parte del Producto Interno Bruto nacional. El proyecto de cambio social está siendo negado y Lula está preso injustamente”. Y advierte, parafraseando a Emiliano Zapata: “Si el Gobierno no se ocupa del pueblo, el pueblo no debe dar paz a ese gobierno” (nota).

La lucha contra la corrupción es un reclamo sentido y primordial en todos los países de América Latina, pero no podemos permitir que esta lucha se desvirtúe para ser usada de pretexto para venganzas políticas y para descarrilar proyectos de gobiernos humanistas y en favor de las grandes mayorías.

Hoy Napoleón Gómez Urrutia es senador de la República, como parte de una “Cuarta Transformación” que con todas sus fallas y contradicciones, ha mostrado que busca atacar las causas de la profunda injusticia social en la que nos han dejado más de treinta años de gobiernos neoliberales. Estemos vigilantes de que ante la gran popularidad que ahora conserva e incrementa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las fuerzas oligárquicas quieran usar el pretexto de la lucha contra la corrupción como arma para detener los avances que puedan lograrse para el bienestar de la nación, sobre todo de sus sectores más desposeídos, todo esto, claro, sin renunciar al ejercicio de la crítica, como no hemos renunciado nunca en este humilde espacio de opinión.

 

Cristina Sada Salinas