Jornadas laborales excesivas en México: un testimonio

Por Cristina Sada Salinas


Antier 5 de diciembre fuimos atendidos por una mesera en un restaurante de una famosa cadena de alta concurrencia y de precios accesibles para las clases medias en Ciudad de México. Tuve la iniciativa de preguntarle a la mesera a qué hora iniciaba su jornada laboral, dado los temas que recientemente he abordado en este espacio respecto a las oportunidades laborales para las mujeres.

Ella de forma muy atenta me contestó que iniciaba su jornada laboral a las 5:30 am; luego le pregunté a qué horas despertaba y me respondió que a las 3:00 am. Con inquietud le pregunté a qué hora se había dormido: “a las 11:00 pm”, aseveró.

Ignoro si ella realiza dos turnos en esta cafetería emblemática de la capital de la República, pero me quedó claro que los horarios de trabajo de este sector de la sociedad son excesivos, precarios y contradictorios con el derecho que tienen los trabajadores a su descanso, a la salud y al sano disfrute junto a su familia.

El domingo pasado publiqué un artículo (leer) en el que critico el aumento del salario mínimo del 22% que, aunque histórico y representativo luego de un prolongado periodo neoliberal, lo cierto es que no alcanza para satisfacer de forma óptima las necesidades del trabajador y las de su entorno familiar; y en este sentido es necesario ratificar que la naturaleza real del salario apunta a ello: las satisfacción de las necesidad propias y las del núcleo familia.

Escuchar esta situación de viva voz de alguien que nos estaba sirviendo nuestro desayuno me conmovió, porque ver y sentir es más fuerte que escribir y hablar; por lo tanto, genuinamente deseo que hagamos lo necesario porque la 4T logre mejores y mayores condiciones para la gran mayoría de la población mexicana, quienes con su esfuerzo diario y honrado han mantenido a nuestra Patria/Matria de pie.

No debemos olvidar a que a nivel mundial las y los trabajadores mexicanos están entre los que más horas trabajan al día sin que esto se traduzca —lamentablemente— en una mayor productividad. Más bien se trata de una cuestión “cultural”, como lo indican algunos especialistas.

Al respecto indica una nota reciente del periódico El Economista: “A pesar de la reducción en las horas trabajadas en 2020, México se mantiene como el país con las jornadas más extensas, incluso durante la pandemia. En promedio, los mexicanos laboran 2,124 horas al año, esta proporción es de 1,687 entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE)”. (nota)

Por su parte Roberto Martínez, director de la OCDE en México señala: “En México se trabaja, de manera muy notable, más horas que el promedio de los países de la OCDE y, al mismo tiempo, la productividad durante esas horas de trabajo no es igual de alta. Parece que hay un bono cultural que reconoce o da mayor valor al trabajo de las personas por el número de horas que destina al trabajo más allá del valor que generan durante ese tiempo”.

Debemos poner en cuestión este “bono cultural” que no beneficia nuestra economía pero sí apuntala una práctica de abuso y explotación hacia las y los trabajadores mexicanos.

Sigamos poco a poco en esta revolución de las conciencias como le ha llamado el actual presidente de la República. Debemos avanzar en mantener y mejorar las legítimas conquistas de los trabajadores, de forma inclusiva y a través del consenso de las representaciones del mundo del trabajo (sindicatos, gobierno y patronos), e ir avanzando con leyes firmes al lado de un renovado sistema judicial que garantice la tutela de los derechos labores, que en su mayoría sigue corrompido, lo que impide que la justicia llegue a todos los rincones del país.

 

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