Ivermectina: urgente clamor ciudadano ante la pandemia

La curva de contagios y muertes por Covid-19 crece sin parar en México. Se registran  alrededor de mil personas fallecidas y 6 mil casos nuevos por ese padecimiento día con día. Y mientras las autoridades de salud de nuestro país —haciendo eco de los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud— aseguran que no hay aún ningún medicamento que cure esta devastadora enfermedad, en las redes sociales se ha vuelto popular una sustancia: la Ivermectina.

Artículos científicos, reportajes, notas periodísticas, videos con opiniones de médicos expertos y sobrevivientes, audios de Whatsapp y miles de publicaciones en todas las redes sociales apuntan a que este medicamento es una esperanza para detener de manera considerable el número de muertes ocasionadas por Covid-19.

Sin embargo, a pesar del gran alud de testimonios y experiencias positivas que se han registrado a lo largo y ancho del mundo, las autoridades mexicanas (así como las de la mayoría de los países), se niegan a hacer pruebas científicas, con valor oficial, que avalen el uso de este esperanzador fármaco. Y como sucede con muchas otras necesidades urgentes, como sociedad civil nos estamos organizando, ya que no podemos esperar a que se apruebe oficialmente la Ivermectina como tratamiento médico, mientras contemplamos o sufrimos las consecuencias de esta enfermedad.

Un grupo de ciudadanos a quienes conozco y respeto por su excelente formación académica, pero sobre todo por ser personas honestas que tienen años realizando una labor social importante en materia de salud, inició una investigación que los ha llevado a considerar como la mejor opción de tratamiento para las etapas iniciales del Covid-19 a la Ivermectina.

Lo que están haciendo es proponer a los gobiernos de los estados que realicen un ensayo clínico aleatorizado, usando Ivermectina en pacientes ambulatorios (fuera de hospital), y de esta manera generar la información clínica que justifique que los secretarios de salud estatales, e incluso a nivel federal, tengan la disposición de fundamentar científicamente la decisión de lanzar un programa de aplicación masiva para salvar el mayor número posible de vidas, lo más rápido posible.

Hasta ahora, son tres los estados de la República que han aceptado este reto y dos de ellos ya están realizando ensayos clínicos con Ivermectina. Un tercer estado acaba de aceptar hacerlo, basado en la experiencia de los otros dos, en una cadena virtuosa de intercambio de experiencias.

Lamentablemente, el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell ha declarado que, en seguimiento de los lineamientos de la Organización Panamericana de la Salud, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador acata la recomendación de que la Ivermectina no debe ser aplicada para atender casos de Covid-19 hasta que no se hagan estudios que demuestren su efectividad contra esa enfermedad en humanos.

Consideramos que el comunicado de la Organización Panamericana de la Salud (leer), aunque bien intencionado, es erróneo. Lo correcto sería que esta organización y el gobierno de México inicien ensayos clínicos aleatorios de manera inmediata, para verificar (o en su caso descartar) la efectividad de la Ivermectina como tratamiento para el Covid-19. Es tiempo de buscar soluciones, de actuar para solucionar el problema, ya que la misma Organización Mundial de la Salud autoriza el uso de medicamentos fuera de indicación en el contexto de ensayos clínicas, e incluso autoriza a médicos individuales a usar bajo su propio criterio medicamentos “fuera de de indicación” para tratar enfermedades para los cuales no hay medicamentos aprobados. Y es el caso que actualmente no hay tratamientos aprobados para uso ambulatorio en Covid, pero sí hay muchos médicos en México y en el mundo que están usando Ivermectina y otros medicamentos “fuera de indicación” para tratar ese mal.

Nuestro apoyo a que se impulsen estudios para validar el uso de la Ivermectina para atender casos de Covid-19 parten de estos razonamientos que hemos recogido del grupo de personas que valientemente impulsan esta iniciativa:

-La única manera de resolver realmente el problema es evitar que la gente llegue al hospital, y para eso se necesita  —además de las conocidas medidas de higiene y distanciamiento social— un antiviral que funcione en forma ambulatoria, o sea, que se le dé a las personas a la hora de asistir a aplicarse las pruebas de Covid-19. Estamos impulsando el uso de Ivermectina ante los primeros síntomas, que es la etapa en la que es mucho más efectiva.

-La solución inmediata está en medicamentos viejos, autorizados y en uso por décadas, y aplicarlos a estas nuevas enfermedades, como lo es la Ivermectina; que al ser una sustancia fuera de patente, ninguna farmacéutica va a invertir en hacer un ensayo clínico aleatorizado con la calidad adecuada para que sea validado por los organismos internacionales, como lo son la Organización Mundial de la Salud (OMS), o la Food and Drug Administration de los Estados Unidos (FDA).

-La Ivermectina es un medicamento seguro que fue diseñado para matar parásitos (se usó en África para combatir la oncocercosis “ceguera de río” provocada por un gusano y que se produce por una mosca), pero que es absolutamente inocuo, inofensivo y sin efectos secundarios importantes para humanos y mamíferos. La Ivermectina se ingiere, circula en la sangre, y el parásito muere en cuanto ataca. Pero a la vez, resulta que este antiparasitario tiene propiedades antivirales muy efectivas, que se han demostrado in vitro para un decena de diferentes enfermedades como el SARS, Zik, Influenza A, Virus del Nilo, Chikungunya, VIH-1, Fiebre Amarilla, Dengue, Encefalitis Equina y SARS-CoV-2; pero lo que hace falta es hacer un programa masivo, ambulatorio, para demostrar con un ensayo clínico, comparando a la Ivermectina contra un placebo. En el momento que se demuestre estadísticamente a través de este estudio que la Ivermectina reduce la incidencia de hospitalización y los pacientes sanan rápidamente en sus casas con el tratamiento, entonces se justificará su uso generalizado, aunque no haya un estudio de la escala de lo que requiere la FDA.

-La Ivermectina tiene la ventaja de ser un medicamento muy barato porque se usa en ganadería en grandes cantidades, fuera de patente, y tan solo con 800 kilos se puede tratar a toda la población mexicana que se llegue a infectar.

-En el momento que se tiene un tratamiento que reduce entre el 70 y el 90 por ciento la necesidad de hospitalización, el problema pasa de ser el equivalente de una pandemia a ser una gripe o una influenza más. La gente ya no se va a morir y no van a estar llenos los hospitales, con lo cual podemos regresar a trabajar y a verdaderamente retomar nuestra vida productiva y en sociedad. Hoy, bajo el argumento de que “no hay medicina”, la única solución es el “quédate en tu casa”, lo cual está provocando que caigan en la pobreza millones de mexicanos cuyo sustento requiere de salir a la calle. Esto mata a más gente de hambre por la parálisis de la economía, que quienes están muriendo a diario por esta pandemia.

-En una región de Perú están usando la versión de Ivermectina veterinaria en humanos, porque con un botella pequeña de líquido que cuesta alrededor de mil pesos mexicanos, son tratadas 500 personas, el costo por dosis de la versión veterinaria que se usa en Perú es de solo $2.00 pesos mexicanos. En ese país han tratado a cientos de miles de personas con esa versión veterinaria, y la curva de incidencia de casos nuevos contra mortalidad es impresionante. La región de Pará en Brazil también está usando Ivermectina. La pandemia sigue subiendo en este caso, los contagios no se detienen, pero la mortalidad está bajando estrepitosamente porque los efectos benéficos de la Ivermectina se manifiestan de manera inmediata, literalmente de un día para otro.

-La Ivermectina es totalmente inocua: se han dado a lo largo de la historia 3 mil 700 millones de dosis sin ninguna toxicidad relevante, incluso en personas que recibieron dosis 10 o 12 veces más grandes que las recomendadas.

-Es más barato el tratamiento con Ivermectina que la prueba de Covid-19, la cual cuesta entre 30 y 50 dólares cada una. Una caja de Ivermectina cuesta $120.00 pesos al público.

-La Ivermectina una vez que entra al organismo, llega a su pico en la sangre después de 12 a 18 horas posteriores, e inmediatamente se va hacia los tejidos, donde funciona como antiparasitario y antiviral. Luego se elimina por heces vía el hígado, y su eliminación lleva 12 días. Esto provoca que se mantenga la Ivermectina por todos estos 12 días. 

-La dosis depende del peso de cada persona:

*De 15 a 29 kgs = 6 mgs = 1 pastilla.

*De 30 a 45 kgs = 12 mgs = 2 pastillas.

*De 45 a 74 kgs = 24 mgs = 4 pastillas.

*De 75 a 104 kgs = 36 mgs = 6 pastillas.

*De 105 kgs o más = 48 mgs = 8 pastillas.

IMPORTANTE: No se recomienda en niños de menos de 15 kilos de peso, ni en mujeres embarazadas o lactantes, a menos que las lactantes dejen de dar pecho a su bebé, sustituyéndolo por otro alimento adecuado.

ADVERTENCIA: Estas indicaciones de dosis circulan ya ampliamente en redes sociales. Las publico aquí porque son avaladas por el grupo de científicos y médicos con los que colaboro. Sin embargo, la recomendación es de que en cualquier caso, ustedes consulten a su médico.

-La Ivermectina se debe de tomar con alimentos con alto contenido de grasa, como lo son el aguacate o los chicharrones.

-Se debe de guardar ayuno dos horas después de la ingesta del medicamento y los alimentos.

-Nos debemos hidratar con bebidas como el jugo V8 o Gatorade, o bien suero con electrolitos.

El grupo de médicos y científicos que están luchando para que los gobiernos estatales y el federal los escuchen para que comprueben, a través de los fuertes argumentos que ellos tienen, de que es urgente llevar a cabo estos estudios científicos llamados “doble cero” y/o entregar como medicamento la Ivermectina en la primera etapa, cuando se presentan los síntomas, son verdaderos héroes. Me recuerdan a David peleando contra Goliat, porque las puertas del poder político y económico, donde se toman las decisiones sobre salud, no se abren fácilmente.

Yo, que estoy cerca de este grupo de científicos y médicos de talla internacional, soy testigo de su exhaustiva labor altruista. Están haciendo este trabajo sin paga alguna, incluso poniendo de su propio dinero para investigar, hacer pruebas, fundamentar sus argumentos, y hacer cabildeo con los funcionarios públicos y privados de salud. No representan ningún interés de farmacéutica alguna, ni buscan ninguna ganancia económica. Me consta porque soy testigo de las miles de dosis que se mandaron gratuitamente a tres estados de la República que se comprometieron a sí hacer los estudios doble cero.

En esta etapa somos unos cuantos ciudadanos quienes subvencionamos estas investigaciones que realizan ya estos tres gobiernos estatales.

La triste noticia es que la Ivermectina, humilde medicamento usado por 39 años sin que nunca haya requerido receta médica, ha prácticamente desaparecido de los estantes de las farmacias de todo el país. Si aún lo pueden conseguir ustedes, se los recomiendo ampliamente. Mi criterio me indica que puede salvar miles de vidas.

Yo no tengo ninguna credencial científica ni médica, pero toda esta información la conozco por estar cerca de este pequeño grupo de ciudadanos sobresalientes por su ética, su filantropía y sus conocimientos. Ellos sí tienen credenciales científicas y médicas, además de enorme calidad humana que conozco, respeto y respaldo desde hace décadas.

En las recientes semanas la demanda para que los gobiernos usen cuanto antes la opción de la Ivermectina se ha convertido en un verdadero clamor, una exigencia masiva. De cada uno de nosotros depende, en la medida de nuestras posibilidades, el pedir y exigir a nuestras autoridades que atiendan esta emergencia sanitaria con efectividad y creatividad, sin necesidad de invertir millones de dólares en medicamentos que hoy solo sirven para las etapas avanzadas de la enfermedad, donde ya todo el organismo, no solo el sistema respiratorio, sufrió graves daños, casi siempre irreversibles.

Unidos podemos lograrlo.

Se trata de salud, no de colores partidarios. No pretendemos señalar a nadie, sino abrir los ojos, tanto de las autoridades como de los ciudadanos.

Muchísimas gracias por su atención.

 

 

Cristina Sada Salinas