Francisco ante pueblos originarios canadienses: ¿Justicia o un nuevo montaje escenográfico?

Por Cristina Sada Salinas


El papa Francisco arribó a la ciudad canadiense de Edmonton el domingo pasado. El Vaticano ha denominado este viaje como una “peregrinación penitencial” destinada a “conocer y abrazar a los pueblos indígenas”. El objetivo esencial de esta visita papal será pedir perdón por los terribles abusos cometidos contra niños indígenas canadienses en internados creados y dirigidos por la iglesia católica.

Para mi asociación Spes Viva AC., derechos de la infancia, toda acción emprendida por la iglesia católica que vaya dirigida a reivindicar a los niños que han sido abusados, es justa y necesaria. Sin embargo, ante el historial de muchas palabras y pocos hechos que han caracterizado el mandato de Jorge Mario Bergoglio, nos vemos obligados a mirar con detenimiento y hasta sospecha este nuevo acto del pontífice en nuestro continente.

El horror sobre estos casos cada vez conmociona más. El ultimo hallazgo lo reportó CNN el 2 de marzo de este 2022: 169 tumbas sin marcar en una antigua escuela residencial (nota).

Se estima que “alrededor de 150.000 niños de las Primeras Naciones, Metis e Inuit se matricularon desde finales del siglo XIX hasta la década de 1990 en 139 escuelas residenciales, donde pasaron meses o años aislados de sus familias, su idioma y su cultura” (leer), y que más de 4 mil niños murieron durante varias décadas del siglo pasado, víctimas de abusos físicos, sexuales y emocionales, tras ser literalmente arrancados del seno de sus familias indígenas para ser adoctrinados en la “cultura cristiana”, lo que se llama actualmente “asimilación forzosa”. Una crueldad extrema.

Por lo profundo de estos agravios es que nos preocupa que éste sea un viaje más de simulación y que, como en muchas otras ocasiones, termine en un simple montaje escenográfico que no se traduzca en hechos concretos. Los pueblos ofendidos merecen mucho más que un simple “acto penitencial” del monarca católico, apostólico y romano.

Nos preguntamos: ¿Habrá acuerdos reparatorios con las víctimas o sus descendientes, que verdaderamente procuren por lo menos paliar el dolor vivido?

El periódico español El País, reporta: “Ghislain Picard, jefe de la Asamblea de Primeras Naciones de Quebec y Labrador, declaró este miércoles que corresponde a los sobrevivientes de los internados juzgar si las palabras del Papa son o no aceptables. ‘Las disculpas solo serán muy significativas en la medida en que produzcan acciones que las respalden’, apuntó” (ver).

Queremos creer en estas acciones papales, pero no dejamos de ver con desconfianza también a las autoridades eclesiásticas canadienses, que en el pasado han evadido cualquier acción tendiente a la efectiva reparación del daño —como se conoce a las indemnizaciones económicas— y el reconocimiento pleno de los abusos. Para referirnos a un solo caso, en 1986 se tuvieron noticias de los crímenes contra niños cometidos en el orfanato Mount Cashel, una institución de San Juan de Terranova regentada durante más de un siglo por la congregación de los “Hermanos Cristianos”. En 1992 los religiosos de esta orden se disculparon por los abusos, pero, “casualmente” declarándose también en bancarrota, con la obvia intención de no pagar indemnizaciones. No fue sino hasta 2019 cuando un tribunal “conminó” (no obligó por ley) al arzobispado de este territorio a ser “responsable solidario” en el pago de las indemnizaciones reclamadas por esa comunidad. Una simple invitación casi 20 años después de una ardua lucha. ¿Podemos llamar a esto justicia? En cambio, iglesias cristinas no sujetas al gobierno del romano pontífice, no solo han ofrecido sus disculpas, sino que han correspondido con los montos económicos necesarios para sufragar los acuerdos reparatorios (nota).

En nuestra lucha de una década contra el flagelo de la pederastia clerical hemos visto que ningún sumo pontífice romano ha hecho justicia plena a las víctimas y con frustración hemos sido testigos de que Francisco, quien llegó al trono vaticano prometiendo reformar la iglesia, no ha pasado de muchas bellas palabras, pero muy pocos hechos concretos.

¿Cómo podemos tomar en serio las disculpas del máximo líder del catolicismo a los pueblos originarios canadienses, cuando ni él ni su poderosa “iglesia universal” han tenido siquiera la decencia de pedir perdón a los hombres hoy octogenarios que denunciaron por primera vez a Marcial Maciel en 1997?

Estaremos muy atentos y esperamos si es que hay algún resultado de esta esta gira papal, para conocer si hay resultados concretos en esta ocasión con respecto a esta terrible injusticia.

“Por sus frutos los conocerán”, dice Mateo (7:15-20).

 

 

Foto tomada de: liga