Corral y “El Bronco”. Rebelión y sometimiento

 

En estos días avanza desde Chihuahua la “Caravana por la Dignidad” encabezada por el gobernador Javier Corral, quien así exige al gobierno de Enrique Peña Nieto que detenga la represalia hacia el pueblo de Chihuahua que la Secretaría de Hacienda está perpetrando al negarse a entregar a esa entidad recursos públicos ya comprometidos, como “castigo” porque el gobierno de Corral emprendió acciones legales contra el exgobernador César Duarte por un desvío millonario de Hacienda a las campañas del PRI.

Estamos nada menos que ante una auténtica extorsión, típica del pacto de impunidad con el que nuestro podrido sistema político funciona.

Creo que más allá de los “peros” que algunas personas le ponen a esta decisión de Corral (por considerar que beneficia políticamente al frente PAN-PRD-MC), su actuación es inédita y sumamente valerosa, pues por primera vez un gobernador nos enseña que no debemos estar siempre agachados ante el gobierno federal; que es posible, con valentía y voluntad política, romper ese famoso pacto de impunidad.

En Nuevo León lamentamos no tener un ejemplo similar, pues en contraste con Corral, y contra todo lo que prometió el primer mandatario “independiente” de México, Jaime Rodríguez Calderón, tomó la decisión de seguir el mismo camino de la sumisión que todos los demás gobiernos.

Como muestra tenemos el hecho de que Jaime rompiera una de sus principales promesas de campaña, como lo fue cancelar el proyecto Monterrey VI, al “cambiar de opinión” repentinamente, tras una junta con Enrique Peña Nieto. Salió de la reunión para decir a los medios que “Monterrey VI va”. Se argumentó entonces que si Rodríguez Calderón contradecía al presidente, Nuevo León se vería afectado con recortes de recursos federales, lo que justificaba el acatar calladamente la orden presidencial de llevar adelante este proyecto faraónico tan contrario a los intereses de los nuevoleoneses.

Si “El Bronco” en esa oportunidad hubiera actuado como ahora lo hace Javier Corral -por no hablar de la simulación de “perseguir” a los Medina-, hubiera reconfigurado la manera de hacer política en el país y sería un ejemplo que, quizá, habría incluso evitado lo que hoy pasa en Chihuahua, pues se habría sentado un gran precedente. Como sabemos no fue así y Jaime lo que demostró fue sumisión y sometimiento.

Javier Corral, con visión de estadista, en cambio está ahora mismo haciendo algo realmente histórico.

Somos un país desesperado por un cambio profundo, y si bien soñamos con giros radicales desde diversos movimientos sociales y organizaciones ciudadanas, nos topamos con el hecho de que el sistema electoral siempre nos lleva a donde mismo. Recordemos las grandes frustraciones que para los votantes resultaron Vicente Fox y el propio Jaime Rodríguez Calderón. El primero es recordado como “el traidor a la democracia” pues no tocó las estructuras del priismo, mientras que “El Bronco” demostró no tener nada de independiente, y no fue más que un disfraz promovido por empresarios, un simple alfil del PRI, un lacayo de Peña Nieto.

A pesar de que no comulgo con la ideología del PAN, que es el partido de Javier Corral, y menos con el “Frente” -una revoltura de ideologías partidarias tan contradictoria y ridícula como lo es la de MORENA con el PES y el PT-, festejo esta valentía de Javier Corral, pues necesitamos urgentemente un cambio de raíz. No debe importar de dónde venga la insurrección, sino que las cosas realmente se muevan para bien, como creo se mueven en este caso.

Demos seguimiento y si es posible apoyo con difusión y asistencia a esta “Caravana por la Dignidad”. Su reclamo es legítimo y necesario.

 

Cristina Sada Salinas