Celebrar ser mujer en un mundo patriarcal

Por Cristina Sada Salinas


A estas alturas, en el año 2022, nos queda más claro que nunca que vivimos bajo un régimen patriarcal, no sólo en México sino en el mundo entero, pues somos testigos de cómo dos potencias nucleares se enfrentan: Estados Unidos y la OTAN contra Rusia.

El mundo está regido por intereses que tienen que ver con la fuerza, el poder, los recursos naturales y el dinero; pero no un dinero que se distribuya sobre toda la población, sino entre oligarcas de diferentes bloques de esferas de influencia del planeta que se debaten entre sí, sin considerar las consecuencias fatales para las poblaciones de sus países, tanto en lo económico como en vidas humanas.

El siglo XXI sigue siendo patriarcal y muy lejos estamos del periodo de la humanidad que conocemos como prehistoria, en el que se respetaba y honraba a la mujer, lo cual está comprobado por los vestigios encontrados en tumbas que muestran que a quienes se respetaba, e incluso se adoraba en esas civilizaciones antiguas, era a la mujer. Uno de esos vestigios son las famosas “venus” prehistóricas que ha descubierto la arqueología en tumbas.

En el libro “El cáliz y la espada. De las diosas a los dioses: culturas pre-patriarcales”, la autora Riane Eisler narra cómo fue que la espada llegó a devastar las comunidades originarias de lo que hoy es Europa mediante las invasiones de sociedades guerreras provenientes de las estepas ubicadas en la actual Rusia. Es un libro muy esclarecedor en estos tiempos de revisión en que es indispensable comprender los estragos presentes y futuros que violencia patriarcal está desatando en Ucrania.

En la antigüedad, la mujer fue desplazada del centro de la vida comunitaria cuando lo predominante se convirtió en la fuerza, cuando unos pueblos sometían a otros a través de su armamento —desde el más primitivo hasta los sofisticados arsenales nucleares de hoy en día—, cuando dejamos de intercambiar nuestros bienes y se creó la moneda, hasta llegar al actual sistema financiero manejado por algoritmos desde los centros económicos de Londres y Nueva York. Desde entonces, los derechos de las mujeres y de millones de ciudadanos de clases bajas y media han quedado relegados y han sufrido los estragos de estos sistemas patriarcales donde es el hombre el dominante, donde el macho alfa manda y la mujer tiene un papel secundario, siendo explotada sexual, social y laboralmente.

La violencia en nuestro país se ha incrementado exponencialmente en los hogares en este periodo de pandemia, y la violencia de las desigualdades sociales, aún en este sexenio que ha intentado aminorar la pobreza, sigue siendo prevalente.

La mujer por su género no es necesariamente más amorosa que el hombre, y hoy en día muchas mujeres empoderadas son injustas, crueles y violentas, aún contra sus propios hijos, aunque gracias a Dios esto es excepcional. En realidad, tanto hombres como mujeres podemos transformarnos enamorándonos de la paz que trae el hacernos cargo de nuestra propia vida, el dejar de ser dependientes, tanto económica como emocionalmente del otro, así como al desarrollar una gran capacidad de empatía y compasión hacia nuestros semejantes, el prójimo, e incluso hacia nuestros enemigos.

Respetar la forma de pensar de quien no coincide con nuestra ideología política, religiosa o filosófica, es respetarnos a nosotros mismos y es contribuir a la paz; pero la paz no se va a gestar jamás mientras nosotros los ciudadanos ordinarios no logremos tener esa paz en nuestra propia familia, no logremos tener esa paz con nuestra propia vida y vivencias, y mientras no logremos perdonarnos y perdonar a los demás sabiendo que todos actuamos desde nuestro nivel de conciencia. ¿Desde cuál otro podríamos actuar?

Si vamos a sobrevivir como humanidad, va a ser únicamente porque logremos subir el nivel en el que hoy nos encontramos. Alejarnos del egoísmo, del rencor y de la avaricia que muchos aún añoramos.

En Putin vemos a un macho alfa: hombre decidido, valiente, poderoso, que ha logrado —a pesar de que un importante porcentaje de su pueblo se mantiene en pobreza—, invertir cientos de millones de rublos en armamento nuclear. En Biden veo a un alfil del sistema político-financiero occidental, cuya actuación y decisiones en realidad son determinadas a un nivel aún más alto que él, por el aparato financiero y militar sobre el que el expresidente estadounidense Dwight D. Eisenhower nos advirtió antes de dejar su mandato:

“Nuestro trabajo, los recursos y los medios de subsistencia son todo lo que tenemos; así es la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno, debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y [ese riesgo] se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos”. (Dwight D. Eisenhower. Discurso de despedida a la nación. 17 de enero de 1961).

Yo, como mujer, esposa y madre, honro a todas las mujeres que me antecedieron y por las cuales hoy estoy viva, por las que hoy existo; igual que honro a las generaciones que han surgido de mi vientre. Pero igual honro a mi padre, a mi abuelo, a mi bisabuelo y a mis ancestros que también me antecedieron y por quienes a través de todas sus enseñanzas, inconscientes y conscientes, hoy existo y puedo así comunicarme con ustedes.

La división socioeconómica y política en México jamás terminará bien, ya que ha despertado los peores sentimientos de odio, rencor y agresividad, separándonos en dos grandes grupos: opositores y apoyadores de este régimen de la 4T que tanto desprecia la oposición y que tanto aplauden los seguidores de Andrés Manuel López Obrador.

Yo deseo a todas las mujeres que hoy marcharon en todo el país, que manifiesten la parte más bella de nuestras cualidades de mujeres: la parte no manipuladora, la parte que sabe perdonar, la parte que trae vida, la parte que se llena de dignidad y se erige para defender sus derechos de género. Sí, evidentemente que tenemos que defender nuestros derechos, pero sumando violencia a la violencia ya institucional instaurada en la mente de los hombres machos y de los hombres poderosos, no vamos a solucionar absolutamente nada.

Recordemos también las palabras del Maestro Jesús cuando Pedro le preguntó, “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. La respuesta de Jesús fue contundente: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Mateo 18:21-22

Hoy festejo a mi género y festejo el ser una de millones de mujeres mexicanas, latinoamericanas, y de miles de millones de mujeres en el mundo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto. Gracias a Dios por tantas bendiciones.