FRANCISCO. CELIBATO Y PEDERASTIA: “DESINFLAR EXPECTATIVAS”

 

CELIBATO, ¿SÓLO CUANDO ES “ÚTIL”?

PEDERASTIA: “DESINFLAR EXPECTATIVAS”

 

La Iglesia católica se prepara para un encuentro que podría ser histórico: La cumbre de todos los obispos presidentes de las conferencias episcopales del mundo con el propio sumo pontífice a llevarse a cabo del 21 al 24 de febrero en el Vaticano, en la que tratarán el doloroso tema de la pederastia clerical.

Por obvias razones para las víctimas de este horrible crimen y sus familias, así como para quienes hemos luchado desde la sociedad civil para que se les haga justicia, este encuentro debería marcar un antes y un después en la actitud institucional de la Iglesia de Roma frente a este problema.

Sin embargo, Jorge Mario Bergoglio, como se lee en una nota de El País (liga), se ha encargado ya de adelantarnos que la institución que preside -una de las más antiguas del mundo- no está dispuesta a cambiar las reglas que emanan desde la cúspide de esa estructura vertical de poder que por décadas, si no es que siglos, ha protegido a los abusadores de niños y niñas. Su mensaje es claro: “Me permito decir que he percibido un poco una expectativa inflada. Hace falta desinflar las expectativas a estos puntos de los que yo hablo. Porque el problema de los abusos continuará: es un problema humano que se da en todos lados”. Efectivamente la pederastia “es un problema humano que se da en todos lados”, pero, como insisten activistas y especialistas de la talla de Alberto Athié, sólo en la Iglesia católica romana los sacerdotes pederastas cuentan con un mecanismo institucional mundial que no sólo los protege de la acción de la justicia civil, sino que incluso los encubre a través de dos mecanismos: primero, mandándolos por cortos periodos a una “casa de recuperación”, o en muchas ocasiones, sólo cambiándolos de parroquia con el fin de “evitar el escándalo”, pero llevando al sacerdote delincuente a otras comunidades que ignoran las “debilidades” del párroco. Así, casi inexorablemente se repiten estos crímenes.

Desgraciadamente, según este anuncio del Papa, todo indica que seguiremos atorados por décadas en este problema y que estas prácticas de protección a criminales seguirán vigentes dentro de la Iglesia.

Otro aspecto que también llama la atención, es que como en pocas ocasiones un pontífice se refiere públicamente al celibato sacerdotal, imposición reglamentaria para religiosos y religiosas que muchas personas mencionan como una de las causas que llevan a los actos de pederastia.

Francisco se manifiesta completamente en contra de abrir la posibilidad de que el celibato deje de ser obligatorio, como no es obligatorio en la llamada iglesia católica de Oriente, en la cual se permite que hombres casados sean ordenados sacerdotes, aunque aquellos que son ordenados siendo solteros no puedan casarse después.

En una evidente paradoja, Francisco por una parte se adscribe a la sentencia de Pablo VI: “Prefiero dar la vida antes que cambiar la ley del celibato”, mientras que por otra parte admite que puede haber excepciones “donde hay problemas pastorales por la falta de sacerdotes”, pues ahí “se debe pensar en los fieles”. ¿O sea que una regla fundamental -que si bien no es parte del dogma pero sí de la “tradición no escrita de origen apostólico”(*)- puede establecerse arbitrariamente, no por motivos éticos o espirituales básicos, sino por puro pragmatismo, por simplemente ser útil a los intereses de una institución muy humana?

¿Por qué entonces el Papa Francisco insiste en no dejar que por propia vocación los jóvenes aspirantes a sacerdotes escojan libremente si asumen el compromiso del celibato, o bien fundan una familia sin faltar a su compromiso pastoral? ¿Sólo podrán hacerlo cuando es “conveniente”? ¿Así de caprichosos son los “principios fundamentales” de la más antigua institución de Occidente?

Desde nuestra humilde opinión el celibato debe tener un carácter opcional, pues hemos visto cómo afecta vocaciones cuando es una imposición, una regla contra la que no hay alternativas y que ocasiona graves afectaciones, como lo es sin duda su relación, aunque no sea directa, con la práctica de la pederastia.

Estoy convencida de que si bien el celibato no produce en automático personalidades pederastas, sí genera el ocultamiento y la falta de transparencia que son el caldo de cultivo para actitudes de simulación e hipocresía, así como para la comisión de delitos como el abuso en contra de niñas y niños.

En este sentido, el gran periodista Jason Berry señala: “El celibato no causa pedofilia, pero el celibato ha engendrado una cultura del secreto en la cual cualquier conducta sexual debe disimularse. En tal contexto, la actividad homosexual es algo vergonzoso. Según las enseñanzas católicas, es un pecado. El problema es que la pedofilia no sólo es sólo un pecado, es un crimen. El mismo secreto y vergüenza que esconde la homosexualidad en la Iglesia produce un ambiente que ha disimulado los actos pedófilos” (**).

En síntesis, el primer papa latinoamericano de la historia, quien llegó a su pontificado enarbolando banderas progresistas y esperanzadoras de un cambio profundo en la milenaria iglesia romana, hoy nos anuncia que no esperemos grandes cosas y que desde el “trono de San Pedro” se seguirán imponiendo las mismas reglas rígidas que durante tantos siglos garantizaron el poderío terrenal de una institución que se presenta como representante de la divinidad, pero que hoy son causa de una de sus más grandes crisis.

Ante todo lo anterior, no nos queda como ciudadanos otro camino que continuar en la lucha para que se haga justicia a las miles de víctimas de abusos sexuales, que bajo el oscurantismo del celibato impuesto, han sufrido a manos de hombres que se dicen consagrados a Dios.

Francisco parece creer que como sociedad civil aceptaremos sin reparos sus llamados a “desinflar las expectativas” de justicia y reparación del daño para las víctimas, pero no lo haremos, todo lo contrario, reforzaremos esa lucha y en la propia Roma haremos presencia en febrero para exigir que de una vez por todas la iglesia combata la podredumbre de la pederastia que la corroe, que haga públicos los archivos de los casos de abuso y entregue a la justicia a los culpables, pues sólo así esa institución -que tantos aspectos positivos tiene- puede salvarse de la tremenda caída que ahora sufre.

Sólo con pastores que vivan su ser integral, físico y espiritual a plenitud, en libertad absoluta, es como esa salvación será posible. Celibato opcional y completa transparencia en el combate a la pederastia clerical: esas son nuestras “infladas” expectativas. Nada más, pero nada menos.

 

(*) Christian Cochini, S.J. Origins apostoliques du célibat sacerdotal, Lethieleux, París, 1981, pág. 386 [Citado por Jean Meyer en El celibato sacerdotal. Su historia en la Iglesia católica, Tusquets, México, 2009, pág. 75]

(**) Jean Meyer en El celibato sacerdotal. Su historia en la Iglesia católica, Tusquets, México, 2009, pág. 273.