La desaparición del engaño. De Zabludovsky a los “Peñabots”

Me pregunto: ¿qué opinaría realmente yo de mí misma si tuviera el dinero suficiente para poder contratar a cientos o miles de personas para que escribieran constantemente comentarios positivos y halagadores sobre lo que yo escribo, opino y declaro en redes sociales y medios de comunicación?, ¿si los contratara para aplaudir mi desempeño como “servidora pública” —si acaso lo fuera— con cargo al erario?

¿Cuál sería mi auto percepción si el dinero del gobierno, proveniente de los impuestos que pagan todos los mexicanos, fuese usado para intentar acallar la crítica ciudadana hacia mi persona en Internet a través de comentarios agresivos, creados artificialmente contra quien osase criticarme, o peor aún, si a la vez la consigna fuese engrandecer y alabar mis supuestas cualidades?

La presidencia de la República gasta una cantidad no determinada —debido a que en esta área no existe aún transparencia— de recursos públicos destinados a la comunicación en la todavía nueva estrategia “comunicativa” de contratar “acarreados virtuales” “bots”, “Peñabots” o “come lonches” —como les llamamos en Nuevo León—, en una época en la que para acallar el descontento ciudadano han dejado de funcionar los mecanismos anteriores usados por décadas, como son la compra de periodistas de diarios o televisión con grandes audiencias, o incluso el veto de dejar de venderles el papel periódico, como antaño, a aquellos medios impresos que se deslinden de la línea dictada por la Presidencia.

No. A pesar de los enormes recursos invertidos en la imagen de los políticos, en esta era de la informática su descrédito y pésima imagen no se puede maquillar más.

Hoy los ciudadanos hemos dejado de ser entes pasivos, al menos en la dinámica de Internet, y somos capaces de generar “trending topics” en twitter y Facebook, expresando fuertes críticas a los gobernantes, a sus acciones y omisiones. Muchas de ellas se han centrado en Enrique Peña Nieto y en otros destacados personajes públicos, sin que los cerebros de la comunicación oficial logren amortiguar el golpe de burlas y descrédito sobre sus patrones, a pesar de la gran inversión que hacen en equipos materiales y humanos destinados a estas auténticas guerras cibernéticas.

Los “expertos” contratados hacen todo lo posible por intentar mantener ante sus importantes clientes la fantasía de que ellos son admirados y aplaudidos, casi adorados como semidioses. Pobre de nuestro presidente, de quien, gracias a un micrófono abierto, nos pudimos enterar de que algo de la realidad se alcanza a filtrar hacia el César, cuando escuchamos su famosa frase: “Ya sé que no aplauden” (nota). ¡Oh!, ni con todos nuestros impuestos trabajando y los incansables ejércitos de “ciberbots” a tres turnos, alcanzan para evitar que el moderno César mexicano se entere de que no es adorado, admirado y aplaudido como él desearía.

El cuento de Blanca Nieves ilustra con toda claridad la frustración de la madrastra cuando el espejo le devuelve su imagen de una mujer envejecida. En vez de aceptar que ella no es la más hermosa del reino, con mágicos brebajes se convierte en bruja y furiosa, parte a envenenar a la bella hijastra. Hoy, por más magia que quieran realizar los expertos en imagen con sus cientos de miles de mensajes virtuales, el espejo alcanza a mostrarle a la madrastra que su imagen ha caído por los suelos hace mucho tiempo, y hoy no es más, ni en la prensa nacional ni en la internacional, el presidente que llegó a “Salvar a México” o “Saving Mexico”, como lo retrató de manera tan triunfalista la revista Time (ver).

No. Enrique Peña Nieto y la gran mayoría de nuestros gobernantes cargan con un descrédito inmenso, como el hoy expresado en redes sociales hacia Jaime Rodríguez Calderón en NL, y manifestado más allá de las redes con la renuncia de seis de los siete miembros de la llamada Contraloría Ciudadana, creada con la intención de coadyuvar en el combate a la corrupción, tan cacareado y fracasado de este nuevo gobierno independiente. Ante la salida ilegal e inmoral que “El Bronco” dio al escándalo del “CobijaGate”, estos valientes ciudadanos prefirieron dejar de ser parte de la simulación y mostrar con su renuncia su desacuerdo, que es a la vez una acusación directa en el sentido de que el gobierno “independiente” sigue siendo igual a los gobiernos anteriores en materia de corrupción (leer).

Los ciudadanos que nos hemos involucrado públicamente en la búsqueda de transformar a nuestro estado y país para caminar hacia la justicia, democracia y transparencia, nos arriesgamos a ser envenenados, no con una manzana, sino con la descalificación moral, la pérdida del trabajo, la persecución jurídica o fiscal, e incluso el secuestro, desaparición o muerte, en la vía pública o en la oscuridad de la noche, siendo todas estas armas del sistema, irónicamente, pagadas con nuestros impuestos. Muestra de este fenómeno es el video que acompaña a este texto, un ejemplo muy ilustrativo.

Entre más alto es el perfil del denunciante, como en el caso de Carmen Aristegui, más peligro corren los comunicadores, activistas, ecologistas y luchadores por los Derechos Humanos en este país gobernado por una élite política que exhibe sus riquezas sin empacho y se da una vida al estilo de los jeques árabes y la nobleza europea.

Los espejos hoy son más claros por más engaños de audiencias cuidadosamente seleccionadas, —como el el cuarto informe presidencial—, por más cientos de miles de “bots” que intenten maquillar la sucia y envejecida imagen de la clase política. No dudo que su ego caiga en la ira y la desesperación ante semejante semblante de horribles rasgos por lo que corran a preparar sus brebajes venenosos. Aún creen que destruyendo a los mensajeros, su imagen retomará el esplendor de la famosa portada del Time, “Saving Mexico”.

Deben de añorar los viejos tiempos en que Jacobo Zabludovsky podía controlar la noticia del día afirmando “Hoy es un día soleado” después de la masacre de Tlatelolco.

NOTA: Para quienes quieran profundizar en el tema, anexo más abajo un excelente artículo de Gabriel Sosa Plata aparecido en el portal Sinembargo.

 

Cristina Sada Salinas

 

 

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“Peñabots” y el fracaso de la comunicación política

 

Por Gabriel Sosa Plata / Sinembargo / Septiembre 27, 2016

 

El doctor Ernesto Villanueva, destacado académico e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, inició en la plataforma change.org la petición de eliminar del presupuesto público la creación usuarios simulados o reales en redes sociales, cuya misión es apoyar el discurso y la imagen del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Más conocidos como “Peñabots”, estos usuarios violan, en opinión del también miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), dos artículos constitucionales: el sexto, porque lastima el derecho a saber de los mexicanos al activarse un mecanismo de desinformación y propaganda que busca atajar las críticas el Jefe del Ejecutivo, y el 134 que prohíbe la promoción personal de los funcionarios públicos, como ocurre con estas cuentas (véase su colaboración en Aristegui Noticias, 19, 21 y 23 de septiembre, 2016).

La petición surge a partir de lo que han revelado diferentes investigaciones sobre la cada vez más frecuente explotación de estas técnicas de persuasión. Uno de estos estudios, elaborado por el periodista Daniel Pensamiento y Abel Jonathan Espinosa, un joven ingeniero en mecatrónica egresado del Tec de Monterrey y posgraduado en inteligencia de redes y nuevas tecnologías de la información, estima la existencia de 640 mil 321 cuentas de “Peñabots” en Facebook y un millón 216 mil 93 cuentas en Twitter, en el periodo analizado que va del 1º de enero al 1° de septiembre de 2016.

Este costoso ejército de usuarios virtuales y reales no logra en muchas ocasiones su objetivo porque, con base en el mismo estudio, prevalecen las críticas hacia el Presidente. Pese a su ineficacia, sí pueden modificar los temas de discusión, alteran la agenda de los usuarios (reales) de estas redes sociales y distorsionan la opinión pública. Además, mediante el acoso, inhiben la participación de quienes en pleno ejercicio de su libertad de expresión opinan sobre la gestión de Peña Nieto o de su círculo más cercano.

La contratación de despachos especializados para estas estrategias comunicacionales es una perversión en cualquier Estado democrático. Al hacerlo, el gobierno o quien lo haga a su servicio demuestra en la práctica que no está dispuesto a ejercer el poder con los más elementales principios democráticos, como la tolerancia y el debate, y peor aún, utiliza los recursos económicos de la misma sociedad para generar corrientes de opinión artificiales, alejadas de la percepción ciudadana.

Encuestas levantadas por diversos medios revelan que la aprobación del Presidente Peña Nieto sigue cayendo y esto se refleja ampliamente en Twitter y Facebook. Una de las más recientes, la del periódico Reforma (agosto 2016), señala que la gestión del mandatario federal tiene aprobación del 23 por ciento de la ciudadanía, mientras que un 74% lo desaprueba. En tanto, entre líderes, registró un nivel más bajo con el 82% de desaprobación y sólo un 18% de respaldo. Dicen Daniel Pensamiento y Abel Jonathan Espinosa, autores del estudio referido, que en el mismo periodo analizado (1° de enero al 1° de septiembre de 2016), el Presidente acumuló 82 millones de críticas, memes y sátiras en su contra, que desesperadamente buscan revertirse desde diferentes oficinas contratadas en el país.

Por supuesto que el Presidente y su equipo están en su derecho de comunicar los logros de Peña Nieto, pero no es ético ni legal hacerlo con técnicas de acarreo digital. Su uso, además, confirma las deficiencias en el diseño y aplicación de las más elementales estrategias de la comunicación política, ya que el objetivo de convencer comunicacionalmente a la sociedad del buen desempeño gubernamental no se busca a partir de logros tangibles, sino de aplausos generados de una realidad virtual (que no vota y en general no existe) y de coberturas periodísticas a modo, que tampoco han sido funcionales.

El uso de los “Peñabots” es la materialización del fracaso de la comunicación política en Presidencia de la República. Son, como decía, una acción desesperada ante una opinión pública crítica, pero que a diferencia de otras épocas no pasa inadvertida, como la foto de un político sonriendo a un niño para generar una imagen de confianza, sino que ahora se evidencia con datos duros y comprobables, lo que genera paradójicamente más rechazo. Es, pues, una estrategia de escasos resultados y un gasto inútil.

El problema, sin embargo, no está sólo en cómo comunicar y convencer. Como lo advierten los expertos de la comunicación política, el problema está en la política, en el desempeño de un gobierno con escasos resultados benéficos para la sociedad, en la deshonestidad de algunos de sus funcionarios, en la ineficaz lucha contra la corrupción y la inseguridad, en los escasos logros para abatir la impunidad y la violación a los derechos humanos, es decir, todo aquello en lo que desafortunadamente la actual administración ha tenido poco éxito.

La petición del doctor Villanueva debe ser tomada en cuenta por las legisladoras y los legisladores. Al establecerse la prohibición expresa para utilizar los recursos en el desarrollo de estas regresivas técnicas en redes sociales en las partidas asignadas a comunicación social, estudios de opinión pública o cualquier otro concepto incluido en el Presupuesto de Egresos de la Federación, hay herramientas legales para supervisar más estrictamente el gasto y su aplicación. ¿Es suficiente? No, porque sin voluntad política siempre habrá dinero para este tipo de propaganda encubierta, ya sea proveniente del mismo gobierno o de grupos que simpatizan con el Presidente y otros funcionarios públicos.

Los “Peñabots” no desaparecerán. Luego vendrán los “Osoriobots”, los “Zavalabots” o los “Pejebots”. Su uso parece ser una práctica frecuente de nuestra clase política, que busca ser un sustituto o complemento en la era infocomunicacional de los acarreos masivos a cualquier acto de campaña o de gobierno. Es una expresión de la calidad de nuestra democracia y de los enormes retos que tenemos como sociedad. Identificar, convivir y rechazar a estos usuarios virtuales y pagados es también parte de nuestros aprendizajes sobre el mundo digital.

 

@telecomymedios

 

Texto tomado de: liga