¿Es posible saber el monto del robo a Pemex?

En días recientes ha circulado en redes sociales —principalmente en mensajes de Whatsapp— una columna de opinión del periodista Francisco Rodríguez titulada “Roban más de la mitad de la producción de Pemex. Va al mercado spot”, en la que se explica el complejo mecanismo mediante el cual todas las ganancias de ese monto de hidrocarburos robados va a parar al “mercado de Rotterdam, llamado negro o Spot Market” (columna).

Esta información es tan escandalosa que es difícil de creer, incluso ante el alud de evidencias que en las últimas semanas se han hecho públicas respecto a la práctica del “huachicoleo”, de modo que me di a la tarea de investigar. A fin de cuentas el texto de Francisco Rodríguez no es un reportaje ni una investigación  de fondo, sino la opinión personal de un periodista que cita como fuente únicamente a “mexicanos bien nacidos, muchos de ellos trabajadores y técnicos petroleros que se han acercado hasta este escribidor para aportar los datos duros y expedientes del despojo nacional”. A pesar de esto y de que no presenta ninguno de esos datos duros ni aclara cuáles son los expedientes que menciona, me pareció que la información que proporciona no debe ser tomada a la ligera y debería ser objeto de más indagatorias por autoridades y periodistas.

Para tratar de obtener más información consulté el libro “El cártel negro. Cómo el crimen organizado se ha apoderado de Pemex” (libro), de la periodista Ana Lilia Pérez, publicado en 2011 con prólogo de Carmen Aristegui, pero que hoy por obvias razones ha cobrado de nuevo gran notoriedad.

Coincide Ana Lilia con el sentido de muchas de las afirmaciones explícitas e implícitas del texto de  Francisco Rodríguez, como por ejemplo cuando afirma que “El hurto de hidrocarburos de Pemex no sería posible sin la participación de los empleados de la paraestatal”, y más aún, cuando rotundamente señala que “No hay una sola etapa de los procesos de producción de hidrocarburos de Pemex que no registre sustracción; tampoco una sola subsidiaria exenta de robos de sus materias primas y sus productos terminados”.

Sin embargo la propia Ana Lilia nos advierte que hacer una estimación realista no es muy factible: “La estimación oficial es que anualmente se sustraen hidrocarburos de manera ilegal con un valor de 20 mil millones de pesos, aunque esa cifra, según fuentes de Pemex, dista mucho de la realidad, porque el mayor porcentaje de extracción ilegal pertenece a la producción que nunca se reporta, tanto de petróleo crudo y gas, como de refinados, petroquímica básica y secundaria… El problema encierra un origen contable porque Pemex no tiene sistemas precisos de medición. Las subsidiarias sólo registran aproximaciones de producción, distribución, almacenamiento y venta. Pero en realidad no se sabe cuál es el volumen del cien por ciento de lo que se produce, distribuye, almacena y comercializa”.

Así, ante lo que pone en evidencia Ana Lilia, es probable que tal vez nunca sepamos realmente qué porcentaje de la producción total de combustibles de Pemex va al mercado negro y cuál porcentaje a la comercialización legal, pues no hay estadísticas oficiales globales, como sí las hay sobre aspectos particulares como es el caso de la gasolina, el tema más tratado a raíz de la lucha del gobierno de Andrés Manuel López Obrador contra el huachicol. Sobre este punto, en entrevista del 18 de este mes de enero, la secretaria de Energía Rocío Nalhe declaró al periodista René Delgado, de Reforma: “hoy en día lo que te puedo decir es que la gran mayoría, el noventa y tantos por ciento de la gasolina que estamos consumiendo es lícita, y antes el mercado ilícito prácticamente casi igualaba al lícito” (video).

Como conclusión, dejo abierta esta interrogante, a la espera de que el actual gobierno de México pueda llegar “poco a poco” como dice López Obrador, a disminuir significativamente este enorme robo a la nación y que podamos los ciudadanos conocer el tamaño de este despojo, aunque sea en términos aproximados, pues sólo con transparencia y rendición de cuentas es que se puede hacer justicia.

 

C.S.S.

 

PD: Se reproduce completo a continuación la tercera parte del capítulo 4 de “El cártel negro”.

 

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Libro

El cártel negro

Cómo el crimen organizado se ha apoderado de Pemex

Ana Lilia Pérez

Grijalbo, 2011

Páginas 153 a 159

 

CAPÍTULO 4

Ordeñadores

Parte III. Socios todos

 

El caso de Francisco Guízar ilustra el modus operandi de la ordeña de ductos de Pemex: detrás de cada toma clandestina se encuentra la mano de trabajadores o ex trabajadores coludidos o solapados por funcionarios y amafiados con dirigentes sindicales, corporaciones policiacas y, más recientemente, con algunos cárteles del narcotráfico.

El hurto de hidrocarburos de Pemex no sería posible sin la participación de los empleados de la paraestatal. No cualquiera puede conectarse a la red de ductos ni sacar una pipa cargada con gasolina. La sustracción involucra a personal de operación, de distribución, de almacenamiento y ventas; es decir, de todas las áreas inmersas en el proceso de producción y distribución de petrolíferos.

Tal atraco incluye no sólo los hidrocarburos que producen los campos y pozos mexicanos, los que se refinan en las seis refinerías que hay en México (Cadereyta, Madero, Tula, Minatitlán, Salina Cruz y Salamanca), sino también los refinados que se importan para cubrir el mercado nacional, principalmente la gasolina que la filial PMI compra en el extranjero e ingresa en el país a través de las 15 terminales marítimas de Pemex a bordo de buquetanques.

Sujetos de ordeña directa son el Sistema Nacional de Ductos, poliductos, oleoductos y gaseoductos, al igual que las 77 Terminales de Almacenamiento y Reparto ( TAR ) que guardan los refinados, para su distribución en las cinco regiones que abarca el país: Norte, Centro, Golfo, Pacífico y Valle de México. No hay una sola etapa de los procesos de producción de hidrocarburos de Pemex que no registre sustracción; tampoco una sola subsidiaria exenta de robos de sus materias primas y sus productos terminados.

El cártel negro tiene incuantificables células, pues así como los negocios ilegales que se realizan desde las oficinas corporativas en torno a los contratos petroleros (sobreprecios, fraudes, sobornos, comisiones, cohecho, tráfico de influencias, entre otros), es decir, los delitos de cuello blanco, son para los altos directivos y los mandos medios, el de la sustracción de hidrocarburos es para el resto.

El resto es cualquiera: lo mismo el ex perforador Francisco Guízar Pavón que Gabriel García, un ex vigilante de la Terminal Marítima de Pemex en Guaymas, Sonora, denunciado en agosto de 2010 (DE-189/2010) ante la contraloría por su propia hija, quien lo acusó de enriquecerse robando gasolina; sus palabras resultan sobrecogedoras:

Los hechos que aquí describo han sido cometidos a lo largo de varios años y mi intención al denunciarlos es poner punto final a la casi total impunidad con la que se han desarrollado. Confío en que Pemex lleve a cabo una investigación y tome medidas correctivas que considere oportunas.

Estuvo realizando robos de gasolina de los depósitos de Pemex en Guaymas, de forma muy reiterada […] empleaba para dichas sustracciones una pick up propiedad de Pemex cuyo doble depósito llenaba hasta arriba para posteriormente trasladarse a su casa y allí retirar la gasolina a bidones de plástico para luego revender el combustible. Estuvo en tratos con algunas cooperativas pesqueras a las cuales les daba combustible para sus barcos aprovechando su puesto de trabajo de vigilante de muelle en el Puerto de Guaymas […]

Con el fruto de esos años de robos se hizo de una propiedad en el puerto de Guaymas, un terreno a pocos metros dela playa Miramar, dos carros, cuentas bancarias en Nogales, Arizona y viajes a Estados Unidos […].

Otro caso ilustrativo es el del robo hormiga de los empleados de la Refinería Miguel Hidalgo, en Tula, que procesa 25 por ciento del crudo que se refina en México; parte de éste lo sustraen en garrafas ocultas en sus mochilitas del lunch. Se trata de un derecho tácito, argumentan, cuando ven cómo “los jefes” sacan pipas completas.

“Si aquí todos lo hacemos, todos hacemos lo mismo y nunca ha habido ningún problema”, intentó justificar Samuel Martínez, un trabajador de esa refinería, cuando el especial de la puerta principal le encontró el recipiente con gasolina que llevaba en su mochila.

Hay dos tipos de sustracciones; una es la que se hace del producto almacenado y en custodia. La estimación oficial es que anualmente se sustraen hidrocarburos de manera ilegal con un valor de 20 mil millones de pesos, aunque esa cifra, según fuentes de Pemex, dista mucho de la realidad, porque el mayor porcentaje de extracción ilegal pertenece a la producción que nunca se reporta, tanto de petróleo crudo y gas, como de refinados, petroquímica básica y secundaria.

El problema encierra un origen contable porque Pemex no tiene sistemas precisos de medición. Las subsidiarias sólo registran aproximaciones de producción, distribución, almacenamiento y venta. Pero en realidad no se sabe cuál es el volumen del cien por ciento de lo que se produce, distribuye, almacena y comercializa. Al pasar cada hidrocarburo de subsidiaria en subsidiaria, los volúmenes no cuadran simple y llanamente porque los controles volumétricos pueden ser manipulados por los funcionarios y empleados.

La instrumentación de medición de lo que se produce, almacena, transporta y distribuye no es compatible porque el área de producción controla los volúmenes mediante instrumentos de nivel con tolerancia diferente a los que usa el resto de las áreas.

Desde 2005, en una revisión a los registros de volúmenes producidos y movilizados para su venta —incluida en los resultados de la Cuenta Pública 2005— la Auditoría Superior de la Federación ( ASF ) advirtió la falta de confiabilidad en las cifras de los reportes generales del Sistema Nacional de Refinación.

Aquel año, por primera vez, la ASF auditó la manera en que se llevan los inventarios en una parte de la producción nacional. Tomó una muestra para revisar el destino de petróleo crudo asignado a la producción de gasolina.

En 2005 Pemex destinó 498 millones 391 mil 500 barriles de crudo para la producción de gasolina, de los cuales 469 millones 942 mil se enviaron a las refinerías del país, y 29 millones 349 mil a la refinería de Deer Park, Texas, para su maquila y posterior importación a México ya como gasolina.

Acorde con los procedimientos de la paraestatal, los volúmenes que salieron de la subsidiaria PEP a las refinerías quedaron asentadas en el Sistema de Transferencia de Custodia (Sitrac), pero cuando se registraron las cifras ya no eran las mismas. Se reportó que 469 millones 290 mil 900 barriles se habían enviado a las refinerías del país y 29 millones 464 mil 600 a Deer Park.Luego, la cifra que registró el Sistema Nacional de Refinación ( SNR ) tampoco era la misma: 468 millones 803 mil barriles de crudo en refinerías nacionales, aunque se consignaron los mismos 29 millones 349 mil barriles a Deer Park.

En los números de producción total de refinados había también grandes diferencias: Pemex reportó en sus registros oficiales 491 millones 837 mil 500 barriles; el SNR , 484 millones 822 mil 900 barriles.

La auditoría a la producción de cada refinería develó además que Pemex Refinación no tenía parámetros o lineamientos para regular la obtención de rendimientos de productos por cada barril de petróleo crudo enviado a proceso, a partir de las características del tipo de petróleo y de la capacidad instalada en cada una de las refinerías. En términos simples, no había parámetros del rendimiento que debía tener cada barril de petróleo, lo que daba pie a disparidades en la producción de cada refinería.

Además de las diferencias en los volúmenes de producción de gasolina, en las refinerías se encontraron miles de toneladas de azufre líquido y sólido, combustóleo, gasóleo y turbosina no reportadas en los inventarios. En la etapa del almacenamiento, cuando los refinados pasaron a las TAR , el volumen tampoco coincidía.

Por todo ello, la ASF determinó que Pemex Refinación no cumplía con la normatividad aplicable al registro y control de volúmenes de petróleo crudo y productos petrolíferos. De área en área, a juicio de la ASF , se manejaban volúmenes irreales. Al cabo de los años, Pemex Refinación, al igual que el resto de las subsidiarias, continuó con la misma mecánica, sin el control suficiente.

En un análisis sobre la deficiencia de los controles volumétricos elaborado por Marco Antonio Díaz Tobías, ex auditor gubernamental con amplia experiencia en el sector petrolero, se explica la problemática real:

Las subsidiarias de Pemex no tienen un control estricto de sus inventarios en los libros de operación contables y de inventarios. Tampoco se registra ni se hacen cruces de información entre la producción diaria, la refinación y sus importaciones, con las cifras de la distribución, ni con las de volúmenes de almacenamiento y los de las ventas. En realidad no se sabe a ciencia cierta cuánto produce Pemex, cuánto refina, cuánto almacena, cuánto se vende. La información vía sistemas no es confiable y tiene un margen importante de error y de oportunidad.

Es bajo el control de los volúmenes que las refinerías entregan a las terminales de almacenamiento, y alto el riesgo de pérdidas por manejo, así que tampoco se tiene un volumen real de cuánto se sustrae ilícitamente, porque la identificación es reactiva, empírica e inconsistente.

Por ejemplo, el robo de embarques completos muchas veces no se reporta porque no se registra su producción, y por tanto ni siquiera se supo que existieron. Bajo la premisa de que para acreditar el robo debe acreditarse la existencia previa, estos robos no se denuncian.

Como contralor de Pemex Refinación, el ex funcionario detectó precisamente el hurto de refinados directamente de los barcos que arriban a las terminales marítimas de Pemex con la gasolina importada. Estos cargamentos ingresan por diversos puertos de importación de Estados Unidos, Venezuela y Pakistán, provenientes de 17 países para cubrir el mercado nacional.

Hay otras peculiares modalidades para sustraer esa producción que no se reporta:además de hacerlo por pipas completas, se saca en túneles conectados directamente a los poliductos con tomas herméticas que llegan hasta las bodegas clandestinas donde se descarga en tanques y vehículos cisterna.

Este tipo de instalaciones paralelas hechas por tapineros profesionales operan sobre todo en la región del Pacífico mexicano, específicamente en el Poliducto Topolobampo- Guamúchil-Culiacán, y en la zona de Guadalajara, región tradicionalmente controlada por el cártel de Sinaloa.