Las diversas presencias del Espíritu

Ya he compartido en dos ocasiones anteriores -lo saben quienes tienen tiempo de leer mis escritos-, que esta página no versa únicamente sobre cuestiones sociopolíticas, sino que abarca otras dos áreas. Una de ellas es la ecología y sustentabilidad, la otra versa sobre temas concernientes a la espiritualidad.

Más allá del controvertido tema de las religiones -que en vez de religarnos a los humanos con lo trascendente, muchas veces nos invitan a un falso sentido de superioridad y fanatismo-, creo en el poder del espíritu para hablarnos en una gran variedad de formas; ya sea a través de otros seres humanos a los que consideramos sumamente elevados por el grado de desarrollo que han alcanzado; ya sea a través de documentos considerados “sagrados”; o incluso por el gran concierto y la extraordinaria manifestación de la naturaleza en todo su esplendor.

Este domingo tengo el privilegio de tener a la mano la prédica de un amigo sacerdote católico, quien generosamente nos comparte estas reflexiones sobre el evangelio que se lee este día en las iglesias. Considero que es una muy buena reflexión para quienes en alguna forma nos asomamos y/o sufrimos las injusticias de este actual momento civilizatorio. En ella, nos anima a no descorazonarnos y a continuar el camino del compromiso con ánimo y esperanza. Nos recuerda que no podemos esperar a que “Dios” se aparezca ante nuestros ojos e intervenga en los asuntos que creamos colectivamente como humanidad, ya sea por nuestra participación directa en ellos, o por nuestra omisión.

Ojalá y disfruten de esta bella reflexión de nuestro amigo el padre Elías López.

Por último, les comparto que me encuentro en Boston, MA., debido a un compromiso de familia, y tuve la alegría de encontrarme en la calle con un panfleto que invita a una manifestación que se llevará acabo el día de mañana en repudio a la guerra entre Israel y Palestina. Me alegra sobremanera que tanto ayer como hoy los ciudadanos de diferentes países levanten su voz para protestar por las brutalidades que a nombre de la autodefensa, ahí ocurren.

Estando cierta de que debemos de encontrar la capacidad de sostenernos en las batallas en las que cada uno nos encontremos en nuestras vidas, confiando en que, haya o no haya Dios o vida “eterna”, nuestra capacidad de crecer en conciencia y entregarnos a nobles causas, -como el Dr. Mireles, Mandela, Martin Luther King-, nos permitirá justificar el enorme esfuerzo del universo al haber creado este ser singular que todos y cada uno de nosotros somos. Insignificantes tal vez, pero únicos e irrepetibles. Dios, el Universo, y más aún, nuestros hermanos menos privilegiados que nosotros, reclaman que atendamos su sufrimiento y hagamos lo posible por aminorarlo.

Feliz domingo familiar.

Cristina Sada Salinas.

LA BUENA NOTICIA DE JESÚS

¿DÓNDE PODEMOS ENCONTRAR A DIOS?

Con frecuencia nos preguntamos dónde encontrar a Dios. Pero la verdad es que, si le buscamos, Él sale a nuestro encuentro. El evangelio de este domingo nos invita a encontrarle en el monte y la tempestad.

El relato de Mateo (14,22-33) describe a Jesús orando a solas en la montaña, mientras sus discípulos atraviesan el lago en medio de la noche y de la tormenta: “La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario” (v. 24).

Jesús, en medio de la noche, “se acercó a ellos caminando sobre el agua” (v.25). Los discípulos, que no esperaban verlo de esa manera, “se asustaron y gritaron de miedo pensando que era un fantasma” (v.26). Con su cercanía Jesús no pretende suprimir las dificultades de la vida y las situaciones de oscuridad, sino infundir confianza para avanzar en medio de ellas: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo” (v.27).

Jesús se encuentra con Dios, su Padre, en el silencio de la oración. Así es nuestro Dios: tan discreto y silencioso que parece estar ausente de nuestras vidas, de nuestra historia.

A los humanos nos desespera esta aparente inactividad de Dios. Quisiéramos que interviniera para acabar con las guerras, las hambrunas, las masacres, los genocidios y todas las tragedias humanas. Y pensamos: si permite que todo esto pase, es que no tiene corazón. O es una mentira que sea omnipotente, porque no puede meter orden en este mundo caótico.

Se nos olvida que, desde el momento en que nos hizo personas libres, Dios compartió nuestra fragilidad y humanidad. Si hubiera querido conocer y controlarlo todo de antemano, habría creado seres humanos autómatas. Dios es relación, comunidad; Dios es Amor. Su solo poder es el poder del amor y Él sólo puede manifestar este poder a través de nosotros. Por eso en la historia del hombre que le reclama a Dios por no hacer nada para ayudar a una pobre niña que tenía hambre y frío, Él le responde en sueños: “Sí, estoy haciendo algo: te hice a ti.”

También podemos encontrar a Dios cuando nos enfrentamos a las tempestades de la vida, cuando luchamos por mejorar esta sociedad, desgarrada por la corrupción y la violencia. Con frecuencia la esperanza parece esfumarse, porque el sistema es poderoso y se defiende con todo y… nuestros esfuerzos parecen estériles. También en la barca la situación es desesperada. Mateo habla de la “noche”, “la fuerza del viento” y el peligro de “hundirse en las aguas.” Con este lenguaje va describiendo la situación de las comunidades del primer siglo, amenazadas desde fuera por la hostilidad del poder romano y de las autoridades religiosas y tentadas, desde dentro, por el miedo y la poca fe.

Hoy vivimos en la sociedad del miedo. Tenemos miedo a la violencia, a la contaminación. Miedo a perder nuestro puesto en el trabajo. Miedo a la soledad, al aislamiento, a vernos solos y desamparados en la vejez. Tenemos miedo a los cambios en la iglesia y en la religión y ese miedo nos hace ver fantasmas por todas partes, nos hace olvidar el presente y añorar el pasado. Pero, sobre todo, nos impide colaborar en el bienestar de la sociedad, metidos en nuestro pequeño mundo familiar.

Pero Jesús se acerca a nosotros. Y nos transmite su fuerza, su seguridad y confianza y nos dice las palabras que necesitamos escuchar: “Ánimo, soy yo, no teman.”

Elías López B. Pbro.