Ante Trump, “todavía no hemos ganado nada”: Belinda Haro

En entrevista exclusiva para este portal, la especialista en asuntos migratorios Belinda Haro Alamilla* pone en cuestión la presunta tradición de México como “país de puertas abiertas” para quienes vienen de otros países a buscar refugio, residencia, o van de paso hacia los Estados Unidos, y revisa críticamente el acuerdo que el gobierno mexicano consiguió con el de los Estados Unidos para detener la amenaza arancelaria lanzada por Donald Trump hace tres semanas.

 

“Todavía no hemos ganado nada”, nos advierte.

 

Acudimos a la Maestra Haro porque ella fue parte del proceso de regularización de los más de 40 mil indígenas guatemaltecos que desde inicios de los años 80 entraron a territorio nacional para salvar sus vidas de la cruenta guerra civil que nuestro vecino del sur sufría en aquella época (ponencia). Consideramos que esa experiencia histórica tiene mucho que enseñar para la actual crisis en lo que corresponde al aspecto humano del fenómeno migratorio.

 

Esperamos que voces expertas como las de nuestra entrevistada sean escuchadas por quienes hoy toman decisiones para enfrentar un hecho de proporciones tan enormes como la crisis humanitaria en la que se está convirtiendo el paso de olas de migrantes por México.

 

Aquí la voz experta de Belinda Haro Alamilla.

 

 

Entrevista realizada por César Valdez,

exclusiva para www.cristinasada.com

 

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Dada tu experiencia en la conclusión de los programas gubernamentales para la integración de refugiados guatemaltecos en México, ¿qué nos puedes decir respecto a las enseñanzas históricas que nos deja aquel proceso de asilo masivo a indígenas guatemaltecos expulsados por una cruenta guerra civil, iniciado en los años 1981-82?

 

Desde mi punto de vista, a partir de mi experiencia como parte del equipo de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) (sitio), que concluyó este llamado programa de integración definitiva de los refugiados guatemaltecos en México, lo que puedo decirte es que las personas que se ven obligadas a huir de su lugar de origen para salvar su vida o su seguridad, si se les brinda una nueva oportunidad en otro país, se esfuerzan y aprovechan esa oportunidad.

 

El principal aprendizaje a partir de esta experiencia, es que a diferencia de la década de los 80 hoy el Estado mexicano es parte de tratados internacionales de carácter vinculante sobre la protección de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiados; así como de instrumentos regionales sobre la materia. Por lo tanto, todas estas decisiones y la instrumentación de políticas públicas que se tomen no deben ser a partir de presiones de ningún tipo, sino de acuerdo con las obligaciones y el derecho internacional de los refugiados que México ha incorporado a su marco jurídico. Está incorporado en nuestra constitución y en las leyes secundarias. Entonces creo que tenemos que empezar por voltear a ver las leyes para tomar acuerdos y establecer políticas públicas. Eso sería el aprendizaje que veo de esa experiencia.

 

 

Y más allá de eso, del marco jurídico que obviamente ha cambiado, pues antes ni siquiera estaba claro, no había una legislación clara, ya no digamos en los tratados internacionales sino en la legislación propiamente mexicana, en el asunto de migración y refugiados. Pero más allá de eso, la respuesta gubernamental que se dio en aquel entonces fue en muchos sentidos ejemplar, ¿no?, se atuvo a la tradición de asilo que tiene México, de buen samaritano internacional, digámoslo así.

 

México “país de puertas abiertas”. La verdad es que sí haría un reflexión más amplia porque finalmente la permanencia de los guatemaltecos en México fue resultado inicialmente de las presiones de personajes progresistas, de otros gobiernos y de organismos internacionales como la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) (ver), que realizó el reconocimiento y la protección de los refugiados mediante mandato. ¿Qué es el mandato de la ACNUR?, es el procedimiento que opera en los países que no son parte de la Convención sobre el estatuto de los refugiados de 1951, y su protocolo de 1967, situación que México mantuvo hasta el año 2000 con la ratificación de ambos tratados. Lo que te quiero decir con esto es que México en 1981, 82, y cuando llega la mayor crisis en 84, que llegan los refugiados guatemaltecos, no era parte de ninguno de los tratados. Entonces quiero contarte como sucedía.

 

Los pueblos guatemaltecos, cargando niños, ancianos, personas con discapacidad y lo poco que poseían, primero emigraban de sus ciudades quemadas, arrasadas por los militares de la dictadura guatemalteca hacia otros lugares, y allí eran perseguidos, y entonces entraron a territorio mexicano por Chiapas, y quienes empezaron a ayudarlos eran las personas que vivían en las fincas en la frontera. Cuando el gobierno de México se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, de este éxodo migratorio de guatemaltecos, mandaron al ejército a sacarlo. Y los sacaban no pidiéndoles que salieran, los sacaban a patadas, con las armas, empujandolos y demás. Entonces volvían a entrar porque tenían que salvar a su vida, y al territorio mexicano entraban los kaibiles a matar. Y entonces empezó a haber una gran presión, como te digo, de distintos actores, tanto nacionales como internacionales, que presionan al gobierno de México a atender el problema.

 

Había muchísimos de los funcionarios públicos de ese entonces, entre otros Manuel Bartlett, que fue un acérrimo enemigo de que se aceptara el refugio guatemalteco en México. Y entonces a México de todas formas no le quedó otra cosa más que aceptarlo. ¿Por qué? Porque entonces entró ACNUR para apoyar a ese movimiento, a esa protección a todos esos miles de guatemaltecos.

 

Y entonces una vez que el gobierno de México dejó de expulsar a los indígenas guatemaltecos que huían de la guerra interna y aceptó su permanencia en el territorio, la participación y el apoyo internacional fue un elemento fundamental que hizo posible no sólo la asistencia más elemental a estas personas, sino también el apoyo y financiamiento para la implementación de desarollo de proyectos productivos, autosustentables; la construcción de escuelas, atención médica, capacitación para que supieran hacer algo más. Al gobierno de México le correspondió a través de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados y del Instituto Nacional de Migración (INM) los trámites de regularización migratoria hasta la conclusión del programa de naturalización, que sí se llevó a cabo entre el año 2001 y 2006.

 

Es decir, México no afrontó el fenómeno del refugio guatemalteco solo, tuvo muchísimo apoyo internacional. Y allí sí retomaría la frase de “México de país de puertas abiertas”, que desde mi punto de vista es sólo un paradigma más que en su momento fue necesario para la construcción del nacionalismo revolucionario y de la ideología cardenista, que cohesiona a México como una nación en esos momentos; es decir, esto viene de más atrás. Podemos allí referirnos a al refugio español, pero no necesariamente es verdad que México sea un país de puertas abiertas.

 

La política migratoria mexicana ha sido una política discrecional y selectiva, basada en el grado de asimilación racial, cultural y de coyunturas políticas. De ello puedo citar algunos ejemplos, que son mucho más de los que se mencionan cuando oyes hablar del refugio español, del refugio de los guatemaltecos en México, o del refugio del Cono Sur.

 

Yo te podría decir, además que se han hecho cosas terribles, como la primera ley de inmigración de 1908 que establecía laxos requisitos migratorios para los inversionistas y las empresas, pero prohibía la entrada del país de menores de 16 años que viajarán solos. Y prohibía también la entrada de personas del Este de Europa y personas que consideraban non gratas. Estaba también el desprecio y el rechazo en contra de las personas de origen chino. Y para confirmarte este desprecio que había y esa discriminación hacia la población china en México te menciono la matanza de decenas de ellos en Torreón en 1911 (nota), qué fue terrible. Eso fue un acto de genocidio; reúne todas las características de un genocidio, pero México ha guardado silencio sobre eso.

 

En 1939 durante la presidencia de Pascual Ortíz Rubio se prohíbe la inmigración polaca. En 31 se limita la inmigración de rusos, polacos y turcos. En 34 mediante una circular confidencial de la Secretaría de Gobernación se prohíbe la entrada a México de judíos, afganos y gitanos, por ser “exóticos para nuestra psicología”, así dice en la circular, esto está sacado de esta circular del Archivo General de la Nación, o sea, está totalmente confirmado.

 

En 1936 cuando la Ley General de Población entra en vigor, se establece un sistema de cuotas de ingreso, mediante tablas diferenciales en las que se establece el número de extranjeros que serían aceptados anualmente, que es semejante a lo que Estados Unidos actualmente hace, o sea, para entrar a Estados Unidos y para que le den por ejemplo la regularización migratoria a los familiares de los mexicanos que están regulares allá y que quieren llevar a su familia, los que tienen prioridad por ejemplo y los que pueden establecerse son los europeos, no de Europa del Este desde luego. Sigue siendo limitado. Y México y Centroamérica quedan en esas tablas diferenciales en los últimos lugares. Aceptan a diez europeos, pueden aceptar a un mexicano, por ejemplo. Exactamente igual.

 

Así fue la política migratoria hasta el presente siglo. Y si bien es cierto que durante el gobierno cardenista se recibió a 456 niñas y niños españoles no acompañados, también lo es que solamente fueron naturalizados como mexicanos 35 de ellos. Hubo 220 solicitudes y ningún gobierno consideró que esos niños españoles cuando crecieron reunieran los requisitos necesarios para ser mexicanos. Y entonces por voz propia de ellos lo que conocí fue que iban a otros estados y sacaban actas de nacimiento falsas donde dijeran que eran mexicanos. Tuvieron que borrar su pasado como refugiados para poder ser mexicanos y ser aceptados en este país que nunca los incluyó como mexicanos.

 

Hay muchos claroscuros en esta política y podría seguir dando muchísimos ejemplos. Está el terrible ejemplo de los polacos que llegan a México, mil 500 polacos que llegan a México en 1943, entre los que había judíos, católicos y protestantes, que fueron segregados en la Hacienda de Santa Rosa en Guanajuato hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. Y una vez que terminó la guerra los expulsaron del país. No hubo oportunidad de que ninguno fuera incluido, asimilado, integrado a México. Los echaron porque eran polacos, porque no eran semejantes a nuestro mestizaje, en fin.

 

Y hoy sobre los migrantes centroamericanos diríamos todo con el “Poema de amor” de Roque Dalton (leer); quien lo conozca sabrá a qué me refiero y si no, voy a decir unas estrofas nada más:

 

Los siempre sospechosos de todo

los arrimados, los mendigos, los mariguaneros,

los eternos indocumentados

los tristes más tristes del mundo

 

Eso es lo que son los centroamericanos hoy para nosotros. Son los que apestan, los diferentes, los que no queremos en el país. Pero son personas que están huyendo en situaciones muy concretas de esa exclusión social que se vive en Centroamérica y que no vamos a arreglar porque el tejido social está roto, y mientras siga habiendo estos gobiernos corruptos y poco democráticos en Centroamérica se van a seguir saliendo de sus países.

 

 

En esto que estás describiendo, en esta visión histórica que no es tan conocida  —porque nos quedamos con esta leyenda del “México de puertas abiertas” —, ¿cómo inscribes en esta continuidad histórica la política migratoria desde que entró Andrés Manuel López Obrador, que ofreció incluso empleo y visas a migrantes, para luego dar un aparente giro ante el acuerdo —por decirle de alguna manera— con el gobierno de Donald Trump, ante las presiones más bien del gobierno de Donald Trump? ¿Cómo inscribes esta política migratoria en esa tradición?

 

Lo cierto es que México nunca tuvo que preocuparse por tener realmente una política migratoria que considerara a las personas que llegaban al país. ¿Por qué?, porque hasta a principios de este siglo México fue un país de tránsito, salida y retorno, sobre todo de salida, pero no de destino. O sea, todos los que pasaban por México no querían quedarse en México, iban hacia Estados Unidos. Entonces, claro, en este siglo lo que empieza a pasar es que a partir de el derribo de las Torres Gemelas y del cambio de política migratoria de los Estados Unidos hacia una política de Seguridad Nacional y del sellamiento de sus fronteras, los migrantes empiezan a quedarse aquí. Estoy hablando de 2001. O sea, esto tiene ya varios años de que empezó a pasar. ¿Y qué fue lo que pasó? Bueno, pues que en realidad el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, desde mi punto de vista, creo que no visualizó lo que estaba sucediendo, porque esto es una crisis anunciada, con manifestaciones relevantes como las crisis de los 70 mil menores no acompañados que cruzaron México y llegaron a Estados Unidos en 2014. El gobierno actual no logró tener una visión amplia de lo que significaba el fenómeno de la caravana integrada por las mil 600 personas que entraron por la fuerza a territorio mexicano en octubre de 2018. No hubo previsiones de lo que podía suceder. La nueva administración debió dar prioridad a la búsqueda de soluciones bilaterales y a nivel regional para tratar de parar lo que estaba pasando, este éxodo masivo. Pero ofreció permitir el tránsito de miles de migrantes a los que ofreció trabajo y visas humanitarias, sin considerar que el flujo migratorio tiene como destino final los Estados Unidos, y que garantizar el paso incrementaría el flujo migratorio, porque las múltiples causas que originan la migración prevalecen. Entonces te das cuenta cómo ni siquiera lo pensaron.

 

Hay una investigación que hace FUNDAR (sitio) el año pasado y que publica este año sobre el análisis del paquete económico 2019 (reporte). Ahí tú puedes ver cómo esta administración ni siquiera pensó en un presupuesto mayor. El del Instituto Nacional de Migración, más que aumentar se disminuyó en 26 por ciento, o sea, le quitaron 468 millones de pesos, menos que en 2018. Y aunque claro, además de esos millones de pesos el Instituto recibe más porque cobra por regularizaciones migratorias, por todos los trámites que hacen, pero no es suficiente para administrar esta crisis. Aquí lo que tenemos que tener presente es que además de los migrantes hay personas refugiadas y necesitadas de protección internacional. Bueno, a la COMAR el presupuesto que se le da disminuye también muchísimo, que es de 21 millones de pesos…

 

 

¿Que de por sí ya era muy magro, no?

 

Claro. Imagínate, es el 0.03 por ciento del presupuesto asignado a la Secretaría de Gobernación, son 21 millones de pesos, ¿qué haces con eso?

 

Yo quisiera que se dieran cuenta de lo que está sucediendo, porque claro, yo tengo todavía compañeros que trabajan en la COMAR, que están cerca de las oficinas y que me dicen “esto está desbordado, no podemos sacar los casos, se está trabajando al vapor, las personas nuevas que entraron ni siquiera tienen capacitación”. O sea, realmente no hubo una previsión. Es que, que no me digan que no vieron llegar este fenómeno. Cuando tú vas a tomar un gobierno te asesoras de personas especialistas en el tema. No lo hicieron.

 

Yo creo que sí es muy necesario aumentar el presupuesto de la COMAR, a fin de garantizar la protección de los derechos humanos de las personas migrantes y solicitantes de refugio que están buscando la protección hoy en México.

 

Lo que debieron haber hecho los distintos gobiernos de México y éste, es haber dado la justa dimensión al fenómeno migratorio a partir de los distintos factores que la producen, y constituirse como un principal promotor en la región para promover el apoyo internacional a los países que conforman sobre todo el Triángulo Norte de Centroamérica, que son Guatemala, Honduras y El Salvador, para estimular el desarrollo económico.

 

 

Y ahora está en ese sentido el Plan de Desarrollo Integral para México, Honduras, Guatemala y El Salvador, que anunció hace poco en conjunto con la CEPAL el gobierno de México (plan). ¿Qué opinión te merece?

 

Pues que no es la primera vez que se propone este tipo de apoyos. Ojalá no quede en la conferencia de prensa y en un documento escrito. Hay que buscar que realmente se lleve a cabo esto. Ahora, el problema aquí es que el dinero para estos proyectos, para estos planes en un gran porcentaje lo proporcionan los Estados Unidos, y si recuerdas, hay un proyecto de apoyo, un plan de apoyo de Estados Unidos para los países del Triángulo Norte, pero Trump dijo hace unos meses que esto no estaba funcionando y que él no quería seguir dando ese dinero. Y si él deja de dar ese dinero, si dejan de aportar fondos otros países desarrollados —aunque bueno, en este caso Alemania ha ofrecido participar en este Plan de Desarrollo Integral para México, Honduras, Guatemala y El Salvador—, si se deja de dar el dinero que está dando hasta este momento Estados Unidos, lo que va a pasar es que la violencia se va a acrecentar y desde luego que la migración va a crecer en la misma medida. Entonces, Trump también tiene que poner el ojo en qué está decidiendo, porque México no puede hacer todo solo. La verdad es que esto que ha ocurrido con el gobierno de los Estados Unidos es bastante preocupante.

 

 

¿Cómo sintetizarías tu análisis del acuerdo al que se llegó después de la amenaza de imposición de aranceles generalizados a las mercancías mexicanas? ¿Cómo lo calificarías?

 

Para mí esto no es un acuerdo, es un ultimátum. Un convenio es un acuerdo entre dos o más partes, en el que cada parte cede en pro de los intereses comunes. Aquí solamente ha cedido México, el gobierno mexicano ante las imposiciones del presidente Donald Trump. ¿Cuál es la otra parte? Lo único que logró el canciller mexicano fue ganar tiempo, como el mismo Marcelo Ebrard lo ha dicho, para evitar que en unas semanas el presidente Trump imponga aranceles a las importaciones mexicanas. Además está a consideración del presidente Trump si él estima que la migración ha bajado o sigue en aumento, entonces ahí es donde vamos a ver si realmente no nos impone las medidas arancelarias. Todavía no hemos ganado nada.

 

Entonces, yo creo que para implementar una política migratoria basada en la Seguridad Nacional, pues estamos cediendo a las peticiones de Estados Unidos y lo único que se está haciendo es implementar medidas de contención, persecusión y detención en contra de las personas migrantes y solicitantes de refugio.

 

 

¿Qué alternativas había ya ante el hecho consumado de la amenaza de Trump? ¿Qué alternativas reales tenía el gobierno de México?

 

Ellos debieron haber previsto que se venía esta problemática desde antes, desde que estaban en campaña. Es que desgraciadamente nos miramos el ombligo, nunca miramos hacia afuera; o sea, se miraron y se vio lo que se quería hacer aquí: acabar con la corrupción, pero no se vio lo que estaba sucediendo alrededor nuestro. Por eso te digo que lo que debió haber hecho Andrés Manuel fue asesorarse de especialistas en el tema migratorio para ver que la crisis era ya evidente. Él no pudo decir, “ya voy a llegar y voy a darles empleo y les voy a dar salvoconductos para su cruce del territorio mexicano para que lleguen a Estados Unidos”. ¿Cómo se le ocurre?, como si con decir estas palabras Trump y los estadounidenses iban a abrir la frontera. Es que no previeron, eso fue lo que pasó. Entonces con un “tuit” se espantaron y cedieron ante todo y ahora la respuesta que tenemos es una política migratoria coercitiva. Y quiero ver cuando empiece a haber enfrentamientos y ataques de la llamada Guardia Nacional —que no son más que el ejército con una banda que dice “Guardia Nacional” en el brazo izquierdo—, que empiecen a atacar a los migrantes, porque los migrantes se echan a correr y que les empiecen a disparar y a matar inocentes, personas no armadas, personas que vienen huyendo de la violencia y que tienen derecho a migrar y a que se les trate bien y a que se les respete sus derechos. Es una problemática muy fuerte.

 

Ahora y por otra parte yo te diría, bien, Estados Unidos también va a obligar a México a convertirse en un país seguro para los miles de solicitantes de refugio, en su mayoría centroamericanos que aguardan hoy una resolución en aquel país; y van a regresarlos a México. Pero, será muy importante saber qué tipo de documento migratorio les va a otorgar este gobierno para regularizar su estancia en México. Porque no van a entrar y se van a quedar de manera irregular, los van a detener y los van a echar sin saber quiénes son antes de investigar. O sea, durante el tiempo que permanezcan en México ellos tendrán que tener un documento migratorio. Conocer si las niñas y los niños tendrán derecho a la educación. ¿Cómo se van a cubrir los servicios de salud? Si existirá algún tipo de restricción a su derecho a la movilidad en el territorio. O sea, si van a cruzar y los van a poner en campos de concentración propiamente dichos, no quiere decir que los maten ahí, pero, ¿los van a limitar a un territorio, o sea?, ¿qué van a hacer con ellos?, ¿van a tener derecho al empleo?

 

Hay muchas interrogantes para las que México y este gobierno no está preparado cuando está aceptando todas estas imposiciones de los Estados Unidos. Es muy complicado.

 

 

Tradicionalmente mucha de la respuesta que México ha dado a los flujos migratorios, de Centroamérica concretamente, ha venido de la sociedad civil. Ejemplos sobran, en todas las ciudades prácticamente hay casas del migrante, sobre todo de la iglesia católica y de Organizaciones No Gubernamentales. Las Patronas son el ejemplo más emotivo. ¿Qué llamado harías a la sociedad civil ante este fenómeno?

 

A la sociedad civil: que no desista en seguir ayudando a estas personas, porque si no fuera por ellas, no hubieran tenido siquiera la botella con agua y la torta o los frijoles que les han dado Las Patronas. No tendrían un lugar dónde descansar.

 

Yo creo que tú has entrado a los albergues y puedes ver cómo llegan, con los pies destrozados, heridos, no pueden caminar. Si no tuvieran esos espacios, no sé qué hubiera sido de los migrantes.

 

Aquí lo importante es que los presupuestos y la capacidad de actuar de las Organizaciones No Gubernamentales están rebasadas porque ya no alcanza para tantas personas, y este gobierno tampoco les ha ofrecido ningún apoyo económico, al contrario; han cortado los apoyos económicos que se dan a estas organizaciones. Entonces, pues sí, es muy fácil desde el escritorio decirles que no desistan y que sigan luchando por exigirle al gobierno actual apoyo para sacar adelante esta problemática. Porque no estamos hablando de cajas de aguacate, estamos hablando de seres humanos.

 

 

Y más allá de las organizaciones, a la sociedad civil en general, ¿cuál sería el llamado?, porque esto también puede generar una ola de xenofobia fuerte…

 

Pues que entiendan que las personas no vienen a hacerles daño, no vienen a quitarles nada, solamente quieren una nueva oportunidad de vida, de establecerse en un lugar en donde puedan vivir en paz, en tranquilidad y que basta de llamados a la unidad nacional. El nacionalismo lo único que causa es un rechazo a “los diferentes”, a los extranjeros. Entonces hay que poner mucha atención a esos llamados al nacionalismo, a cerrar filas, porque eso lo que hace es construir muros en contra de los que no son nacionales. Hay que tener mucho cuidado.

 

*Belinda Edith Haro Alamilla

Es maestra en Estudios de Migración Internacional por El Colegio de la Frontera Norte (COLEF) y licenciada en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue directora de Asistencia y Desarrollo en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) de 2001 a 2005, en donde concluyó el Programa de Naturalización de las y los refugiados guatemaltecos; y participó en el desarrollo de Protocolos de asistencia y regularización migratoria de personas refugiadas.

Participó en el “Primer Curso Regional de Derecho Internacional sobre Refugiados para América Latina”, impartido por el ACNUR en San José de Costa Rica en 2004 y recibió capacitación de la Oficina de Inmigración y Refugio de Canadá, sobre procedimientos de reconocimiento de la condición de refugio.

Fue enlace federal de género en la Secretaría de Turismo, en donde implementó políticas públicas con enfoque de género dirigidas al personal y para prevenir el turismo sexual infantil.

En 2017 participó como ponente en el Seminario Migración, Cultura y Desarrollo en las Fronteras, organizado por la UNESCO y El COLEF.

De 2016 a 2018, impartió cursos, talleres y conferencias en derechos de las personas migrantes, como asesora de la Dirección General de Estudios, Promoción y Desarrollo de los Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Actualmente es consultora independiente en materia de derechos humanos y políticas públicas de personas migrantes, con condición de refugio y sujetas de protección internacional.