Fanatismo en la 4T: el virus más peligroso

Regresé a México desde España hace tres días, después de pasar dos semanas con trabajo musical en ese país. Al final de mi estancia en Cataluña viví lo que es circular por una Barcelona fantasma, muerta. Con admiración y sorpresa pude atestiguar a una sociedad dispuesta a pagar un altísimo precio económico para tratar de defender la salud de su población contra la pandemia del coronavirus, acatando medidas drásticas tomadas por el propio gobierno autónomo de Cataluña, así como por el gobierno nacional español.

A mi llegada estaba muy interesada en ponerme al día con las noticias actualizadas sobre México, de modo que retomé mi hábito de escuchar las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo que escuché me dejó sentimientos encontrados que me generaron esta reflexión que aquí les comparto.

Lo primero que me llamó poderosamente la atención fue escuchar, en la conferencia del lunes 16 de marzo, al Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Dr. Hugo López-Gatell, quien habló sobre las “Intervenciones de sana distancia”, impulsadas por el gobierno para prevenir contagios, entre las que destacó la “reprogramación de eventos de concentración masiva”. Puntualizó: “Congregaciones masivas las definimos como arriba de 5 mil personas, se puedan recalendarizar, posponer, y que se hagan posteriormente en el año”. [video] Y recordé que días antes, el 28 de febrero, el mismo López-Gatell había pedido expresamente evitar abrazos, besos, y hasta que nos tomemos de la mano: “Mantengámonos con un saludo fraterno y amigable que nos ayude a ser solidarios y hermanos como sociedad, pero no nos demos la mano. Por el momento tampoco nos demos besos ni abrazos, y entonces esto nos va a ayudar a disminuir la transmisión”, afirmó. [nota]

Mi sorpresa tuvo varios motivos. El primero es darme cuenta de que el propio presidente no acata hasta el día de hoy las directrices trazadas por López-Gatell, a quien el mandatario considera como el mayor especialista en el país en estos temas, y a quien públicamente le manifiesta su total confianza. Con verdadera alarma y preocupación vi, al igual que millones de mexicanos, cómo Andrés Manuel burlaba lo indicado en las “Indicaciones de sana distancia” en una visita que hizo al estado de Guerrero, en donde abrazó y besó a adultos, hombres y mujeres, y a una niña pequeña. El momento del beso a la niña apareció no sólo en medios nacionales, sino en la prensa de varios países [ver]. Confieso que me sentí indignada.

Creció mi desconcierto y preocupación al siguiente día, ayer martes 17 de marzo, cuando el propio Andrés Manuel anunció en tono festivo: “Aprovecho para comentarles que voy a ir el fin de semana a Oaxaca porque el 21 es la conmemoración… del natalicio del mejor presidente en la historia de México, Benito Juárez García; entonces, nada más pedirle a los ciudadanos de Oaxaca, amigas, amigos, que nos queremos mucho, que en esta ocasión me reúna sólo con los pobladores de Guelatao, que sea la ceremonia en Guelatao… esto para no dar pie a los cuestionamientos de que el presidente no está dando el ejemplo o no se cuida, todo esto, ¿no?, que utilizan nuestros adversarios. Entonces hay que sacarles la vuelta, que no tengan ningún motivo para estar atacándonos, que se vean obligados a inventar, pero que nosotros no demos motivo” [conferencia].

Me preocupó en primer lugar que hasta la fecha no se estén tomando medidas más contundentes como el cancelar eventos masivos, pues no me parece que tenga sentido que el gobierno de la 4T considere en esa categoría de “masivos” sólo a los eventos que reúnan a más de 5 mil personas. Creo que es una completa barbaridad este criterio. ¿De verdad nos quieren convencer de que no hay peligro en una concentración de 2, 3 o 4 mil personas? No estamos pidiendo en esta etapa que se cancele todo y que se cierren industrias y comercios como ya hicieron España o Italia y otros países,  pero, ¿en verdad no podrían tomar medidas más atrevidas que no afecten tanto la economía popular? López-Gatell afirma que “nuestra preocupación principal es que en términos económicos, en términos sociales, quienes tienen mayor vulnerabilidad son las personas pobres… y que viven en el día a día de sus salarios, de sus pequeñas actividades comerciales, y esas son las personas que hay que tener siempre muy en mente, que no se afecten por distintas intervenciones de salud pública”. ¿En qué afectaría a las clases más desfavorecidas el suspender eventos de mil o 2 mil personas, cuyos boletos son inaccesibles para el pueblo? Se podría afectar, si acaso, a las grandes corporaciones, a los empresarios del espectáculo que se dedican a organizar estos eventos.

Estoy de acuerdo en que no es el momento de adoptar medidas tan drásticas como en Europa, porque estamos tan sólo a un mes de la entrada de la epidemia a México, así como estoy consciente de que los técnicos especialistas como López-Gatell saben más que yo, eso no lo pongo en duda alguna. Lo que sí pongo en duda es que sea imposible poner una restricción gubernamental a tener a la gente aglomerada —en Estados Unidos Donald Trump ya recomendó “suspender cualquier reunión de más de 10 personas para atajar el coronavirus” [noticia]. Se podría entender que no se pueda detener el transporte, pero se pueden tomar precauciones como fomentar el trabajo en línea, entre muchas otras medidas.

Lo que de plano no puedo entender ni aceptar, es la actitud del presidente de México, de insistir en mezclarse con la gente, escudándose en que lo dejará de hacer cuando se lo digan los especialistas, cuando, como ya vimos, son muy claras las indicaciones de los expertos que rodean al propio mandatario y que él mismo designó.

En la conferencia mañanera del 16 de marzo no me gustó que López-Gatell afirmó, ante pregunta expresa de la periodista Dalila Escobar, aseguró que es atentar contra los derechos humanos del presidente el preguntarle si se haría la prueba del coronavirus. Primero el funcionario evadió responder con claridad, pero ante la insistencia de la reportera —a quien felicito desde aquí por su profesionalismo y claridad—, dio una respuesta preocupante: “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona, de un individuo que pudiera contagiar a otros, el presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que tiene usted, o que tengo yo… el presidente no es una fuerza de contagio”. 

Fue chocante esta respuesta porque es obvio que no es verdad que un ciudadano común tenga contacto con igual número de personas que el presidente de un país, y más aún si es un presidente que insiste en seguir con reuniones en las que tal vez efectivamente no se agrupen más de 5 mil gentes, pero probablemente sí decenas o centenas, como seguramente será el caso del evento en Guelatao. Igualmente mala me pareció la justificación del presidente para acudir a esa cita en Oaxaca, pues mostró preocupación por el “qué dirá” la oposición y no por la salud de las personas que sin duda se harán presentes para verlo y mostrarle su apoyo. AMLO critica que la derecha siempre lo señala. En esta ocasión el presidente mismo les está dando alimento para dañar a la 4T.

Este mes cumplo 8 años de apoyar a Andrés Manuel López Obrador y estoy convencida de que la 4T es la única opción para sacar a este país del desastre que nos dejaron más de tres décadas de neoliberalismo, y así como el presidente dice que está con el pueblo, yo lo he apoyado porque también estoy con el pueblo, y por lo mismo, creo que al pueblo hay que protegerlo, y para apoyarlo el presidente debe acatar todas las medidas posibles para evitar contagiarse o ser él mismo un agente de contagio hacia los demás, adultos y niños que acuden a darle su saludo sincero; es por su responsabilidad de mandatario de nuestra nación que debería hacerse la prueba del coronavirus seguido, no sólo una vez, y es para proteger al pueblo que debe dejar de abrazar y saludar a la gente de mano, guardando su sana distancia.

El presidente tiene retos enormes y aún así ha mantenido el optimismo. Es la primera vez en décadas que tenemos a un presidente que verdaderamente ama, con amor ágape [*], al pueblo mexicano más humilde, y eso se nota en muchas de sus acciones. Es, además, el primer presidente que intenta combatir en serio la corrupción. Ahora, más allá de la poderosa derecha, del enojo de los empresarios que ya corren peligro de cárcel si son detectados por la Unidad de Inteligencia Financiera, Andrés Manuel está enfrentando una nueva serie de retos inmensos con el coronavirus, la enfermedad que está poniendo de rodillas a los países avanzados, fuera de China que lo supo combatir con excelencia. Enfrenta además a una derecha multimillonaria que se ha negado hasta la fecha a realmente comprometerse, fuera de unos cuantos empresarios, a invertir en México. Luego nos viene del exterior, además de esta enfermedad, la baja de los precios del petróleo, el paro de actividades económicas extranjeras, la devaluación del peso y la disminución del flujo de turistas, etc.

Uno de los éxitos de Andrés Manuel fue que el peso no se había devaluado frente al dólar y fue por más de un año la moneda menos devaluada en el mundo, pero ya se devaluó, ciertamente no por culpa del gobierno federal. Otro de los éxitos fue la guerra contra el huachicoleo, que no debemos olvidar. Son muchas las acciones exitosas, buenas, y son en realidad pocos las cosas que tiene que modificar el presidente, entre ellas, esto que aquí señalamos como crítica que busca precisamente aportar, decir cuándo “el rey va desnudo”, para que se corrija el rumbo ahora que aún estamos a tiempo.

Es mi opinión que le falta al gobierno un mejor manejo de la crisis del coronavirus, pero no se hace el señalamiento para que el presidente sea crucificado políticamente ni mucho menos, pero eso no nos convierte en incondicionales, como se mostró el epidemiólogo experto Hugo López-Gatell, quien se presenta como un técnico, pero que pareció a todas luces un político con afirmaciones desafortunadas, con las que a fin de cuentas le hace un flaco favor a su jefe al no señalar estos fallos tan evidentes y al colocarlo con su fraseo casi como a una figura santificada o divina, “una fuerza moral”.

Sé que este escrito causará muchas molestias y reacciones negativas, mas esto no me detiene, porque tras estos años de lucha en los que no he buscado ningún cargo público para quedarme en un puesto —fui candidata al Senado en 2012 sabiendo que en esas fechas la ciudadanía de Nuevo León votaba por la derecha, por el PRIAN—, ni ganancia económica —todo lo contrario, mi lucha la financio con el producto de muchos años de mi labor empresarial—, y entiendo que la mejor aportación que podemos hacer a un régimen que apoyamos es hacerle la crítica cuando sea necesaria, es el ver los grises en un mundo en el que no existen sólo el blanco y negro, es entender que no hay mandatario perfecto, como no existimos humanos perfectos.

Es por esto que lamento ver cómo pululan los fanatismos, no sólo en la derecha carroñera que ya estaba hostigando a Andrés Manuel López Obrador con el anuncio falso de la muerte de un empresario por coronavirus, sino también en cierta izquierda que apoya ciegamente al gobierno y ataca sin consideraciones a quienes nos atrevemos a mencionar o analizar sus errores.

Es muy grande el daño que puede hacer el fanatismo, el fanatismo a tus propias ideas, así como el ideológico o partidista.

Es tiempo de que quienes apoyamos a la 4T nos atrevamos a señalar lo que veamos mal en nuestro presidente o sus colaboradores. Por más buenas reformas que AMLO  esté implementando, también ha cometido serias equivocaciones, siendo quizá la más seria hasta el momento su falta de disciplina y su falta de sensatez, al ser un pésimo ejemplo para la población, con su comportamiento personal, en cuanto al manejo de la crisis del coronavirus.

Lamento mucho que gente pensante, inteligente, como el propio Hugo López-Gatell, se indigne porque los periodistas hagan preguntas directas y claras. Es una vergüenza que el fanatismo esté instalado en la 4T, porque no creo en ningún fanatismo, en absolutamente ninguno. Somos seres pensantes, racionales, que tenemos derecho a tener nuestras creencias, pero eso es muy distinto a negar, a pesar de las contundentes evidencias, que es una falta grave del presidente el besar y saludar a niños, mujeres y hombres, en plena crisis de una pandemia tan peligrosa como la que nos ha tocado vivir.

No cabe duda de que el virus del fanatismo es igual o más peligroso que el propio coronavirus. No cabe duda de que debemos de aprender a ser flexibles. No cabe duda  que cambiar de hábitos es indispensable en tiempos de contagios; porque no se tomarán medidas realmente efectivas mientras no se entienda la gravedad de la crisis, como evidentemente no lo entiende Andrés Manuel ni los fanáticos que no se atreven a decirle verdades como estas, o siquiera distinguirlas.

AMLO es admirable, pero es tan humano como nosotros. Él tiene defectos, como todos, pero por lo mismo tiene un gabinete para asesorarlo y señalarle cuando se equivoque.

¿No lo podemos tocar ni con el pétalo de una rosa?

Flaco favor le hacemos a una embrionaria transformación de nuestro país. La derecha se frota las manos.

 

 

Cristina Sada Salinas

 

 

[*Amor ágape (en griego: ἀγάπη): Es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. En contraste con philos (amistad, amor amical, hermandad o amor no sexual) y eros, una afección de naturaleza sexual.