¿Feliz día del niño?

30 de abril 2014

Aunque sólo queramos ver el lado bueno de la vida -y hay miles de razones para estar agradecidos y felices-, también pasa que la realidad suele golpearnos de tal manera que cuando decidimos ver también el dolor y la parte oscura, nos encontramos con los saldos de nuestra responsabilidad y negligencia. Es lo que nos acontece cada 30 de abril, día de las niñas y los niños, fecha que si bien es una oportunidad de júbilo y celebración para gran número de menores, no lo es para la gran mayoría de ellos, para aquellos que permanecen junto a sus familias en los márgenes del supuesto desarrollo neoliberal.

Sólo con recorrer los distintos medios de comunicación disponibles en Internet, cualquier ánimo de festejar se opaca, pues nos enteramos que en México 53 por ciento de los niños, o sea 21.4 millones, (todos los menores de 18 años según la definición de niñez de la Convención Sobre los Derechos del Niño) son pobres, mientras que tres de cada diez pasan hambre, de acuerdo con el Coneval y la Unicef (Liga1), lo cual empeora si hablamos de poblaciones indígenas, en donde “casi ocho de cada 10 (78.5 por ciento) padece condiciones de pobreza, y uno de cada tres de ellos vive en pobreza extrema”. (Liga2)

La desigualdad, la violencia, el atraso, la miseria, todos los males que nos afectan como país, golpean más gravemente a los niños que a ningún otro sector de la sociedad, por lo que todas esas frases hechas sobre la infancia como promesa de un futuro mejor suenan huecas, demagógicas y ofensivas, sobre todo si tomamos en cuenta que junto a esos discursos bonitos de los políticos neoliberales, se orquesta al mismo tiempo el reforzamiento de las políticas económicas que tienen a nuestras niñas y niños en esa condición de marginalidad y hambre.

Mirémonos en el espejo de nuestra infancia y no nos centremos en la postal de nuestros niños bien alimentados, vestidos y educados, con un futuro mínimamente garantizado por haber tenido la suerte de nacer dentro de eso que aún llamamos clase media; para no hablar de las clases altas beneficiarias del esquema económico actual. Miremos atentamente a esa gran masa de niños y jóvenes que tienen cancelada casi cualquier esperanza, ya no digamos de un futuro mejor, sino de la simple súpervivencia. Ese es nuestro espejo, ahí es donde debemos ver el verdadero México, ese país que estamos obligados a transformar, iniciando con el ejercicio de nuestra capacidad de reflexión y discusión de los temas amargos como el que aquí tratamos.

Un gran hombre decía que para conocer a una sociedad había que ver a sus niños: si estaban felices o tristes, limpios o sucios, bajo el cuidado atento de sus mayores o en el abandono; si estudiaban en escuelas dignas o simplemente pasaban por aulas mal equipadas y con maestros sin vocación; si las niñas y niños pertenecían a grupos familiares armónicos o vivían en ambientes hostiles y problemáticos.

¿Qué vemos los mexicanos en nuestro espejo de la niñez?

¿Feliz día del niño?

Saludos,

Cristina Sada Salinas