ACAPULCO Y LA TRAGEDIA NACIONAL

 

Me une a Acapulco una liga muy íntima, pues desde muy pequeña fue destino obligado de las vacaciones de mi familia, como lo fue por lo menos desde los años cincuenta del siglo XX para magnates y figuras de la política y el espectáculo internacional como John F. Kennedy, Brigitte Bardot, Elizabeth Taylor y Frank Sinatra, entre muchos otros; pero no sólo para ellos, sino para miles de capitalinos de todos los niveles socioeconómicos que cada Semana Santa poblaban las bellas playas de este puerto que en muchos sentidos ha sido y es un símbolo de México, por buenas, pero también por malas razones.

Las buenas razones son de sobra conocidas: su clima extraordinario, la hospitalidad de su gente, la belleza del paisaje, de su bahía y de sus playas; aspectos que desde hace pocos años han dejado su lugar a la violencia desatada por el brutal accionar del crimen organizado, ante el descuido y la incapacidad o complicidad de las autoridades de Guerrero y de la federación. Así, de ser la joya turística de México, Acapulco ha pasado a simbolizar lo más oscuro y triste de la tragedia nacional.

Hoy, el periódico El Norte / Reforma amaneció con un encabezado escalofriante: “Matan en Acapulco a 150 comerciantes en 18 meses”. En la nota se detalla que, por ejemplo, en lo que va de este año, mil 800 negocios han cerrado sus puertas ante las constantes extorsiones, secuestros y asesinatos de comerciantes (se anexa nota completa al final). ¡150 comerciantes en menos de dos años! Si lo pensamos en términos gremiales nos daremos cuenta del tamaño de la tragedia: México ha sido declarado uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo pues en todo el país van 120 informadores asesinados desde el año 2000 (nota); en esa lógica, ¿qué lugar mundial tendrá Guerrero y el país en su totalidad en cuanto a crímenes contra miembros de la iniciativa privada?

No es gratuito entonces que recientemente el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal haya establecido que Acapulco es la segunda ciudad más peligrosa del mundo, sólo después de Caracas, Venezuela (ver).

Con todo esto, de ser un orgullo, el legendario puerto pasó a la trágica lista de ciudades mexicanas que han perdido no sólo viabilidad económica, sino las condiciones mínimas para vivir con tranquilidad y garantía de desarrollo personal y comunitario. Reynosa, Matamoros, Ciudad Juárez, entre muchas otras, son ciudades que han visto morir, desaparecer o emigrar a muchos de sus habitantes más activos en las pequeñas y medianas empresas, esas que como sabemos generan la mayor parte de los empleos del país, y pagan la mayor parte de los impuestos que nuestra clase política malgasta en corrupción y promoción personal y de partido.

Ayer mismo platiqué con el dueño de una de las más importantes cadenas de camiones de carga de México, quien me contó que han optado por abandonar el municipio de Escobedo, Nuevo León, debido a que también ahí el crimen organizado tiene en la mira a los empresarios, sus empleados e instalaciones. La historia se repite en todas las ramas de la industria, servicios y comercio en la mayor parte del país, y muchos Acapulcos caen en desgracia en cadena, como un cáncer metastásico que pone de manifiesto que la famosa “guerra contra el crimen” iniciada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto, es una farsa. Sí, estamos en guerra, pero más bien parece que es una guerra de los criminales, asociados o solapados por el gobierno, contra la ciudadanía de México.

No exageramos si afirmamos que ese fenómeno profundo de descomposición social e institucional que hoy se manifiesta en la decadencia de Acapulco, es ni más ni menos un síntoma de que México está en vías de ya no ser viable como país. N

¿Qué futuro nos queda si no es más y más decadencia, cuando vemos que incluso al mismo tiempo que visitaba guerrero el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John F. Kelly, acompañado por los titulares de la Defensa y Marina, Salvador Cienfuegos y Vidal Soberón, eran asesinados 28 internos en un penal de Acapulco? (leer)

Nos preguntamos si acaso la falta de respuesta de los tres niveles de gobierno ante esta desgarradora realidad, se deba a que los espacios de privilegio de los más ricos aún no han sido infectados por este absoluto desorden social. ¿Tendremos que esperar a que, como afirma Edgardo Buscaglia, la élite oligárquica sufra las consecuencias directas de este cáncer para que se rompa lo que él llama “el pacto mafioso” entre el poder político, empresarial y criminal? Cito a Buscaglia: “La gente de a pie ya lo viene sufriendo [el alto grado de criminalidad] pero la élite sigue estando aislada. Personajes como Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, entre otros magnates, todavía están divorciados de esa realidad. No sufren las consecuencias que vivió la élite colombiana cuando yo vivía en Colombia allá por los años noventa. No sufre ese dolor patrimonial en sus propias vidas. Y en cuanto eso no suceda y esta gente sigue controlando las telebancadas y a su senador y a su diputado, no darán su brazo a torcer y la situación que vive México va a seguir como hasta ahora”. (entrevista)

¿Será que ya estemos cerca de llegar a ese punto, cuando se nos informa que incluso la llamada “joya de la corona” de Nuevo León, San Pedro Garza García, el municipio más rico de México, está siendo disputado por cuatro cárteles? (reportaje)

Quisiera dejar un mensaje de esperanza pero por el momento no lo tengo. Ojalá que quienes me leen sí abriguen motivos para tener fe en un mejor futuro, por lo que de antemano les agradezco los comentarios que puedan hacerme en este medio.

 

Cristina Sada Salinas

 

***

 

Matan en Acapulco a 150 comerciantes en 18 meses

 

Jesús Guerrero / Corresponsal / El Norte

 

Nota tomada de: nota

 

Acapulco, Guerrero (08 julio 2017).- Al menos 150 empresarios o comerciantes de Acapulco han sido asesinados por grupos criminales de enero de 2016 a la fecha, de acuerdo con informes de la Federación de Cámaras de Comercio en Guerrero.

Alejandro Martínez Sidney, dirigente de la Federación, explicó que la extorsión y el secuestro son los delitos que más han impactado al sector empresarial e incluso a los pequeños comerciantes.

“La extorsión es a través de llamadas telefónicas o bien cuando uno no les contesta vienen a tu negocio y si no estás, amenazan a tus trabajadores o hay casos que dejan pegadas cartulinas”, relató.

Además, agregó, mil 800 negocios y empresas de todos los giros han cerrado en lo que va del año por la situación de inseguridad que priva en el puerto.

Martínez Sidney detalló que los afiliados a su organización han gastado en los últimos 18 meses casi 900 millones de pesos en la compra de aparatos de seguridad, como cámaras de videovigilancia, vehículos blindados y la contratación de agentes de seguridad privada.

Incluso, muchos empresarios han optado por portar armas de fuego previa autorización de la Secretaría de la Defensa.

 

:::::::::::

 

El apogeo económico que se vivía durante las décadas de los setentas, ochentas y noventas, reventó en el 2004, antes de la llegada al Gobierno estatal del perredista Zeferino Torreblanca Galindo.

Pero ya en la Administración del PRD, en enero del 2006, el primer hecho de narcoviolencia que sacudió a los acapulqueños fue el enfrentamiento a balazos a plena luz del día entre policías municipales y sicarios entre las avenida Cuauhtémoc y El Farallón, en la Colonia La Garita.

Desde esas fechas, la violencia en este puerto turístico sigue a la alza.

Esta violencia no solamente se presenta en las 504 colonias marginales sino en las demarcaciones del centro, la Avenida Costera Miguel Alemán y en esporádicas veces en la exclusiva Zona Diamante.

Acapulco -el Municipio con el mayor número de habitantes en Guerrero- registra el 40 por ciento de incidencia delictiva.

Informes de la Secretaría de Seguridad Pública estatal señalan que, desde el 2010, el número de homicidios dolosos en este puerto oscila entre 900 y mil.

Hasta el 31 de mayo, el informe de la SSP detalla que en Acapulco se registraron 340 asesinatos dolosos, 4 secuestros, 25 casos de extorsión y 960 vehículos robados.

Martínez Sidney explicó que por la violencia, los empresarios han cambiado sus hábitos.

Por ejemplo, detalló, ellos ya no atienden personalmente sus negocios, sino que lo hacen vía internet o telefónica, dando órdenes a sus trabajadores o a su gerente.

Esto, afirma, es por el temor a ser secuestrados por la delincuencia organizada.

Según el empresario, en Acapulco la vida nocturna va a la baja. Jueves, viernes y sábado son los únicos días en los que la habitantes y turistas visitan bares y discotecas.

“Hace muchos años la diversión era toda la noche en Acapulco, pero hoy vemos las avenidas solas y los negocios cerrados”, afirma.

 

:::::::::::::::::

 

El empresario Guido Rentería recordó que en 2006, antes de que estallara la violencia en Acapulco, atendía a 600 clientes al día en su empresa de cruceros, y ahora, en temporada alta, apenas reúne a 15 personas .

“Hoy no solamente los negocios privados están cerrados también los centros de cultura o de deportes ya no están funcionado”, mencionó.

El empresario tuvo que invertir para poner un lavado de automóviles, cuyo negocio le deja una ganancia de 500 pesos diarios.

“Instalé este pequeño negocio para siquiera sacar dinero para comer”, afirmó.

El viejo empresario acapulqueño evoca la época en que en este puerto la gente vivía sin penurias económicas.

“Hoy no solamente muchos de los negocios de la iniciativa están cerrados sino también centros de cultura o de deportes ya no están funcionado”, mencionó.

Por ejemplo, dijo, la plaza de Toros Caletilla donde hasta hace cinco años había corridas con figuras del toreo está cerrada y el Jai-Alai está abandonado.

Esta plaza y las instalaciones del Jai-Alai -construidas en la década de los cincuenta- se convirtió en punto de referencia para artistas, personajes de la política y deportistas nacionales e internacionales.

Actualmente los dos centros, uno del deporte taurino y el otro de frontón, están abandonados desde el 2006 cuando inició el repunte de la narcoviolencia en este puerto.

Rentería Rojas cuestionó que ninguna autoridad ha hecho algo para rescatar a Acapulco de las garras de los grupos criminales.

“El Gobierno piensa de manera estúpida que solamente poniendo más policías va a resolver el problema de la inseguridad. Aquí se necesitan muchas cosas de fondo para recomponer el tejido social”.

Planteó que el Gobierno implemente un programa de empleo, que haya más promoción turística nacional a internacional.

“Los jóvenes que no tienen empleo ni facilidades de estudiar se les hace muy fácil emplearse de sicarios”, dijo.

Pasean halcones el Zócalo

Un halcón de un grupo de la delincuencia organizada que se camufla de vendedor de cigarros y galletas se pasea por recién remodelado Zócalo de Acapulco.

De lejos ve al grupo de reporteros que toman fotografías a algunos establecimientos que están cerrados.

Como si nada se encamina hacia donde están los periodistas y le hace señas con su dedo al fotógrafo.

El periodista no entiende lo que le quiere decir el halcón y no le hace caso.

Los reporteros, luego de realizar su trabajo, se dirigen hacia un restaurante.

Y hasta allá los sigue el halcón y nuevamente, afuera del negocio, le hace señas al fotógrafo para que vaya.

Este obedece la orden y sale del restaurante.

¿De que periódico son y a qué vienen?, lo interroga el halcón.

“No, solo venimos de paseo, no estamos trabajando”, le contesta el periodista.

“Mira, aquí en Acapulco, la violencia está muy cabrona y les pido de favor que no nos vayan a perjudicar”, le pide el supuesto vendedor ambulante.

“No, ya te dije que solo estamos de paseo”, le replica el fotógrafo.

“Bueno, yo solo te digo que no nos perjudiquen”, le advirtió.