BOLETÍN: OBISPOS ACTÚAN POR MANDATO ṔAPAL ANTE PEDERASTIA

BOLETÍN

OBISPOS HAN ACTUADO POR UN MANDATO PONTIFICIO ANTE PEDERASTIA,

SABÍAN PERFECTAMENTE QUÉ HACER

 

Quienes firmamos este comunicado (1) manifestamos nuestra decepción y preocupación por las recientes declaraciones del Papa Francisco acerca de la reunión que el próximo febrero celebrará en Roma con los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo, para discutir la crisis de la pederastia clerical que enfrenta la Iglesia católica.

El pasado 28 de enero el pontífice declaró ante medios de comunicación respecto a lo que la opinión pública y los creyentes esperan sobre el encuentro de febrero: “Me permito decir que he percibido un poco una expectativa inflada. Hace falta desinflar las expectativas a estos puntos de los que yo hablo. Porque el problema de los abusos continuará: es un problema humano que se da en todos lados” (2).

Efectivamente, los sobrevivientes y defensores de derechos humanos estamos esperando respuestas de esa reunión porque lo amerita la magnitud de la pederastia clerical en el mundo; porque cada vez es más patente que han reconocido otros miembros de la iglesia que existe un mecanismo de encubrimiento institucionalizado que normó el comportamiento respecto de lo que había que hacer en los casos de abuso sexual en contra de niños, niñas y adolescentes, mecanismo que debe ser desterrado (3). El conjunto de la sociedad está esperando respuestas efectivas en decisiones y acciones efectivas.

Nos ha llamado mucho la atención que Francisco ha planteado “dar una catequesis sobre este problema a las conferencias episcopales”, como propósito del encuentro. Dijo textualmente: “La idea nació en el C9 [el consejo de cardenales que le asesora para las reformas]. Vimos que algunos obispos no sabían qué hacer, no entendían… Hacían una cosa buena y otra mala. Entonces sentimos la necesidad de dar una catequesis sobre este problema a las conferencias episcopales. […] Primero deben ser conscientes de esto” (4).

Catequizar es una forma de enseñar la doctrina y la moral de la Iglesia con un fin pastoral, sacramental y hasta social, pero con objetivos intraeclesiales en el sentido de que la verdad ya se tiene, lo que falta es ponerla en práctica; es decir, a la pederastia clerical la siguen considerando como un asunto interno que se tiene que resolver con métodos propios. En otras palabras, con esta afirmación el Papa indica que no han avanzado en nada en la reflexión de este tema, mucho menos en la solución adecuada de este gravísimo delito, por más de que crecientes escándalos alrededor del mundo les están evidenciando que lo que en esta materia comete la Iglesia es equiparable a un crimen de lesa humanidad.

La Tolerancia Cero como solución institucional de toda la jerarquía católica a la grave problemática de la pederastia clerical, implica revocar el protocolo de encubrimiento a los agresores y desprecio a las víctimas vigente desde 1962 (4) y, en efecto, crear un nuevo protocolo con dos ejes: el interés superior de niños, niñas y adolescentes y las responsabilidades que tienen los obispos ante la justicia común, recordándoles que hay leyes para este tipo de delitos en cada país y que deben acudir a las autoridades pertinentes.

Tolerancia Cero deberá significarles también, analizar dentro de la Iglesia cuáles son las condiciones estructurales que se crean desde la formación de los sacerdotes para que muchos de ellos se conviertan en pederastas, lo cual llevó a concebir, aprobar y hacer vigente por más de 50 años un protocolo de encubrimiento.

Recordamos que ya en el pasado hubo medidas parecidas a las que ahora está pensando el Papa Francisco y que a través de una comunicación se les pidió a todas las Conferencias Episcopales tomar medidas de prevención. Nos preguntamos por qué no dieron resultado.

Por último, tal y como afirma el Papa Francisco en la citada declaración, es verdad que el abuso sexual “es un problema humano” pero que da cuenta de una patología que debe ser desterrada de todos los ámbitos en los que se desenvuelven los niños, niñas y adolescentes. Recordamos que el ejemplo que el Papa y sus subalternos den, es clave para erradicar este delito de todos los ámbitos de la vida de los niños, por lo que consideramos inconveniente y peligroso que se sugiera que el abuso y su continuidad son connaturales a la condición humana.

Con todos estos antecedentes, pedimos públicamente al Papa Francisco que no se desvíe de nuevo la atención de lo que realmente está en juego, y mucho menos que se indique que la pederastia clerical se debe a la incapacidad de los obispos para resolver este problema, diciendo que son ignorantes y que no saben qué hacer al respecto, de modo que necesitan ser catequizados. ¿Catequizados por quién?, ¿por quien es también responsable, en su nivel, de tales delitos? Lo ineludiblemente necesario es que el mismo pontífice reconozca su responsabilidad personal e institucional en el daño que se ha causado a miles de víctimas inocentes, a sus familiares y a la humanidad, y que se termine con el mecanismo institucional que obispos, arzobispos y cardenales han cumplido inexorablemente bajo reserva y secreto pontificio al margen de las autoridades competentes.

 

ATENTAMENTE

Joaquín Aguilar (SNAP-México)

Alberto Athié

Dr. José Barba Martín

Bernardo Barranco Villafán

Fray Julián Cruzalta

Jorge Flores Silva

Dr. Fernando M. González

Pbro. José Manuel Guerrero Noyola

María Eugenia Jiménez Cáliz

Pbro. Raúl Lugo Rodríguez

Sara Oviedo

Cristina Paredes

Jesús Romero Colín (INSCIDE)

Cristina Sada Salinas

Pbro. Jorge de Siena

César Valdez

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REFERENCIAS

 

(1) Asistentes al Foro Spes Viva, derechos de la infancia ante la pederastia clerical, celebrado en noviembre de 2018 en Monterrey, México, e integrantes de ECA, Ending Clergy Abuse, Global Justice Project.

(2 y 4) Nota de Daniel Verdú, El Papa sobre los abusos a menores: “A veces el obispo no sabe qué hacer”. El País, 28 de enero de 2019 (https://elpais.com/sociedad/2019/01/28/actualidad/1548675880_739473.html?id_externo_rsoc=FB_CM)

(3) El propio cardenal-prefecto de la Congregación de Religiosos de la Santa Sede Joao Braz, reconoció abiertamente el encubrimiento sistemático del P. Marcial Maciel desde la Santa Sede, a pesar de que tenían toda la información sobre sus abusos desde 1943. “Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia…”, declaró Braz. Así, el problema que finalmente reconoce y señala el cardenal-prefecto, no es ciertamente el de un grupo mafioso al interior de la Institución que desde la máxima autoridad protege a un delincuente, sino de un mecanismo que la misma Santa Sede diseñó y orquestó a nivel mundial, un comportamiento institucional de tipo mafioso por parte de verdaderos representantes de la Iglesia católica. Quienes encubrieron sistemáticamente al P. Maciel fueron cardenales prefectos dela Santa Sede (incluso el mismo cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano), como el Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe desde 1981 hasta el 2005; el cardenal Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación del clero; cardenal Rodhé, prefecto del Instituto para la la familia y sus respectivos equipos de trabajo; así como el cardenal Norberto Rivera, Arzobispo primado de México y el Nuncio Girolamo Prigione, por citar a algunos.

(4) Se diseñó, por lo menos, desde 1928 en la Santa Sede y se publicó y exigió su cumplimiento a todos los obispos en el mundo, en un documento oficial en marzo de 1962 llamado Crimen Sollicitationis, con pleno conocimiento y aprobación del papa Juan XXIII. A partir de dicho documento y su promulgación se conoce por parte de todos los obispos y se norma su comportamiento respecto de lo que había que hacer respecto de los casos en los que se cometen abusos sexuales en contra de creyentes. Dicho protocolo exigió a todos los obispos su pleno cumplimiento en dos objetivos fundamentales: El manejo y control estricto de los casos que sucedieran en sus diócesis; el seguimiento de los agresores y la rehabilitación espiritual y moral de éstos a través de diferentes estrategias (regaños, exhortaciones, cambios de sede, retiros, terapias, etc.), y evitar el escándalo, o sea, afectar la imagen de la Institución y el prestigio de sus representantes, a toda costa. Estuvo vigente hasta la reforma del Papa Juan Pablo II en 2001 quien mantuvo los mismos objetivos bajo la secrecía pontificia, pero atrajo todos los casos a la Santa Sede en Roma, sin resultados positivos hasta el presente, incluyendo las reformas e iniciativas del papa Benedicto XVI y las del propio Francisco.