Ante el silencio cómplice de la iglesia, comunidad benedictina admite a cura abusador

Recientemente se conoció en México la noticia de la “destitución del estado clerical” del sacerdote Salvador Valadez Fuente, miembro de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Valadez Fuente, fundador de la orden religiosa “Discípulas de Jesús Buen Pastor” (sitio), fue acusado en 2018, en Estados Unidos, por “abusos de autoridad y conductas inadecuadas contra el sexto mandamiento del decálogo” (“no cometer actos impuros”). Luego se sumaron denuncias similares de víctimas halladas en Colombia y México.

El proceso canónico se sustentó sobre la base de testimonios de religiosas y laicas que afirman haber sido víctimas de abusos sexuales a manos de Valadez en los años 90. El proceso concluyó con que, efectivamente, él había sido responsable de esos hechos, en flagrante contraposición al “carisma” para el cual fundó la congregación, fundamentalmente, promover el apoyo a los servicios de los obispos y sacerdotes en sus labores pastorales.

Aunque es un buen signo que se haya actuado contra este sujeto, nos llama la atención el oscurantismo en medio del cual se dio el anuncio de su expulsión, sobre lo cual enlisto algunos hechos:

a) El 6 de noviembre de 2021, el papa Francisco concedió la “dimisión del estado clerical” y la dispensa del celibato al sacerdote, lo cual entraría en vigor a partir del 6 de enero de 2022.

b) El 27 de enero de 2022 el ordinario de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez; mediante comunicación “exclusiva para el clero”, notificó de la exclusión de Valadez Fuente del estado clerical.

c) Hace dos días, el 8 de febrero de 2022, se dio a conocer, ahora ante la opinión pública, la salida de Valadez del orden sacerdotal, quien había sido radicado en un convento de los monjes benedictinos “Santa María y todos los Santos”, ubicado en Veracruz. Él, con total desparpajo, mediante un video en redes sociales manifestó “su nueva vocación contemplativa” aseverando su aceptación en el convento como miembro activo. (Aquí el video).

El video provocó la repugnancia de las religiosas y laicas víctimas, quienes no dan crédito a que se permita que ahora, nada más y nada menos que, quien abusó sexualmente de ellas pretenda seguir como religioso benedictino, bajo la falsa conseja de haber sido llamado a una vocación contemplativa. 

Nos preguntamos: ¿Por qué un criminal acusado de abusos sexuales fue radicado en un convento? Su obispo y seguramente el abad del convento sabían de estos hechos. La omertá dentro de la estructura de la iglesia pretende seguir aniquilando la verdad con suaves ademanes y palabras edulcoradas para no proceder con la contundencia que los hechos exigen.

Es hora de responder, de denunciar, de eliminar los claroscuros que hacen, hicieron y amenazan con hacer tanto daño. Basta de abusar de la vulnerabilidad de las personas.

Exigimos a las autoridades competentes su intervención en este asunto, pues ya es del dominio público y a los obispos les exhortamos a colaborar con las autoridades, tal y como lo mandata la normatividad establecida recientemente por el propio papa Francisco. A rajatabla decimos: los sacerdotes abusadores o violadores no deben estar en conventos, sino en la cárcel.

Desde aquí exhorto a aquellas mujeres que son o fueron víctimas de estos hechos y que hasta ahora han guardado silencio, a alzar la voz sin temor, sabiendo que existen personas, organizaciones e instituciones que estamos para respaldarlas y para contribuir en la  resignificación de sus historias de vida.

“La verdad nos hará libres” (Jn. 8, 31-42)

 

Columna elaborada por José Leonardo Araujo Araque, en exclusiva para www.cristinasada.com

Fotografía tomada del sito oficial de la congregación “Discípulas de Jesús Buen Pastor”