La bala incrustada

Aquí estamos viendo la reciente radiografía del cráneo de la madre de una colaboradora mía.

 

Es una bala “perdida” incrustada en su paladar, la cual por milímetros no llegó a destrozarle también el cerebro.

 

Con el permiso de la familia decidí mostrarla, pues temo que también es la imagen simbólica de nuestro país, un país que está a punto de derrumbarse por las balas que abarcan a la inseguridad, la violencia, la corrupción, la impunidad, la creciente desigualdad, así como el abuso del poder político que no sólo desvía nuestros recursos hacendarios a arcas partidistas y privadas, sino que muestra ya un claro desprecio y cinismo ante los reclamos de su población. Un país cuyo presidente hace shows mediáticos cuando emite su supuesto informe presidencial anual escondiéndose de la ciudadanía, pues conoce su desprecio.

Varios jóvenes asaltaron el transporte público en el que viajaba la buena mujer a quien le tomaron esta radiografía. Con armas de fuego en mano los delincuentes exigieron a los pasajeros dinero y los teléfonos celulares de todos ellos. Uno de esos pasajeros era un muchacho que no traía ni dinero ni celular, lo que desató la ira de uno de los asaltantes, quien apretó el gatillo varias veces, asesinando en el lugar a este muchacho, sólo por ser tan pobre que no llevaba consigo nada de valor que robarle.

Una de las balas disparadas no dio en la joven víctima sino que cambió su rumbo para incrustarse en la mandíbula de la madre de mi amiga, una mujer de cerca de 60 años que sobrevivió de milagro, ya que la bala por milímetros no llegó a su cerebro. Gracias a ello hoy sigue viva, pero está en su casa sufriendo de dolores indescriptibles, ya que no sólo le tuvieron que hacer una operación para extraerle la bala e intentar reconstruir su paladar, sino que el proyectil le destrozó muchos de sus dientes y dejó nervios expuestos, condición para la cual prácticamente no hay ningún analgésico que funcione.

Tras el asalto, los pasajeros, a pesar de su propio trauma psicológico, llamaron insistentemente a la policía, la Cruz Roja y la Cruz Verde, pero ninguna de estas corporaciones llegó, así que con la ayuda del chofer del camión los familiares de la señora realizaron un desesperado peregrinar por hospitales de la Ciudad de México, los cuales se negaron a atenderla. Finalmente en un nosocomio, una doctora les dijo que no la podía intervenir, a pesar de su hemorragia, hasta que se hiciera presente un agente del Ministerio Público, pues se trataba de una herida con arma de fuego. Mientras la señora se desangraba, por fin otra doctora compasiva fue quien realizó la operación que le salvó la vida.

Los jóvenes asaltantes por supuesto que huyeron con su botín, y la autoridad no parece interesarse en atraparlos. Un crimen impune más en la hermosa pero violenta capital de nuestro país.

Este año estamos viviendo ya el inicio del próximo ritual de las llamadas “elecciones presidenciales” donde votaremos a favor de éste y muchos otros puestos de extrema importancia en la conducción de nuestro país.

Estoy convencida de que a pesar de este importante ritual, no somos una democracia. Elegimos entre los candidatos electos por una élite de poder en los partidos y/o por candidatos dueños o líderes de su propio partido.

En esta página no me verán intentar influenciar para que voten por un candidato y mucho menos por un partido. Puedo enumerar múltiples razones por las cuales ningún candidato o partido me entusiasma en este 2018. Al mismo tiempo, sin embargo, creo que el primero de julio debemos de asistir a las urnas, y para entonces debemos de votar o anular nuestro voto con extrema responsabilidad. La responsabilidad implica haber investigado seriamente las pocas opciones que tenemos y desde ahí tomar nuestra decisión.

Nos toca a toda la población en edad adulta contribuir para que la bala que está a punto de asesinar a nuestro amado país no avance más, y aunque destrozado y con extremos dolores, pueda sobrevivir.

Se lo debemos a nuestros hijos o nietos. Nos lo debemos a nosotros mismos.

Tenemos derecho a no ser explotados con mayores impuestos, constante inflación, inseguridad, corrupción, desdén de las autoridades ante nuestras urgentes necesidades, derroche en corrupción y derroche en el mismo ritual donde nos hacen sentir importantes por emitir nuestro voto.

Aun con todo en contra, investiguemos a los candidatos partidistas y supuestos independientes.

Es tiempo de darnos cuenta que ni llevando a la mejor persona —si la hubiera— a la silla presidencial, el país mejorará, si seguimos siendo nosotros apáticos políticamente.

Acaba de pasar por mi tierra la “Caravana por la Dignidad” encabezada por Javier Corral, gobernador de Chihuahua, y los nuevoleoneses que fuimos a apoyarlo no llegamos a doscientas personas, a pesar de que Corral hizo lo que jamás hizo nuestro gobernador con licencia Jaime Rodríguez Calderón, primer gobernador disque “independiente” de la historia de México: Enfrentarse al gobierno federal e intentar encarcelar a los corruptos. Creo que todos sabemos la farsa en la que se convirtió Jaime Rodríguez, “El Bronco”, un alfil más del sistema, un engaño más a los nuevoloneses…

El gobernador Corral, más allá de la crítica sobre si era partidista su reclamo ante las autoridades federales, hizo algo que ningún gobernador ha hecho en la reciente historia de México: Se enfrentó al corrupto gobierno federal con un justo reclamo por fondos que le retuvieron a Chihuahua por estar él haciendo una investigación de triangulación de dinero para favorecer al PRI, donde hasta el mismo Luis Videgaray está implicado.

Atender nuestros asuntos privados pero abstenernos de participar en la cosa pública, no es suficiente si queremos un México que sea nuestro hogar y no un cementerio de víctimas directas o indirectas del poder político reinante.

Nos mienten, nos roban, nos asesinan y nos abandonan como a la señora víctima de la bala incrustada cerca de su cerebro.

Usan el dinero de las arcas públicas para enriquecerse y entregan las riquezas de nuestro país a manos de compañías mexicanas y extranjeras de las que seguramente son también socios los detentadores del poder político. A eso le llamaron el “Pacto por México”, y veamos qué resultados ha dado el famoso pacto.

Si no luchamos por los más pobres, por los más indefensos, por una educación de calidad, hagámoslo por nuestros hijos o nietos.

Ya la bala ha destrozado físicamente a más de cien mil compatriotas mexicanos en el sexenio de Felipe Calderón y otra cantidad similar en el de Enrique Peña Nieto. Todo apunta a que, en lo que falta para el final de su mandato, la cifra de homicidios en el sexenio de Peña Nieto será mayor que la de la administración de Calderón.

México de mis entrañas:

Ojalá que la bala de la injusticia y el abuso de poder, de la negligencia de las autoridades cómplices de los criminales y de la desigualdad social, no llegue a tu cerebro o a tu corazón.

Luchemos por un México justo y próspero, no tanto ya por nosotros los adultos, sino principalmente por los jóvenes y niños que desgraciadamente están heredando una nación endeudada y violenta, en la que millones de muchachos como el de esta historia corren a diario el peligro de no regresar a sus casas cuando salen a trabajar, donde miles de mujeres jóvenes y adultas son asesinadas impunemente, por ser mujeres, por ser pobres y porque nosotros preferimos no participar en política.

Está muy bien disfrutar del ocio, del futbol, del baile y de la familia, pero el país en el que vivimos se desangra, es uno de los más violentos del mundo.

Podemos entre todos ser esa doctora que sí intervino y salvó la vida de la madre de mi amiga.

Saquemos la bala del paladar. Salvemos a nuestro país. Seamos dadores de vida, no indiferentes.

 

Cristina Sada Salinas