“Los mexicanos salieron de los indios… los argentinos llegamos en barcos de Europa”. ¿Es racista el presidente de Argentina?

Nota de César Valdez en exclusiva para cristinasada.com

Hoy mismo el presidente de Argentina, Alberto Fernández, ha desatado gran polémica en medios de comunicación y redes sociales por haberse declarado “europeísta” y haber afirmado públicamente que “Los mexicanos salieron de los indios, pero nosotros, los argentinos, llegamos en barcos de Europa”, parafraseando una cita del intelectual mexicano Octavio Paz que se ha vuelto un lugar común en la cultura popular argentina contemporánea. (nota)

Esta creencia de que a diferencia de otros países del continente americano, la Argentina está compuesta por población única, o casi exclusivamente blanca-europea, no es ninguna novedad ni es exclusiva de este mandatario que se asume de izquierda y que se presenta como hombre progresista. Todo lo contrario, el mito de la blanquitud de los argentinos tiene muchos años construyéndose, a expensas de la exclusión y negación de la existencia de una importante población afrodescendiente, que ronda entre el 4 y 6 por ciento (ver), así como del casi un millón de personas que se identifican como indígenas o descendientes de indígenas, de un total de poco menos de 15 millones de habitantes en todo ese país del Cono Sur. (leer)

El antropólogo Alejandro Grimson, en su libro “Mitomanías argentinas, cuando hablamos de nosotros mismos” (libro), llama a este proceso de negación de la diversidad de orígenes, “desetnización”, o sea, un intento por forjar una identidad nacional en la que no habría más que una “raza” que fue producto de mezclas, pero entre blancos europeos, no entre blancos e indígenas o afrodescendientes.

Así es que el presidente argentino no es más racista de lo que es una tradición establecida en su país, que niega a una parte importante de su población en aras de una idea de unidad nacional que fue construida durante décadas y que ha arraigado en la percepción general, no solo de los argentinos sino de todos los latinoamericanos. ¿Quiénes entre nosotros pensamos en personas indígenas o afrodescendientes cuando pensamos en la población argentina?

Ojalá que las virales y desafortunadas declaraciones del presidente Alberto Fernández —amigo y aliado cercano de Andrés Manuel López Obrador — sirvan para que tanto él como sus compatriotas, y todos los habitantes de países tan diversos étnica y culturalmente como los nuestros, emprendamos una profunda reflexión sobre nuestras percepciones, nuestras intolerancias y nuestros más arraigados mitos de exclusión y racismo.

Dejo aquí dos citas del mencionado antropólogo Alejandro Grimson a propósito de este tema:

I

«Durante la mayor parte del siglo XX, se enseñó en las escuelas argentinas un relato que afirmaba que la población del país era el resultado de un “crisol de razas”. Periodistas e intelectuales repetían la frase. Como afirma Ezequiel Adamovsky,

por la época del Centenario se creó otro de los grandes mitos de la historia argentina: el del “crisol de razas”. La imagen sugería que todos los grupos étnicos que habitaban la Argentina, viejos y nuevos, se habían ya fusionado perfectamente y habían generado una “raza argentina” más o menos homogénea. […] Se argumentaba que todas las razas se habían fundido en una sola, pero al mismo tiempo se sostenía que esa fusión había dado como resultado una nueva que era, básicamente, blanco-europea. […] Los principales trabajos de ‘especialistas’ sobre la formación de la sociedad argentina han repetido esta idea según la cual se trata de un país básicamente blanco y formado por inmigrantes europeos. […] Incluso los censos han sido diseñados de modo que minimizan el peso de otros grupos étnicos. También la literatura y el teatro contribuyeron a difundir, desde fines del siglo XIX, esta imagen idealizada de la integración y fusión de todas las razas.

»En otros países, como Brasil, también se habla de mezcla racial. Pero, mientras en el imaginario brasileño las “razas” que se entrecruzaron fueron los blancos, los indígenas y los afrodescendientes, en la Argentina esas “mezclas” fueron borrándose hasta que la idea de “razas” quedó reducida solamente a las europeas: la raza española, polaca, italiana. Un mosaico muy curioso.

»Los argentinos, según ese relato, descenderíamos de los barcos. Carecemos de sangre indígena. Ese régimen de invisibilización de la diversidad explica que, cuando un historiador afirma que el general San Martín fue hijo de una india guaraní, se genere un escándalo.

[…]

»Las versiones populares de una nacionalidad cruzada por lo indígena (muy fuertes en algunas provincias) permanecieron ocultas por la hegemonía aplastante de la concepción porteña que postula que los argentinos descienden de los barcos. Ese relato mítico acerca de la homogeneidad cultural argentina fue eficaz: implicó que la etnicidad no se constituyera en un eje del conflicto social, como sucedió en otros países.

»En la Argentina hubo, como señala Rita Segato, un proceso de desetnización por el cual “la nación se construyó instituyéndose como la gran antagonista de las minorías”. Las personas étnicamente marcadas fueron presionadas por el Estado “para desplazarse de sus categorías de origen y, solamente entonces, poder ejercer confortablemente la ciudadanía plena”. El uniforme blanco en el colegio, la exclusión de las lenguas indígenas de la educación pública, el servicio militar obligatorio y la restricción de nombres de pila considerados extranjeros fueron antídotos contra el cosmopolitismo.

»En el mediano y largo plazo la tendencia fue una creciente desmarcación étnica entre generaciones. Esa desetnización se vinculó a la promesa de cierta igualdad, siempre sobre la base de aceptar parámetros culturales definidos como “argentinos”.

»La presión del Estado nacional para que la nación se comportara como una unidad étnica, junto a su efectiva capacidad de inclusión social, conllevó que toda diferenciación o particularidad fuera percibida como negativa o, directamente, resultara invisibilizada.

Alejandro Grimson

Libro: “Mitomanías argentinas, cuando hablamos de nosotros mismos”

II

« Yo tengo una mezcla de historias y culturas europeas que me colocan en ese gran grupo de argentinos “descendientes de los barcos”. Pero tengo la particularidad de ser uno de los muchos “descendientes de los barcos” que estamos convencidos de que los argentinos no somos sólo eso y que rechazamos el imaginario europeísta blanco de lo argentino. [El imaginario-mito dice]… que acá la Nación es una mezcla blanca. Y entonces la mitad del país queda afuera de ese imaginario. Esa es nuestra forma hegemónica y es la contraria a la del resto del continente, que asume su mezcla: por ejemplo mestizo en México y Perú, o mulato en Brasil, son categorías centrales y se da cuenta de ellas en las tradiciones de doble apellido. En esos países la mezcla se instituye como una homogeneidad: son naciones homogéneamente mezcladas. Acá pasa lo contrario: yo soy mezclado y sin embargo en el imaginario soy un europeo descendiente de los barcos y representante estereotipado de ese imaginario argentino. El debate público, la vida cotidiana y nuestra convivencia están atravesados por estos mitos y creencias. Sean de derecha o izquierda, patrioteros o extranjerizantes, laicos o religiosos, es necesario desactivarlos para construir un país realmente plural, que sin duda va a ser un país mejor. Porque esa es nuestra identidad».

Alejandro Grimson

Nota: Alejandro Grimson: “Los mitos entorpecen la construcción de un país realmente plural”